Los rumores sobre el beso y la tensión entre Cristian y Sofía habían llegado demasiado lejos. Los medios estaban fascinados con la historia: el CEO sin corazón y la consultora optimista. LoveMatch se convirtió en tema de conversación, y pronto recibieron una invitación para una entrevista en vivo en el programa más visto de la ciudad.
La mañana de la entrevista, Sofía estaba nerviosa pero emocionada. Se probaba distintos vestidos frente al espejo. Mariana, como siempre, estaba allí para opinar.
—Ese rojo te hace ver como protagonista de telenovela —comentó, con una dona en la mano. —Perfecto para que el CEO amargado caiga rendido en televisión nacional.
—No es una telenovela —replicó Sofía, ajustando el vestido.
—Claro que lo es —respondió Mariana—. Y yo soy la narradora oficial.
Cristian, en cambio, estaba incómodo. Se ajustaba la corbata una y otra vez, como si pudiera esconder sus nervios detrás de la perfección.
—No quiero hablar de mi vida personal —murmuró.
—Pues tendrás que hacerlo —replicó Sofía, entrando al camerino. —La gente quiere autenticidad.
Cristian la miró con seriedad. —¿Y si no puedo darla?
—Entonces da lo que tengas —respondió ella, con una sonrisa tranquila.
El programa comenzó con luces brillantes y un presentador carismático.
—Hoy tenemos a los protagonistas de la historia que está revolucionando el mundo de las citas: Cristian Rodríguez y Sofía Rosales, de LoveMatch.
El público aplaudió. Sofía sonrió. Cristian se mantuvo serio.
—La pregunta que todos quieren hacer —dijo el presentador, mirando directamente a Cristian—: ¿Es cierto que están juntos?
El silencio fue pesado. Sofía lo miró con calma, esperando su respuesta.
Cristian respiró hondo. —No somos una campaña —dijo finalmente, con voz firme—. Somos una historia que apenas comienza.
El público estalló en aplausos. Sofía sonrió emocionada.
Mariana, que veía la entrevista desde la oficina, gritó como si estuviera en un estadio.
—¡Lo dijo! ¡El CEO amargado habló de amor en televisión!
Lucas, tímido, sonrió. —Fue sincero.
—Fue perfecto —replicó Mariana, levantando una dona como si fuera un trofeo.
Después de la entrevista, Sofía y Cristian salieron del estudio.
—No puedo creer que lo dijera —murmuró él, aún nervioso.
—Yo sí —respondió Sofía, con ternura. —Porque era lo que sentías.
Cristian la miró fijamente. —Tal vez.
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
Hoy Cristian habló en televisión. Dijo que somos una historia que apenas comienza. No fue un discurso, fue real. Y yo… yo estoy aquí para vivirla.
Cristian, en su departamento, pensaba en sus palabras. Por primera vez, no se arrepentía de haber hablado. Por primera vez, se sintió libre.