*En Birmingham, Alabama. 3 días después de que Nia se fue.*
El señor Johnson no gritó cuando se enteró.
Golpeó la mesa. Tan fuerte que el café se derramó.
"¿Con un japonés?" escupió. "¿Con uno de esos que bombardearon Pearl Harbor?"
La señora Johnson lloraba en la cocina. "Ella es buena niña. Alguien la engañó—"
"¡Nadie la engañó!" El señor Johnson pateó una silla. "Se fue. Por su voluntad. Con él."
Para el mediodía todo el pueblo lo sabía.
En la iglesia. En la tienda. En la barbería.
"La hija de los Johnsons se fugó con un japo."
"¿Y ahora qué? ¿Van a tener hijos mezclados?"
"Hay que traerla de vuelta. Antes de que sea tarde."
El señor Johnson fue al sheriff.
"Mi hija fue raptada. Por un japonés. Un enemigo."
No dijo que Nia tenía 21. No dijo que se fue sola.
Dijo "raptada". Porque eso sonaba mejor. Porque eso hacía que la policía tuviera que buscar.
Pusieron su nombre en un telegrama. _NIA JOHNSON . 21 AÑOS. ÚLTIMA VEZ VISTA CON HOMBRE DE ORIGEN JAPONÉS. ARMADOS Y PELIGROSOS._
El telegrama viajó. De estación en estación. Hasta Chicago.
*En Chicago. Casa roja. Esa misma noche.*
La señora Sato recibió una visita. Los Kim. Y el padre de Hana.
"Señora Sato" dijo el señor Kim. Serio. "Tenemos un problema."
Le enseñó el telegrama que le llegó a la frutería. Rebotó de la policía.
La señora Sato leyó. Dos veces.
Sus manos temblaron. No de frío.
"¿Sabías?" le gritó a Daiki cuando llegó del trabajo. "¿SABÍAS QUE LA ESTÁN BUSCANDO COMO CRIMINAL?"
Daiki dejó las cajas en el suelo. "Tía—"
"¡No me digas tía!" Le tiró el telegrama a la cara. "¡Nos vas a meter a todos a la cárcel! ¡Nos van a correr del barrio! ¡Van a quemar la frutería!"
"Yo no sabía que iban a decir que fue rapto—"
"¡Pero te fuiste con ella!" El padre de Hana intervino. "Hijo, ¿tú estás loco? ¿Sabes lo que dirá la gente? ¿Japonés con negra? En 1943. Con la guerra. ¿Quieres que nos linchen a todos?"
Hana estaba en una esquina. Callada. Con los ojos llenos.
No dijo nada. Solo negó con la cabeza cuando su padre la miró.
"Se acabó" dijo la señora Sato. "O dejas a esa muchacha hoy. O te vas tú. Y no vuelves a poner un pie en esta casa. Ni en la frutería."
Daiki miró a todos. A su tía. A los Kim. A Hana.
Luego miró al suelo. Al telegrama tirado.
"Entonces me voy" dijo. Bajito. "Pero no la dejo."
Salió. Azotó la puerta.
*En el sótano. 1 hora después.*
Daiki entró. Blanco. Temblando.
Nia lo vio y dejó de planchar.
"¿Qué pasó?"
"Todo." Le dio el telegrama arrugado. "Tu papá dijo que te rapté. Mi tía me corrió. Nos buscan."
Nia leyó. Se le cayeron las lágrimas. Por primera vez desde Alabama.
"Mi mamá..." susurró. "Debe estar..."
Daiki la abrazó. Fuerte. "Lo siento. Por meterte en esto. Por mi familia. Por todo."
Nia negó contra su camisa. "No es tu culpa. Es de ellos. De los dos lados."
Se separaron. Miraron el sótano. La radio. La tetera.
Todo lo que habían construido.
"Nos quieren separados" dijo Nia. "Porque juntos damos miedo."
Daiki asintió. Le tomó la cara. "Pues que les dé miedo. Porque no me voy."
Besó a Nia. Largo. Como juramento.
Arriba el mundo se estaba cayendo.
Abajo ellos decidieron quedarse juntos.
Aunque los dos países los odiaran.