Cartas al otro lado del alambre

Capítulo 7

El tren traqueteaba.

Era ya de madrugada. La mayoría dormía sentada, con la cabeza contra la ventana.
Nia y Daiki tenían asientos separados por ley. Pero el pasillo entre ellos estaba vacío.

A las 2:00am Daiki se cambió. Sin hacer ruido. Se sentó al lado de ella.
Nadie dijo nada. En un tren lleno de gente huyendo al norte, nadie preguntaba.

Por un rato solo miraron por la ventana. Luces de pueblos pasando. Oscuridad. Campo.

"¿Tienes hambre?" susurró Daiki. Le pasó medio sándwich de papel. Onigiri. Frío.
Nia lo agarró. Era lo más rico que había comido en su vida.

"Gracias" dijo. Su voz sonó ronca de no usarla.
"¿Dormiste algo?"

Nia negó con la cabeza. "No podía. Mi mamá..."

Se calló. Daiki no insistió. Solo le rozó el dorso de la mano con el meñique. Un segundo.
"Lo hiciste bien" dijo. "Lo de irte. Eso es lo más valiente que he visto."

Nia se rió bajito. Sin ganas. "¿Valiente? Yo estaba temblando."

"Yo también." Daiki la miró de reojo. "Cuando te vi bajo el farol pensé que me iba a dar un infarto."

Se quedaron en silencio. Cómodo. Por primera vez.

"¿A qué huele Chicago?" preguntó Nia de repente.
"A nieve en invierno" dijo Daiki. "Y a fábricas. Y a mi tía. Ella huele a pan."

"¿Tu tía sabe de mí?"
Daiki dudó. "Sabe que viene una amiga. Sabe que la tenemos que cuidar. Eso es todo."

Nia asintió. Tragó saliva. "Daiki... ¿y si no funciona? ¿Y si nos encuentran? ¿Y si—"

"Shhh." Daiki se volteó completo hacia ella. Por primera vez en meses la miraba directo, sin miedo. "Un día a la vez, Nia. Hoy estamos en un tren. Hoy nadie nos grita. Hoy nadie nos toca."

Levantó la mano. Muy despacio. Y le quitó un mechón de pelo de la cara. Como en la esquina del farol.
Esta vez sí la tocó. Dos dedos en la mejilla. Fríos.

Nia cerró los ojos. Le dolió de lo bonito que fue.

"El libro" dijo Daiki, bajando la mano. "¿Lo trajiste?"
Nia sacó _The Weary Blues_ de la bolsa. Gastado.
Daiki lo abrió. En la primera página, donde estaba la dirección, escribió algo más con un lápiz chiquito.

Se lo dio.

Nia leyó en voz baja:

> _Para Nia:_
>
> _No sé qué va a pasar en Chicago. No sé si tendremos trabajo o dinero._
>
> _Pero sé que los martes ya no me dan miedo. Porque los martes te tengo a ti._
>
> _- D_

Nia se tapó la boca para no llorar.
"Yo no sé escribir bonito" susurró.
"No tienes que hacerlo" dijo Daiki. "Solo quédate."

El tren pitó. Lejano.
Afuera empezó a amanecer. El cielo se puso gris, luego rosa.

Nia se recostó en el hombro de Daiki. Un segundo. Luego se apartó. Por si acaso.
Pero Daiki no se movió. Se quedó ahí, por si ella quería volver.

Y Nia volvió. Apoyó la cabeza.

Por primera vez en 21 años, se quedó dormida sin miedo.




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