Después de la revelación de Mariana, Cristian no pudo seguir escondiéndose. La verdad era clara: no estaba en crisis por la empresa, ni por los sabotajes, ni siquiera por Clara. Estaba en crisis porque amaba a Sofía y no sabía cómo manejarlo.
Una noche, Cristian salió de su departamento y caminó por la ciudad. Las luces, la gente, el ruido… todo parecía recordarle a Sofía. Su sonrisa, su calma, su manera de convertir los errores en oportunidades.
—Tengo miedo —murmuró para sí mismo. —Miedo de perderla. Miedo de no ser suficiente.
Al día siguiente, decidió enfrentar sus miedos. Fue a la oficina, donde Sofía estaba trabajando en silencio.
—Necesito hablar contigo —dijo, entrando con paso firme.
Sofía lo miró sorprendida. —¿Está bien?
—No. Pero quiero estarlo.
El silencio se volvió intenso.
—Tengo miedo —admitió Cristian, con voz baja. —Miedo de sentir, miedo de fallar, miedo de que todo esto sea una ilusión.
Sofía lo miró con ternura. —El miedo es normal. Pero no puede dejar que lo controle.
Cristian respiró hondo. —No quiero huir más.
Mariana, que escuchaba desde la puerta, no pudo evitar intervenir.
—¡Aleluya! —exclamó, levantando una dona como si fuera un trofeo. —El CEO sin corazón admite que tiene miedo.
Cristian la miró con fastidio. —¿Siempre tienes que aparecer en los momentos importantes?
—Claro que sí —respondió Mariana, con una sonrisa traviesa. —Soy la narradora oficial.
Sofía rió, aliviando la tensión.
Más tarde, Cristian se reunió con Lucas.
—Siempre pensé que el amor era una distracción —dijo Cristian. —Pero ahora entiendo que es lo que me falta.
Lucas, tímido, respondió: —El amor no es una distracción. Es lo que nos da sentido.
Cristian asintió. —Entonces debo aprender a sentir.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy Cristian enfrentó sus miedos. Me dijo que no quiere huir más. Fue sincero, vulnerable, y por primera vez lo vi como un hombre dispuesto a cambiar. Y yo… yo estoy aquí para acompañarlo.
Cristian, en su departamento, pensaba en sus palabras. Por primera vez, sintió que admitir su miedo lo hacía más fuerte, no más débil.