Algo que nos diferencia de los animales -al menos, hasta donde sabemos- es nuestra capacidad para la metacognición, es decir que podemos reflexionar sobre cómo pensamos o aprendemos.
Pensando en los métodos que había estado usando para que mi nieto entendiera algunos conceptos de historia, inevitablemente, pensé en la forma como mi tía Mirta me explicaba tantas cosas que no eran obvias para mí cuando yo era una niña. Él estaba estudiando a los neandertales en la escuela lo hice razonar sobre las glaciaciones, las armas de piedra, la ropa de piel de animal y las dificultades biológicas de sobrevivir con capas de hielo de cuatro kilómetros de espesor en el continente.
Entonces noté que ella me enseñó mucho más lo que siempre había pensado. No sólo me enseñó a estudiar. También, con su ejemplo, me ayudó a perfeccionar un talento con el que nací: el de ayudar a otros a comprender los conceptos.
Esa una habilidad que he ido desarrollado a lo largo de toda mi vida, pero ella me dio, sin duda, un empujón en la dirección correcta, y se lo agradezco desde el fondo de mi corazón.
En la foto, mis abuelos, una Mirta muy joven e Ibelina, otra de las hermanas de mi abuela
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Editado: 07.11.2026