Esa noche Nia no durmió.
La casa estaba en silencio. Solo se oía a su papá roncar en el cuarto y el grillo afuera.
Caldwell se había ido hacía horas, pero su risa seguía rebotando en las paredes.
A las 2:00am Nia se levantó.
Sacó una bolsa de tela de debajo de la cama. Lo único que le cabía:
1. Dos mudas de ropa
2. El peine de hueso que le dio su abuela
3. El libro de Langston Hughes. El primero que Daiki le dio
4. El billete de tren. Ahora arrugado de tanto tocarlo
Se detuvo en la puerta del cuarto de su mamá.
Clara dormía de lado, abrazando una almohada. Tenía un moretón viejo en el brazo. De hace semanas.
Nia se arrodilló en el suelo. Le rozó el pelo a su mamá con los dedos. No la despertó.
Si la despertaba, Clara le diría que se quedara. Por miedo. Por costumbre.
Y si se quedaba, Caldwell volvería.
"Perdóname, Ma" susurró. Tan bajito que ni ella se oyó. "Voy a estar bien."
Dejó algo en la mesita de noche. Un papelito doblado.
_Te quiero. Perdóname. -N_
No puso más. No había más que decir.
Caminó hasta la puerta principal. Despacito. El piso de madera crujió una vez. Se congeló.
Nadie se movió.
Abrió la puerta. El aire de agosto en Alabama le pegó en la cara. Caliente. Pesado. A jazmín y a polvo.
No miró atrás.
Caminó 8 cuadras hasta la estación. Sola. Con la bolsa en la mano y el corazón en la garganta.
El tren a Chicago salía a las 5:10am.
Se sentó en una banca de madera. Esperó.
A las 5:25am el tren pitó.
Y a las 5:30pm, pensó Nia, Daiki la estaría esperando bajo el farol.
Con las manos en los bolsillos. Sin saber si ella iba a llegar.
El tren arrancó.
Nia pegó la frente a la ventana. Vio su casa hacerse chiquita. Vio la casa de los Whitmore. Vio la biblioteca.
Dejó atrás Alabama. Dejó atrás a su padre. Dejó atrás el miedo de que la tocaran sin permiso.
Por primera vez en 21 años, Nia Johnson se iba.
Sin permiso de nadie.
Martes. 5:30pm. Birmingham.
El farol parpadeaba igual que siempre.
Daiki llegó 10 minutos antes. Como todos los martes desde hacía un mes.
Pero hoy no traía libros. Traía una gorra vieja y una maleta pequeña. De cartón.
Se sentó en la banca de abajo del farol. Las manos le sudaban.
_Si no viene, te entiendo._
Pero si venía... se iban. Juntos. A Chicago. A donde fuera, pero lejos.
5:28pm.
Nada.
5:29pm.
Pasó un coche de la policía. Lento. Daiki agachó la cabeza. El corazón se le fue a la garganta.
5:30pm.
Nada. Solo el viento y las hojas.
Daiki cerró los ojos. _La cagué. La asusté. Caldwell..._
Se paró. Ya se iba. Ya había perdido.
Y entonces la oyó.
Pasos. Rápidos. Ligeros.
Levantó la vista.
Nia.
Con una bolsa de tela en la mano. El pelo recogido. Ojeras. Pero caminando.
Viva. Entera. Ahí.
Se quedaron viendo por un segundo que duró un año.
Ninguno dijo nada. No podían. Había gente en la calle.
Daiki solo extendió la mano. No para tocarla. Para ofrecerle la maleta de cartón.
"Es para ti" dijo bajito. "Por si la tuya pesa mucho."
Nia la agarró. Sus dedos rozaron los de él. Esta vez no los soltó rápido.
"El tren sale en 20 minutos" dijo Daiki. "En la estación del centro. A Chicago."
Nia asintió. Tenía la garganta cerrada.
Caminaron. Lado a lado. Sin tocarse. Sin hablar.
Dos sombras con maletas, a las 5:35pm en Birmingham, 1943.
En cada esquina miraban. En cada coche que pasaba se les helaba la sangre.
Pero llegaron.
La estación olía a humo y a gente. Mucha gente negra yendo al norte. Mucha gente huyendo de algo.
Compraron los boletos. Asientos separados. Por seguridad.
Se sentaron uno frente al otro. Por fin.
El tren pitó. Empezó a moverse.
Nia apoyó la frente en la ventana. Las lágrimas le salieron sin permiso. Silenciosas.
Dejó atrás a su mamá. Dejó atrás a su padre. Dejó atrás el delantal.
Sintió algo tibio en su mano.
Daiki. Había cruzado el pasillo. Y le había agarrado la mano por encima de la maleta.
Un segundo. Fuerte. Seguro.
No dijo "te quiero". No dijo "todo va a estar bien".
Solo le apretó la mano.
Y Nia se la apretó de vuelta.
Afuera, Alabama se hizo campo. Y el campo se hizo noche.
Iban a Chicago.
Iban juntos.
Iban vivos.