Cartas al otro lado del alambre

Capítulo 13

*12am. Estación de buses de Chicago.*

No llevaron maletas. Solo una bolsa.
La tetera. El libro. La radio. 14 dólares y 30 centavos.
Y la carta de la tía Mae.

"Si nos para la policía" susurró Daiki, "dices que eres mi esposa. Que vamos a ver a mi hermano enfermo."

Nia asintió. Le sudaban las manos.
Subieron al bus de las 12:30 a Detroit. Última fila. Cabezas agachadas.

El viaje fueron 5 horas. Sin dormir.
Cada sirena, cada parada, Daiki se tensaba.
Nia apretaba su mano.

Cuando amaneció y vieron el letrero de *DETROIT*, los dos exhalaron.

No conocían a nadie.
Caminaron hasta que les dolieron los pies. Preguntaron por cuartos baratos.
Nadie quería rentarles a "ustedes dos".

*Día 2 en Detroit: Los ancianos*

Estaban sentados en un parque, contando monedas para pan, cuando una señora se les acercó.
Unos 70. Pelo blanco. Suéter tejido.
Con ella, un señor con bastón y ojos amables.

"Ustedes no son de aquí" dijo la señora. "Y tienen cara de hambre."

Nia se puso a la defensiva. "Estamos bien, señora."
"Claro" dijo el señor. Sonrió. "Como yo en el 29. Ven. No muerden."

Los llevaron a una casa pequeña de madera. Olía a sopa y a limpio.
Fotos en las paredes. De ellos dos. Jóvenes. En una boda.

"Soy Ruth" dijo la señora. "Él es Samuel. Somos de Alabama también."
Nia se tensó. "¿Alabama?"
"Y negros" dijo Samuel, sentándose. "Y sabemos cuando dos niños vienen huyendo."

No preguntaron. Solo les dieron sopa. Una manta. Un cuarto en el sótano. Con ventana.
"Quédense el tiempo que necesiten" dijo Ruth. "Y no le digan a nadie."

*Semana 3: El trabajo y la decisión*

Nia consiguió limpiar casas. Daiki descargaba en un mercado.
Guardaban cada centavo.
En las noches Ruth les enseñaba a cocinar gumbo. Samuel le enseñaba a Daiki a arreglar cosas.

Una noche, después de cenar, Ruth los miró. "¿Y ahora qué? ¿Van a vivir escondidos toda la vida?"

Daiki miró a Nia. Nia miró a Daiki.
"No" dijo Daiki. "Queremos casarnos."

Samuel silbó bajito. "Aquí no pueden. Les pedirían papeles. Dirían cosas."
"Entonces en otro lado" dijo Nia. "Clandestino. Aunque sea solo nosotros dos y Dios."

Ruth se limpió las manos en el delantal. "Yo conozco a un pastor. Viejo. No pregunta mucho. Si ustedes están seguros."

*El sábado. Iglesia pequeña. Atrás del mercado.*

No había flores. No había vestido blanco.
Nia llevaba su mejor vestido. El remendado. Daiki su camisa limpia.
Ruth y Samuel de testigos.

El pastor era viejo. Leyó rápido. En voz baja.
"¿Daiki Sato, tomas a Nia Johnson como tu esposa?"
"Sí."
"¿Nia Johnson , tomas a Daiki Sato como tu esposo?"
"Sí."

"Entonces los declaro marido y mujer."

No hubo anillos. Daiki le puso a Nia un hilo rojo en el dedo.
Nia le puso a Daiki el suyo.

Salieron. De la mano.
Afuera llovía en Detroit.

Ruth los abrazó. "Bienvenidos a la familia, hijos."
Samuel le dio a Daiki un reloj viejo. "Para que no llegues tarde al trabajo, yerno."

Esa noche, en el cuarto con ventana, pusieron la radio.
Bajito. Jazz.

Bailaron. Otra vez. Pero diferente.
Porque ahora tenían apellido. Aunque nadie más lo supiera.

Daiki la besó en la frente. "Señora Sato."
Nia se rió y lloró al mismo tiempo. "Señor Sato."

Se acostaron en el colchón. Tapados con la manta de Ruth.
Por primera vez en meses, no tenían miedo de la puerta.

Tenían miedo del mundo.
Pero se tenían el uno al otro. Y eso era un matrimonio.




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