A Nuestro Propio Ritmo

Capítulo 23: Las primeras marcas de la vida

Pasaron un par de semanas más y los cambios en el cuerpo de Ximena comenzaron a hacerse cada vez más evidentes. Aunque seguía siendo de complexión delgada, la forma de su vientre ya no engañaba a nadie; la curva comenzaba a abultarse de una manera muy tierna y firme debajo de la blusa.
Una mañana, mientras Ximena se terminaba de acomodar el cabello frente al espejo de la sala, su mamá salió del pasillo. Se le quedó viendo fijamente por unos segundos, cruzó los brazos y una sonrisa llena de nostalgia y dulzura se le dibujó en el rostro.
—Ay, Jime... ven acá —le dijo llamándola con la mano.
Ximena se acercó extrañada:
—¿Qué pasó, ma? ¿Tengo algo en la ropa?
—No, mi amor... es que mira nada más —respondió la mamá, acercando la mano con delicadeza para acomodársela justo sobre el vientre—. Mírate nada más. Ya se te nota la pancita. Está aún chiquitita, pero ahí van creciendo mis dos nietos. Ya se empieza a ver el milagrito.
Ximena bajó la mirada hacia las manos de su madre sobre su abdomen y no pudo evitar sonreír. Se llevó su propia mano para cubrir la de su mamá. Por primera vez en todos esos meses, verse al espejo y sentir que esa pequeña pancita ya era inocultable no le dio miedo; al contrario, le llenó el pecho de un orgullo enorme al saber que, ahí dentro, la vida de su niña y su niño latía con más fuerza cada día.



#5006 en Novela romántica
#1330 en Fantasía
#242 en Magia

En el texto hay: espera, amor luchas, esperanzaeilusiones

Editado: 27.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.