Donde Termina El Deber

19

La puerta de la habitación se abrió.

Dave levantó la cabeza inmediatamente.

El médico salió con una carpeta entre las manos.

Había permanecido sentado en el mismo lugar desde que lo obligaron a abandonar la habitación de Jason.

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Diez minutos.

Una hora.

El mundo parecía haberse detenido en aquellas palabras.

Eras mi nuevo cliente.

—¿Dave?

Él reaccionó.

—Sí.

Se puso de pie rápidamente.

El médico observó sus ojos enrojecidos.

—¿Podemos hablar?

Dave sintió nuevamente miedo.

—¿Qué tiene?

—Jason está estable.

—Pero no me recuerda.

La frase salió antes de cualquier otra pregunta.

—¿Por qué no me recuerda?

El médico hizo una pequeña pausa.

—Después de todo lo que sufrió su organismo, esto no es completamente inesperado.

Dave frunció el ceño.

—No entiendo.

—Jason perdió una cantidad importante de sangre. Su presión cayó de manera crítica y estuvo inconsciente durante varias semanas. En situaciones así pueden aparecer alteraciones temporales de la memoria.

—¿Amnesia?

—Sí.

Aquella palabra hizo que el estómago de Dave se cerrara.

—¿Va a recuperar sus recuerdos?

—No puedo prometerte cuándo ni cuánto recordará.

Dave bajó la mirada.

El médico continuó con calma.

—Lo que estamos viendo parece afectar principalmente un periodo anterior al incidente. Jason sabe quién es, reconoce a su familia, recuerda gran parte de su vida y, por ahora, parece capaz de almacenar información nueva.

—Pero los últimos meses…

—Están incompletos.

Dave sintió un dolor profundo en el pecho.

—¿Por qué recuerda que iba a trabajar conmigo?

—Porque los recuerdos no se borran necesariamente siguiendo una línea exacta. Puede conservar unas cosas y perder otras. También es posible que aparezcan fragmentos con el tiempo.

—¿Y tenemos que contarle lo que ocurrió?

—Sí, pero poco a poco.

El médico sostuvo su mirada.

—No intenten obligarlo a recordar. No lo sometan a preguntas constantemente ni le describan todo de golpe buscando una reacción. Eso puede aumentar su ansiedad.

Dave tragó saliva.

—Entonces ¿qué hago?

—Estar ahí.

La respuesta lo sorprendió.

—Responder cuando pregunte. Decirle la verdad sin presionarlo. Y permitir que su cerebro haga el resto a su propio ritmo.

Dave miró hacia la habitación.

—¿Puedo entrar?

—Un rato. Necesita descansar.

Él asintió.

Antes de marcharse, el médico añadió:

—Dave.

—¿Sí?

—Que no recuerde algo no significa necesariamente que se haya perdido para siempre.

Dave quiso aferrarse a esa frase.

Pero lo único que conseguía pensar era que el hombre que unas semanas atrás le había dicho te amo ahora apenas sabía quién era.

Jason estaba mirando por la ventana cuando Dave entró.

Se detuvo junto a la puerta.

Por primera vez desde que lo conocía, no sabía cómo acercarse.

—Hola.

Jason giró.

—Hola.

La formalidad de aquella voz le dolió más de lo esperado.

Dave intentó sonreír.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubiera atropellado un camión.

Dave soltó una pequeña risa.

—Más o menos.

Jason frunció el ceño.

—¿Qué me pasó?

Dave dudó.

—El médico dijo que no debemos contarte todo de golpe.

—Eso no responde mi pregunta.

Ahí estaba.

El Jason impaciente.

El serio.

El hombre que necesitaba tener control de lo que ocurría a su alrededor.

Dave sintió algo parecido a esperanza.

Al menos algunas cosas seguían allí.

Se acercó un poco.

—Te dispararon.

Jason lo miró.

—¿Dónde?

—Cuando intentabas sacarme de un lugar.

—¿Sacarte?

Dave asintió.

Jason miró hacia su cuerpo cubierto por las sábanas.

—¿Me dispararon trabajando?

La pregunta atravesó a Dave.

Trabajando.

—Sí.

No era mentira.

Solo no era toda la verdad.

—Me salvaste la vida.

Jason levantó la mirada.

—¿De qué?

Dave se sentó en la silla.

—Mi padre tenía problemas con gente peligrosa. Me secuestraron.

La expresión de Jason cambió.

—¿Te secuestraron?

—Sí.

—¿Te hicieron daño?

La pregunta fue inmediata.

Dave quedó quieto.

Aquella preocupación…

Por un segundo volvió a escuchar al Jason que recordaba.

—Estoy bien.

Jason observó una pequeña marca todavía visible en su muñeca.

—Eso no parece nada.

Dave escondió la mano casi por reflejo.

—Ya pasó.

Jason permaneció unos segundos mirándolo.

—¿Y yo fui a buscarte?

Dave sintió los ojos húmedos.

—Sí.

—Solo.

—No exactamente.

Una sonrisa pequeña apareció.

—Aunque intentaste hacerlo.

Jason hizo una mueca.

—Eso sí suena a algo que haría.

Dave soltó una risa.

Jason lo observó.

No sabía por qué aquel sonido le resultaba agradable.

Familiar.

Dave bajó la mirada.

—Te encontraste conmigo en el hotel y me sacaste de ahí. Después…

Se detuvo.

No podía contarle todavía el disparo.

Ni aquel te amo.

No así.

Jason parecía frustrado.

—No recuerdo nada.

Sus manos comenzaron a moverse sobre las sábanas.

—Recuerdo recibir una llamada de la señora Elizabeth. Recuerdo aceptar el trabajo. Tu fotografía.

Miró a Dave.

—Recuerdo salir a buscarte aquella primera noche.

El corazón de Dave aceleró.

—¿Eso sí?

—Sí.

Jason cerró los ojos.

—Después hay… nada.

—Tranquilo.

—No me digas que me tranquilice.

La respuesta salió más brusca de lo que pretendía.

Dave se quedó quieto.

Jason abrió los ojos.

—Perdón.

—Está bien.

—No. No está bien.

Se pasó una mano por el rostro.



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Editado: 08.09.2026

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