El beso que no debía pasar seguía rondando en la mente de Sofía y Cristian. Aunque ninguno lo mencionaba directamente, la tensión era evidente en cada reunión, cada mirada y cada silencio compartido. Pero antes de que pudieran procesar lo que significaba, el pasado decidió irrumpir en sus vidas.
Una mañana, mientras Sofía revisaba métricas en la oficina, Mariana entró con su habitual dramatismo.
—¡Noticias bomba! —exclamó, agitando su celular como si fuera un micrófono. —El fantasma del pasado ha regresado.
—¿Qué fantasma? —preguntó Sofía, confundida.
En ese momento, la puerta se abrió y apareció Clara, la antigua asistente de Cristian. Elegante, segura, con una carpeta bajo el brazo y una sonrisa que mezclaba nostalgia y desafío.
—Hola, Cristian —dijo, con voz firme. —Espero que no te moleste mi visita.
Cristian se levantó de inmediato. —Clara… no esperaba verte aquí.
Clara había trabajado con Cristian desde los inicios de LoveMatch. Era meticulosa, eficiente y siempre había defendido la visión original: una app lógica, sin distracciones emocionales. Su salida había sido abrupta, y nadie entendía del todo por qué.
—He estado observando lo que hacen —dijo Clara, sentándose frente a Cristian. —Y sinceramente, creo que están desviándose demasiado.
Sofía la miró con cautela. —¿Desviándonos?
—Sí —respondió Clara, con firmeza—. LoveMatch nació para ser una herramienta seria, científica. Y ahora parece un circo romántico.
Mariana, desde el rincón, levantó una dona como si fuera un trofeo. —¡Lo sabía! El pasado contra el futuro. Esto es mejor que cualquier novela.
Cristian se tensó. —Clara, estamos adaptándonos. La gente necesita conexión, no solo lógica.
—La conexión es peligrosa —replicó ella. —El amor es una ilusión. Y tú lo sabes.
Sofía intervino, con voz suave pero firme. —No es una ilusión. Es lo que hace que la gente se sienta viva.
Clara la miró con desdén. —¿Y tú quién eres para decidir eso?
—Soy alguien que cree en lo que ustedes olvidaron —respondió Sofía, sin titubear.
El silencio se volvió pesado.
Más tarde, en la cafetería, Mariana narraba la escena como si fuera una telenovela.
—¡Fue épico! —exclamó, dramatizando con gestos exagerados. —Clara, la asistente del pasado, enfrentándose a Sofía, la consultora del presente. Y Cristian en medio, como héroe confundido.
Lucas, tímido, asentía. —Se nota que Cristian está dividido.
—Dividido es poco —replicó Mariana—. Está atrapado entre la lógica y el amor.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy conocí a Clara. Es inteligente, segura y representa todo lo que Cristian fue. Me desafió, me cuestionó, y por un momento sentí que no encajaba. Pero sé que el amor no es una ilusión. Y yo… yo estoy aquí para demostrarlo.
Cristian, en su departamento, miraba una vieja foto de él y Clara trabajando en los primeros días de LoveMatch. Por primera vez, se preguntó si había estado huyendo del amor… o protegiéndose de él.