A Nuestro Propio Ritmo

Capítulo 27: El primer llanto

El trayecto hacia la clínica fue una ráfaga de nervios, carreras y oraciones en silencio. Alfonso conducía con la vista fija en el camino, mientras la mamá mantenía a Ximena firme, ayudándola a controlar la respiración. En cuanto pisaron Urgencias, el equipo médico actuó con precisión: por tratarse de un embarazo de gemelos y por la edad de Ximena, el quirófano para la cesárea ya estaba preparado.
Antes de que la ingresaran, Alfonso le sostuvo la mano con fuerza, dándole un beso en la frente:
—Todo va a salir bien, mi amor. Aquí voy a estar esperándolos a los tres.
Adentro del quirófano, entre el brillo de las luces y el monitoreo constante de los doctores, el ambiente era de pura concentración. Ximena apretaba los ojos, escuchando las indicaciones del cirujano, hasta que el silencio de la sala se rompió por completo.
Primero se escuchó un llanto agudo y lleno de vida.
—¡Aquí está el varón! —anunció el doctor.
Apenas un minuto después, un segundo llanto, un poco más suave pero firme, llenó el lugar.
—Y aquí viene la princesa. Dos bebés sanos y fuertes, Ximena. Felicidades.
Cuando se los acercaron a la cara envueltos en sus cobijitas, Ximena sintió que las lágrimas le brotaban sin control. Ver las caritas de sus dos hijos, tan pequeños y perfectos, borró de golpe cualquier rastro de miedo.
Afuera en la sala de espera, en cuanto el médico salió a dar la noticia, Alfonso y la mamá se levantaron de un brinco. Al escuchar que la cesárea había sido un éxito total y que los gemelos estaban en perfecto estado, Alfonso se cubrió la cara con las manos, respirando hondo, sintiendo que por fin la familia que tanto había protegido



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En el texto hay: espera, amor luchas, esperanzaeilusiones

Editado: 27.09.2026

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