El éxito inesperado de la fiesta de los solteros había dejado a la junta directiva con una conclusión clara: la imagen de LoveMatch funcionaba mejor cuando Cristian y Sofía aparecían juntos.
—¿Socios? —preguntó Cristian, incrédulo, durante la reunión.
—Forzados —respondió Sofía, divertida, cruzando los brazos.
El director de marketing explicó: —La gente los ve como el rostro de la app. Cristian, el CEO serio. Sofía, la consultora optimista. Es la combinación perfecta.
Cristian frunció el ceño. —No somos una campaña.
—Pues ahora lo son —replicó Mariana, que había entrado sin invitación con una caja de donas—. ¡El dúo dinámico del amor!
Desde ese día, Cristian y Sofía tuvieron que trabajar juntos en todo: entrevistas, sesiones de fotos, reuniones con inversionistas.
En la primera sesión fotográfica, Cristian se mantuvo rígido, con su traje impecable y expresión seria. Sofía, en cambio, sonreía con naturalidad.
—Relájese —le susurró ella. —No estamos en una junta, estamos contando una historia.
—No sé cómo se hace eso —respondió él, incómodo.
—Pues empiece por sonreír.
Cristian intentó una sonrisa mínima. El fotógrafo aplaudió. —¡Perfecto!
Sofía rió. —Eso fue más una mueca que una sonrisa, pero sirve.
En las reuniones, la dinámica era igual de curiosa. Cristian hablaba de cifras, métricas y proyecciones. Sofía intervenía con anécdotas, humor y ejemplos reales.
—El algoritmo tiene un margen de error del 12% —explicaba Cristian.
—Y ese 12% es el que hace que la gente se ría, se sorprenda y se enamore —añadía Sofía.
Los inversionistas quedaban fascinados con la mezcla de lógica y emoción.
Mariana, por supuesto, narraba todo como si fuera una telenovela.
—¡Esto es oro puro! —exclamaba en la cafetería. —El CEO amargado y la consultora optimista, obligados a trabajar juntos. Es como una comedia romántica corporativa.
Lucas, tímido, asentía. —Funcionan bien juntos.
—Funcionan demasiado bien —replicaba Mariana, con una sonrisa traviesa.
Una noche, después de una jornada agotadora, Sofía y Cristian se quedaron en la oficina revisando presentaciones.
—Nunca pensé que terminaría trabajando tan cerca de alguien —admitió Cristian, con voz baja.
—¿Y cómo se siente? —preguntó Sofía, mirándolo fijamente.
Cristian dudó. —Extraño. Pero… no tan malo como imaginaba.
Sofía sonrió. —Eso es un avance.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy nos convertimos en socios forzados. Cristian aún se resiste, pero empieza a aceptar que no todo puede controlarse. Y yo… yo estoy aquí para demostrarle que la vida es más que métricas.
Cristian, en su departamento, pensaba en la sonrisa de Sofía durante la sesión fotográfica. Por primera vez, se preguntó si trabajar juntos no era una obligación… sino una oportunidad.