La ciudad comenzaba a despertar bajo un cielo gris.
Las calles estaban llenas de personas que caminaban apresuradas hacia sus trabajos, mientras los automóviles avanzaban lentamente entre el tráfico de la mañana. Para la mayoría, era un día completamente normal.
Para Taehyung, también debía serlo.
Al menos, eso era lo que quería.
Se miró por última vez en el espejo antes de salir de su pequeño apartamento. Su cabello claro caía desordenadamente sobre su frente y llevaba una camisa blanca acompañada de una corbata azul ligeramente aflojada.
—Todo estará bien —murmuró.
Tomó su bolso y salió.
Había aprendido desde muy joven que en ese mundo las personas podían clasificarse en tres grupos: Alfas, Betas y Omegas.
Y él pertenecía al último.
Pero nadie lo sabía.
Taehyung había decidido ocultarlo desde hacía años. No quería que lo miraran diferente. No quería que un Alfa creyera que tenía derecho a decidir por él solamente por conocer su clasificación.
Quería ser simplemente Kim Taehyung.
No un Omega.
No alguien que necesitara protección.
Simplemente él.
—¿Vas a seguir mirando por la ventana todo el día?
La voz de Jimin hizo que Taehyung levantara la mirada.
—No estaba mirando nada.
—Claro —respondió Jimin con una sonrisa—. Llevas cinco minutos mirando exactamente el mismo edificio.
Taehyung soltó una pequeña risa.
Jimin era una de las pocas personas que conocían su secreto.
—Estoy nervioso.
—¿Por el trabajo?
—Un poco.
—No tienes por qué estarlo. Solo vas a entregar unos documentos.
Taehyung asintió.
Había conseguido un nuevo trabajo en una importante empresa de entretenimiento y negocios. No era exactamente lo que había soñado, pero representaba una oportunidad para comenzar de nuevo.
—Además —continuó Jimin—, me prometiste que después iremos a comer.
—Eso sí puedo cumplirlo.
Ambos sonrieron.
Lo que ninguno de los dos sabía era que aquel día cambiaría muchas cosas.
En el último piso del mismo edificio, un hombre observaba la ciudad desde una enorme ventana.
—¿Ya llegaron los documentos?
La voz de Jungkook sonó firme.
—Todavía no —respondió Namjoon, sentado frente a su escritorio.
Jungkook suspiró.
—Entonces avísame cuando estén aquí.
—Podrías relajarte un poco.
—Estoy relajado.
Namjoon levantó una ceja.
—Cuando dices eso, normalmente significa que estás a punto de perder la paciencia.
Jungkook no respondió.
A sus veinticuatro años, estaba acostumbrado a tener el control de prácticamente todo lo que ocurría a su alrededor.
Era un Alfa.
Y uno bastante conocido dentro de su círculo.
Pero, a diferencia de muchos otros Alfas, nunca había sentido interés por establecer un vínculo.
No quería una pareja elegida por obligación.
No quería que alguien se acercara a él solamente por su clasificación.
Y mucho menos quería que alguien creyera que ser Alfa le daba derecho sobre otra persona.
—Por cierto —dijo Namjoon—, hoy vienen dos personas nuevas.
—¿Dos?
—Sí. Uno trabajará directamente con nosotros y el otro viene a entregar unos documentos relacionados con el nuevo proyecto.
Jungkook simplemente asintió.
No le dio importancia.
Hasta que escuchó que alguien llamaba a la puerta.
—Adelante.
La puerta se abrió.
Jimin entró primero.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Namjoon.
Taehyung apareció detrás de él.
Y durante unos segundos, Jungkook dejó de mirar los documentos que tenía frente a él.
Sus ojos se encontraron.
Taehyung fue el primero en apartar la mirada.
No sabía por qué aquel Alfa lo hacía sentir incómodo.
Tal vez era su presencia.
O quizá simplemente estaba cansado de encontrarse con personas que parecían analizarlo desde el primer segundo.
—Kim Taehyung —se presentó.
Jungkook se levantó lentamente.
—Jeon Jungkook.
Taehyung asintió.
—Mucho gusto.
—Igualmente.
Sus voces fueron tranquilas.
El encuentro había sido completamente normal.
Al menos en apariencia.
Porque cuando Taehyung salió de aquella oficina junto a Jimin, Jungkook permaneció mirando la puerta cerrada.
—¿Qué pasa? —preguntó Namjoon.
Jungkook negó con la cabeza.
—Nada.
Pero algo había cambiado.
No sabía qué era.
No sabía por qué había prestado tanta atención a aquel chico.
Y definitivamente no sabía que aquel Omega que había decidido ocultar su verdadera naturaleza acababa de entrar en su vida.
Mientras caminaba por el pasillo, Taehyung tampoco podía dejar de pensar en él.
—¿Estás bien? —preguntó Jimin.
Taehyung respiró profundamente.
—Sí.
—¿Seguro?
Taehyung miró hacia atrás por un instante.
La puerta de la oficina seguía cerrada.
—Sí —repitió—. Solo espero no tener que volver a tratar con él.
Jimin sonrió.
—¿Por qué?
Taehyung volvió a caminar.
—Porque algo me dice que ese Alfa va a traerme problemas.
Y, sin que ninguno de los dos pudiera imaginarlo, Taehyung acababa de decir la primera verdad de aquella historia.