Hay un momento en todo camino interior en el que las preguntas comienzan a cambiar.
Al principio preguntabas:
“¿Qué me pasó?”
Después:
“¿Por qué me siento así?”
Más adelante:
“¿Quién soy?”
“¿Qué quiero?”
“¿Qué debo soltar?”
“¿Qué debo sanar?”
“¿Qué debo perdonar?”
“¿Qué necesito cambiar?”
Pero llega un momento en que aparece una pregunta diferente.
Una pregunta que ya no mira únicamente hacia atrás.
Tampoco intenta controlar todo lo que vendrá.
Mira hacia adelante con serenidad.
Y pregunta:
“¿Qué quiero cultivar con la vida que todavía tengo?”
Porque has recorrido mucho.
Has aprendido a reconocer tus cargas.
Has escuchado tus emociones.
Has revisado tu identidad.
Has buscado propósito.
Has aprendido a confiar.
Has mirado el futuro sin exigirle garantías.
Has regresado al pasado sin permitir que te encadene.
Has aprendido a vivir conscientemente.
Has tomado decisiones.
Has perseverado.
Has aceptado ayuda.
Has revisado tu manera de amar.
Has cambiado la conversación contigo mismo.
Has elegido qué dejar entrar en tu mundo interior.
Has dejado de postergar.
Has aprendido a caminar sin tener todas las respuestas.
Has atravesado tormentas.
Has vuelto a encontrar alegría.
Has recuperado presencia.
Has protegido tu tiempo.
Has buscado coherencia.
Has cuestionado creencias.
Has mirado tus heridas.
Has comenzado a perdonarte.
Has aprendido a recibir.
Has descubierto que también puedes compartir.
Has simplificado.
Y ahora estás frente a una tierra nueva.
No completamente vacía.
Porque llevas contigo todo lo aprendido.
Pero sí suficientemente abierta para plantar algo diferente.
Y aquí aparece una verdad sencilla:
no puedes elegir todas las circunstancias de tu vida, pero sí puedes participar en aquello que cultivas dentro de ellas.
No controlas cada estación.
Pero puedes cuidar tus raíces.
No controlas la lluvia.
Pero puedes preparar la tierra.
No controlas cuánto tardará una semilla en convertirse en árbol.
Pero puedes decidir qué semilla colocar.
Y quizá la vida sea mucho más parecida a un jardín que a una máquina.
No todo responde inmediatamente.
No todo crece al mismo ritmo.
No todo lo que plantas prospera.
Y no todo lo que florece lo hace cuando tú quieres.
Pero eso no significa que no valga la pena sembrar.
La vida que tienes y la vida que eliges
Existe una diferencia entre ambas.
La vida que tienes está formada por circunstancias.
La vida que eliges está formada por decisiones.
No son exactamente lo mismo.
Puedes haber nacido en determinadas condiciones.
Haber recibido una determinada educación.
Haber vivido experiencias que no elegiste.
Haber conocido personas que cambiaron tu camino.
Haber atravesado pérdidas.
Haber cometido errores.
Haber recibido oportunidades.
Pero dentro de esa realidad existen decisiones.
Y esas decisiones pueden cambiar la dirección.
Quizá no puedas elegir el terreno.
Pero puedes decidir qué hacer con él.
No empiezas desde cero
A veces creemos que para cambiar necesitamos comenzar desde cero.
No.
Comienzas desde donde estás.
Con tu edad.
Con tu experiencia.
Con tus heridas.
Con tus conocimientos.
Con tus recursos actuales.
Con tus relaciones.
Con tus errores.
Con tus fortalezas.
Con lo que aprendiste.
No necesitas convertirte en otra persona para comenzar a vivir de una manera diferente.
Puedes utilizar lo que ya tienes.
La tentación de esperar el momento perfecto
Tal vez todavía estés esperando.
Cuando tenga más tiempo.
Cuando tenga más dinero.
Cuando esté menos cansado.
Cuando resuelva este problema.
Cuando tenga más confianza.
Cuando me sienta preparado.
Cuando todo esté tranquilo.
Pero quizá nunca llegue una temporada donde absolutamente todo esté resuelto.
La vida no suele ofrecer una habitación perfectamente ordenada para comenzar.
Comienzas entre cosas pendientes.
Entre incertidumbres.
Entre responsabilidades.
Entre dudas.
Y eso no invalida el comienzo.
Las semillas pequeñas
Una semilla parece insignificante.
No parece un árbol.
No parece un bosque.
No parece una cosecha.
Sin embargo, contiene una posibilidad.
Lo mismo ocurre con algunas decisiones.
Leer diez páginas.
Ahorrar una pequeña cantidad.
Llamar a alguien.
Pedir disculpas.
Caminar unos minutos.
Aprender una habilidad.
Escribir una página.
Decir no.
Decir sí.
Orar.
Descansar.
Escuchar.
Comenzar.
Pequeñas acciones pueden parecer demasiado pequeñas para cambiar una vida.
Pero una vida está compuesta precisamente de pequeñas acciones repetidas.
No desprecies los comienzos modestos
Quizá estás esperando una gran decisión.
Un momento espectacular.
Una transformación definitiva.
Pero muchas veces la vida cambia silenciosamente.
Una mañana haces algo diferente.
Después lo repites.
Luego se convierte en costumbre.
La costumbre modifica tu conducta.
La conducta modifica tus resultados.
Los resultados modifican tu percepción.
Y con el tiempo descubres que una decisión que parecía insignificante comenzó a cambiar tu historia.
El poder de repetir lo que quieres ser
Si quieres ser una persona más paciente, necesitas practicar paciencia.