La jornada había sido interminable. Reuniones con inversionistas, entrevistas para medios y una sesión fotográfica que dejó a Cristian agotado. Sofía, en cambio, aún tenía energía, revisando diapositivas y ajustando detalles para la próxima presentación.
La oficina estaba casi vacía. Solo quedaban ellos dos, rodeados de papeles, laptops y vasos de café frío.
—Deberíamos irnos —murmuró Cristian, cerrando su computadora.
—Todavía falta revisar la campaña digital —respondió Sofía, sin levantar la vista.
—Podemos hacerlo mañana.
—No. Mañana ya tendremos otra crisis.
Cristian suspiró. —¿Siempre es así contigo?
—¿Qué cosa?
—Que nunca paras.
Sofía sonrió. —¿Y usted? ¿No es igual?
Cristian la miró fijamente. —Tal vez. Pero contigo… se siente distinto.
El silencio se volvió intenso.
Sofía levantó la mirada. Sus ojos se encontraron. La tensión era palpable, como si todo lo que habían evitado hasta ahora estuviera a punto de estallar.
—Cristian… —susurró ella.
Él dio un paso más cerca. —No sé si debería hacer esto.
—Entonces no lo haga —respondió Sofía, aunque su voz temblaba.
Cristian dudó. Pero finalmente, se inclinó y la besó.
Fue un beso breve, inesperado, lleno de nervios y electricidad. Sofía sintió que el mundo se detenía.
Se separaron de inmediato, como si hubieran cometido un error.
—Esto no debía pasar —murmuró Cristian, con el ceño fruncido.
—Lo sé —respondió Sofía, con el corazón acelerado. —Pero pasó.
El silencio volvió a llenar la sala.
Justo en ese momento, la puerta se abrió de golpe.
—¡Traje donas! —anunció Mariana, entrando con una caja enorme.
Sofía y Cristian se apartaron de inmediato, como dos adolescentes sorprendidos por sus padres.
—¿Interrumpo algo? —preguntó Mariana, con una sonrisa traviesa.
—No —respondió Cristian, demasiado rápido.
—Claro que sí —replicó Mariana, dejando la caja sobre la mesa—. Pero no se preocupen, el amor siempre encuentra su momento.
Sofía rió nerviosa. Cristian se pasó la mano por el rostro, frustrado.
Más tarde, Lucas escuchó la historia en la cafetería.
—¿Un beso? —preguntó, sorprendido.
—Un beso que no debía pasar —respondió Mariana, dramatizando como si narrara una telenovela. —Fue como una película, justo en el clímax.
Lucas se sonrojó. —Tal vez… sea mejor así.
—No —replicó Mariana—. Es mejor cuando pasa.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy Cristian me besó. Fue breve, nervioso, inesperado. Él dijo que no debía pasar, pero yo sé que ese momento volverá. Y yo… yo estoy aquí para esperarlo.
Cristian, en su departamento, pensaba en lo ocurrido. No podía dejar de recordar la cercanía, la mirada, el beso. Por primera vez, deseó que la próxima vez nadie los interrumpiera.