Llegó el jueves. En un sobre arrugado. Sin remitente.
Kenji se lo dio a Nia en la lavandería. "Vino con la ropa de una clienta de Alabama."
Nia lo abrió con manos temblorosas.
Letra de su tía. De Birmingham.
> _Nia:_
>
> _Tu papá está furioso. Dijo que te fuiste con un japonés. Que deshonraste la familia._
>
> _Caldwell fue a la policía. Dijo que te raptaron. Tu mamá llora todos los días._
>
> _Si lees esto, vuelve. Antes de que te encuentren. Aquí te podemos proteger._
>
> _- Tía Mae_
Nia leyó tres veces. Se le heló la sangre.
"Me están buscando" susurró. "Con la policía."
Daiki le quitó la carta. La leyó. Apretó los dientes.
"Entonces no podemos salir. Ni tú ni yo."
Nia asintió. Pero por dentro se le rompía algo. Su mamá llorando.
Esa misma noche. 9pm.
Tocaron. Fuerte. Tres veces.
Daiki y Nia se miraron. En el sótano solo cabía el miedo.
Daiki abrió.
Hana. Con abrigo. Con los ojos rojos.
"Necesito hablar contigo. A solas."
Daiki negó. "No puedes estar aquí."
"Entonces que salga ella." Hana lo empujó y entró.
Vio a Nia. De pie junto al colchón. Con el vestido remendado. Con la radio al lado.
El sótano se hizo chiquito.
"Así que tú eres." dijo Hana. En inglés. Fría.
Nia levantó la barbilla. "Sí. Soy yo."
Hana la miró de arriba a abajo. La tetera. La caja-mesa. El libro de poemas.
"¿Esto es lo que quieres?" dijo, señalando todo. "¿Humedad? ¿Esconderte? ¿Que mi familia nos odie a todos?"
"Es lo que tenemos" dijo Nia. Bajito. Firme. "Y lo elegimos."
"Él puede tener una tienda. Una casa. Respeto." Hana se volteó a Daiki. "Mi papá ya habló con tu tía. El compromiso. Daiki, di algo."
Daiki se puso entre las dos. "Hana. Vete a casa."
"¿Por ella?" Hana señaló a Nia. La voz se le quebró. "¿Por una mujer que te esconde en un sótano y que la policía busca?"
Nia dio un paso al frente. "La policía me busca porque mi padre dijo que me raptaron. Porque no acepta que me fui sola. Con él." Señaló a Daiki. "Y sí. Me escondo. Porque si no, me regresan a Alabama. Y ahí sí me matan."
Hana se calló. Por primera vez la miró de verdad. No como rival. Como persona.
Hubo silencio. Solo la radio metiendo estática.
"Mi mamá dice que no es correcto" dijo Hana al fin. "Que los japoneses y los negros... que no."
"Mi papá dice lo mismo" contestó Nia. "Y aquí estamos."
Hana se limpió una lágrima. Rápida. De rabia.
"No te voy a desear suerte." Dijo. "Pero tampoco te voy a delatar. Todavía."
Se fue. Azotó la puerta.
Se quedaron solos. Temblando.
Daiki abrazó a Nia. "Lo siento. Por mi tía. Por Hana. Por todo."
Nia negó con la cabeza contra su pecho. "No. Ahora sabemos dos cosas."
"¿Cuáles?"
"Que nos buscan." Levantó la carta. "Y que no nos vamos a rendir."
Guardó la carta debajo del colchón. Junto al libro.
Puso la radio. Bajito. Jazz.
Y esa noche no durmieron.
Vigilaron la puerta. De la mano.
Esperando el siguiente golpe.