Zenara

CAPÍTULO 16 EL DÍA QUE DEJAS DE ESPERAR

Hay una palabra que puede parecer inocente y, sin embargo, convertirse lentamente en una de las mayores ladronas de nuestra existencia:

mañana.

Mañana empezaré.

Mañana cambiaré.

Mañana llamaré.

Mañana pediré perdón.

Mañana cuidaré de mí.

Mañana terminaré aquello que comencé.

Mañana volveré a estudiar.

Mañana escribiré.

Mañana descansaré.

Mañana buscaré ayuda.

Mañana me ocuparé de ese sueño.

Mañana tendré más tiempo.

Mañana estaré preparado.

Y mientras pronunciamos esa palabra, los días siguen avanzando.

El calendario cambia.

Las estaciones pasan.

Las personas que amamos envejecen.

Nuestros hijos crecen.

Nuestros padres cambian.

Nuestro cuerpo cambia.

Las oportunidades aparecen y desaparecen.

Algunas puertas permanecen abiertas durante un tiempo y después se cierran.

Y nosotros continuamos diciendo:

“Algún día.”

No siempre porque seamos perezosos.

A veces postergamos porque tenemos miedo.

Miedo a equivocarnos.

Miedo a fracasar.

Miedo a descubrir que aquello que soñábamos no era como imaginábamos.

Miedo a ser juzgados.

Miedo a empezar tarde.

Miedo a no tener suficiente capacidad.

Miedo a abandonar una seguridad conocida.

Miedo a que otros no comprendan.

Y entonces la espera se convierte en una especie de refugio.

Mientras no empieces, no puedes fracasar.

Mientras no hables, no pueden rechazarte.

Mientras no intentes, puedes seguir imaginando que algún día lo harás perfectamente.

Pero existe un precio.

Porque también mientras no empiezas, tampoco puedes descubrir hasta dónde eres capaz de llegar.

LA ILUSIÓN DEL MOMENTO PERFECTO

Muchas personas viven esperando que las circunstancias se acomoden.

“Cuando tenga más tiempo.”

“Cuando tenga más dinero.”

“Cuando me sienta preparado.”

“Cuando los niños sean mayores.”

“Cuando termine este problema.”

“Cuando tenga menos responsabilidades.”

“Cuando esté más tranquilo.”

“Cuando tenga más confianza.”

“Cuando todo esté en orden.”

Y quizás ese momento nunca llegue.

No porque la vida quiera castigarte.

Sino porque la vida real rara vez se encuentra completamente ordenada.

Siempre habrá algo.

Una responsabilidad.

Una preocupación.

Una cuenta pendiente.

Una incertidumbre.

Una obligación.

Una conversación difícil.

Un problema familiar.

Una tarea.

Un compromiso.

Esperar que todo desaparezca antes de comenzar significa entregar tu vida a una condición prácticamente imposible.

La pregunta no debería ser:

”¿Cuándo estará todo perfecto?”

Sino:

”¿Qué puedo comenzar con la realidad que tengo hoy?”

COMENZAR TARDE SIGUE SIENDO COMENZAR

Existe una mentira particularmente dolorosa:

“Ya es demasiado tarde.”

Demasiado tarde para estudiar.

Demasiado tarde para escribir.

Demasiado tarde para emprender.

Demasiado tarde para aprender.

Demasiado tarde para cambiar.

Demasiado tarde para amar.

Demasiado tarde para pedir perdón.

Demasiado tarde para descubrir un propósito.

Demasiado tarde para volver a empezar.

Pero la vida está llena de personas que comenzaron cosas importantes después de haber atravesado décadas enteras.

No existe una edad universal para comenzar una nueva etapa.

Claro que existen circunstancias.

Responsabilidades.

Limitaciones.

Consecuencias.

No todo puede hacerse de cualquier manera y en cualquier momento.

Pero una cosa es reconocer una limitación real y otra muy diferente utilizar la edad como sentencia.

Quizás no puedas comenzar exactamente como lo habrías hecho veinte años atrás.

Eso no significa que no puedas comenzar.

Quizás tengas menos tiempo.

Pero también tienes más experiencia.

Quizás tengas menos energía.

Pero posees conocimientos que antes no tenías.

Quizás hayas perdido oportunidades.

Pero has ganado perspectiva.

La vida no siempre devuelve lo que perdimos.

A veces ofrece algo diferente.

Y necesitamos aprender a reconocerlo.

EL DOLOR DE MIRAR HACIA ATRÁS

Cuando observamos el pasado podemos descubrir todas las cosas que no hicimos.

Ese inventario puede ser doloroso.

“Debería haber estudiado.”

“Debería haber viajado.”

“Debería haber cuidado más esa relación.”

“Debería haber empezado aquel proyecto.”

“Debería haber dicho aquello.”

“Debería haber tomado otra decisión.”

El problema es que juzgamos a la persona que éramos utilizando la información que tenemos hoy.

Ahora sabes cosas que entonces desconocías.

Ahora comprendes consecuencias que entonces no podías prever.

Ahora tienes una experiencia que fue construida precisamente por los años que han pasado.

No puedes regresar.

Pero sí puedes preguntarte:

”¿Qué puedo hacer hoy con lo que ahora sé?”

Esa pregunta tiene más poder que cien reproches.

El pasado puede enseñarte.

No necesita seguir castigándote.

EL “ALGÚN DÍA” QUE NUNCA LLEGA

Hay sueños que no mueren.

Simplemente esperan.

Esperan detrás de obligaciones.

Detrás del cansancio.

Detrás del miedo.

Detrás de la necesidad de resolver primero otras cosas.

Quizás hay un libro que quieres escribir.

Una carrera que quieres estudiar.

Un lugar que deseas conocer.

Una actividad que quieres aprender.

Una persona a la que quieres llamar.

Una disculpa que necesitas ofrecer.

Un proyecto que llevas años imaginando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.