Swipe al Corazon

Capítulo 27: La cita más importante

Cristian había aprendido a sentir, pero sabía que las palabras no bastaban. Si quería recuperar a Sofía, debía demostrarlo con hechos. Y así nació la idea de organizar la cita más importante de su vida.

Mariana fue la primera en enterarse.

—¡Una cita! —exclamó, levantando una dona como si fuera un micrófono. —El CEO sin corazón planea la cita definitiva.

—No es una cita cualquiera —respondió Cristian, serio. —Es la cita más importante.

—Entonces necesitas ayuda —replicó Mariana, con una sonrisa traviesa. —Y yo soy experta en finales de telenovela.

Lucas, tímido, añadió: —Hazlo sencillo. Sofía siempre dijo que lo importante era la conversación, no el espectáculo.

Cristian asintió. —Tienen razón.

Cristian preparó todo con cuidado. Reservó un pequeño restaurante con luces cálidas, música suave y un menú sencillo: pizza y vino, justo como Sofía había descrito su cita ideal.

Cuando Sofía llegó, se sorprendió.

—¿Pizza? —preguntó, sonriendo.

—Tu cita ideal —respondió Cristian, con calma. —Quiero que sea real, no una campaña.

Sofía lo miró fijamente. —¿Y por qué ahora?

—Porque aprendí que no puedo seguir huyendo. Te extraño. Te necesito. Y quiero demostrarlo.

La conversación fluyó como nunca. Hablaron de la empresa, de sus miedos, de sus sueños. Sofía rió, Cristian sonrió, y por primera vez se sintieron libres de las presiones externas.

—Nunca pensé que estaría aquí —admitió Cristian. —Pero ahora sé que es donde quiero estar.

Sofía lo miró con ternura. —Yo también.

Mariana, que había seguido todo desde lejos, narraba la escena como si fuera el final de una película.

—¡La cita más importante! —exclamó, dramatizando con gestos exagerados. —Pizza, vino y confesiones. El CEO sin corazón finalmente abre su corazón.

Lucas sonrió. —Es lo que Sofía siempre quiso.

—Y lo que Cristian necesitaba —añadió Mariana, con lágrimas teatrales.

Esa noche, Sofía escribió en su diario:

Hoy fue la cita más importante. Pizza, vino y palabras sinceras. Cristian me demostró que aprendió a sentir. Y yo… yo estoy aquí, lista para seguir esta historia.

Cristian, en su departamento, pensaba en Sofía. En su risa, en su calma, en cómo lo hacía sentir vivo. Por primera vez, supo que no quería perderla nunca más.




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