Después de que las tensiones se enfriaron y las cosas quedaron claras entre Alfonso y Sebastián, el hermano se sirvió un vaso de agua, respiró profundo y volvió a centrar su atención en Ximena. Tenía la curiosidad y la inquietud lógicas de quien quiere saber cómo venían las cosas para su hermana.
—Bueno, ¿y qué más te dijo el doctor? —preguntó Sebastián, acomodándose en el sillón frente a ella—. ¿Qué otra cosa comentaron en la consulta?
Ximena miró a su hermano y, con tono tranquilo pero reservado, le explicó la situación médica que enfrentaría en unos meses.
—Pues me dijo que por mi edad no va a poder ser parto natural... Vas a tener que ser por la panza, una operación, porque mi cuerpo todavía no está listo para dar a luz a dos de forma normal.
A Sebastián le cambió la cara de inmediato. Una extraña mezcla de emociones le cruzó por el rostro: por un lado seguía sintiéndose feliz por la llegada de sus dos sobrinos, pero por el otro, la preocupación le apretó el pecho de golpe. Para él, hablar de una operación en el quirófano no era cualquier cosa, y la sola idea de que Ximena fuera tan joven le hacía temer que algo pudiera salir mal durante la intervención.
—¿Una operación? —murmuró Sebastián frunciendo el ceño, mirando alternamente a Ximena y a Alfonso—. A mí esas cosas me dan desconfianza... Ojalá que todo salga bien en esa operación, de verdad. No quiero que les vaya a pasar nada a ti ni a los bebés.
—Va a salir todo bien, carnal —intervino Alfonso con voz pausada, buscando transmitirle esa serenidad que tanto necesitaban en la casa—. Vamos a estar al pendiente de todos los estudios y de los mejores cuidados para que el día que toque entrar al quirófano, todo sea seguro para ella y para los niños.
Sebastián asintió en silencio, tratando de despejar sus miedos, confiando en que, con el cuidado de todos en la casa, la historia terminaría con un final feliz para los nuevos integrantes de la familia.