Jueves . Casa de los Whitmore.
Había visita. El señor Whitmore nunca invitaba a nadie, pero ese día la mesa del comedor estaba puesta con la vajilla buena. Cristal. Plata.
"Es el señor Caldwell" susurró la cocinera a Nia mientras servían. "Dueño de media ciudad. Amigo del gobernador. Ten cuidado, mija."
Nia asintió. Llevaba el delantal más limpio y la cabeza agachada. Así la enseñaron.
El señor Caldwell tenía unos 40. Traje caro. Anillo de oro. Ojos que recorrían la casa... y a ella.
Durante la cena Nia solo sirvió agua. No habló. No miró.
Pero cuando fue a recoger los platos, sintió su mano en su muñeca. Fuerte.
"¿Cómo te llamas, cariño?"
"Nia, señor."
"Bonito nombre. Para una chica bonita." Soltó una risa y la soltó.
Esa noche Nia llegó a casa con el cuerpo temblando. No le contó a nadie.
*Viernes.*
El señor Caldwell "pasó a dejar unos papeles". Se quedó 20 minutos en la cocina mirándola lavar.
*Lunes.*
"Ayúdame con esto al estudio" dijo. Y cerró la puerta.
Nia salió 3 minutos después, pálida, con el delantal torcido. No dijo nada. Solo lavó más rápido.
*Miércoles.*
La arrinconó en la despensa. "Una chica como tú debería ser agradecida con hombres como yo."
Nia empujó. Corrió. Se encerró en el baño de servicio y vomitó.
Ese día no fue a la biblioteca.
El martes llegó. 5:30pm. Bajo el farol.
Daiki la estaba esperando. Y en cuanto la vio, lo supo.
Tenía el pelo mal recogido. Ojeras. Y en el brazo, bajo la manga, un moretón que no se tapaba bien.
Daiki no preguntó. Solo se acercó un paso y le ofreció el libro. _Native Son_ de Richard Wright.
Ella no lo agarró.
"Me tengo que ir, Daiki" susurró Nia. La voz le salió rota.
"¿Qué pasó?"
"Un hombre. En la casa. Me... me sigue. Me toca. Me dice cosas." Cerró los ojos. "Y mi papá dice que si pierdo ese trabajo nos morimos de hambre."
El silencio duró una eternidad. Se escuchaban los grillos.
Daiki apretó el libro en sus manos hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Cuando habló, su voz no temblaba. Estaba llena de rabia contenida.
"Entonces no vuelvas."
Nia lo miró, confundida.
"El martes que viene" dijo Daiki. "A las 5:30. Trae la bolsa. Como te dije."
"¿Y a dónde voy a ir?"
"A cualquier lado." Daiki dio un paso y por primera vez en su vida la tocó. Le puso la mano en el hombro, un segundo. Ligero. Seguro. "Pero no aquí. No con él. No con tu papá."
Le dejó el libro en las manos.
"Dentro está mi dirección. La de mi tía. En Chicago. Ella nos ayuda."
Nia bajó la vista al libro. En la primera página, con la misma letra perfecta, había una dirección y un billete de tren.
"Si no vienes, te entiendo" dijo Daiki. "Pero si vienes... cruzamos el alambre juntos."
Se dio la vuelta y se fue.
Nia se quedó sola bajo el farol, con un libro en las manos, un billete en el bolsillo, y por primera vez en su vida, una salida.