El bosque apareció otra vez en sus sueños.
Jason estaba sentado bajo un árbol enorme, con la hierba moviéndose a su alrededor. Dave llevaba su chaqueta sobre los hombros y sonreía frente a él. Tenían las manos entrelazadas.
—Solo quiero estar contigo.
Jason intentó responder, pero la imagen cambió. Dave se acercó y lo besó.
Despertó de golpe, con el corazón acelerado.
La habitación estaba oscura. Permaneció sentado unos segundos, intentando distinguir el sueño de los recuerdos que llevaban días apareciendo sin permiso.
Ahora sabía la verdad. Dave se la había contado: habían estado juntos, se habían enamorado y él había llegado a decirle que lo amaba. Pero conocer el resultado no era lo mismo que recordar cómo había llegado hasta allí.
Recordaba perfectamente a Madison. Su amor, su matrimonio, la vida que habían imaginado. En cambio, cuando pensaba en Dave encontraba fragmentos: una sonrisa, una voz, el calor de unas manos.
Quería recordar cuándo había dejado de verlo como un cliente. Cuándo había comenzado a esperar su presencia. Cuándo había querido besarlo por primera vez.
—¿Cómo demonios llegué hasta ti, Dave? —murmuró.
Volvió a acostarse, pero el bosque permaneció en su cabeza hasta que amaneció.
Dave despertó cerca del mediodía con una resaca horrible y demasiados recuerdos de la noche anterior.
Miguel. El beso. Jason encontrándolo fuera del bar. La discusión. Y aquella conversación en su habitación en la que había terminado confesándole que lo amaba.
Se cubrió el rostro con la almohada.
—Dios…
No podía retirar lo dicho. Tampoco quería. Jason merecía conocer la verdad, aunque Dave no deseaba que se sintiera obligado a corresponderle solo porque alguna vez lo había hecho.
Bajó a la cocina con unos bóxers azul marino, buscando agua. Elizabeth había salido a desayunar con unas amigas y la casa estaba tranquila.
—Definitivamente anoche intentaste matarte.
Dave se sobresaltó.
—¿Desde cuándo estás ahí?
Jason estaba apoyado junto a la entrada.
—Lo suficiente. ¿Cómo amaneciste?
—Mejor de lo que merezco.
El mayor lo observó un instante. El cabello desordenado, la piel descubierta y aquella familiaridad que no lograba explicar despertaron una atracción demasiado clara. Apartó la mirada.
—¿Vas a desayunar?
—No tengo hambre.
—Llevas días prácticamente viviendo de café.
Dave sonrió apenas.
—Eso también lo hacías antes.
—¿Qué?
—Vigilar si había comido. Eras bastante insoportable.
—Me cuesta creerlo.
—Créelo.
Jason abrió una alacena.
—Puedo preparar algo.
—¿Tus famosos hot cakes?
La mano del mayor se detuvo.
De pronto vio a Dave sentado frente a la misma barra, riéndose mientras él preparaba el desayuno. Harina, huevos, una sartén. La voz del joven preguntándole si sabía cocinar.
Después, una sonrisa.
—No están horribles.
—¿No están horribles?
El dolor apareció de golpe. Jason se sostuvo de la encimera.
—Mierda.
—¡Jason!
Dave llegó hasta él y lo ayudó a sentarse.
—¿Qué pasa?
—La cabeza.
—¿Dónde tienes el medicamento?
—En el baño.
Dave fue por las pastillas que le habían indicado y regresó con un vaso de agua. Permaneció a su lado mientras las tomaba.
—¿Mejor?
—Sí.
—Me asustaste.
Le acarició suavemente la mejilla.
Jason cerró los ojos. No apareció ninguna imagen, pero el contacto le resultó conocido. Tomó la mano de Dave y la sostuvo contra su rostro.
—Esto se siente familiar.
El joven tragó saliva.
—Porque lo es.
—¿Me tocabas así?
—Sí.
Jason acarició distraídamente su muñeca.
—¿Y yo te tocaba?
Dave se sonrojó.
—No me interrogues cuando estoy medio desnudo y con resaca.
Una sonrisa apareció en los labios del mayor.
—Entonces ve a vestirte.
—Eso haré.
Dave retiró la mano y subió a su habitación. Jason lo siguió con la mirada un instante antes de obligarse a apartarla.
Aquello empezaba a ser imposible de ignorar.
Más tarde, Jason llamó a la puerta de Dave.
—¿Puedo pasar?
—Sí.
El joven acababa de salir de bañarse y llevaba una toalla alrededor de la cintura. Al ver la expresión de Jason, dejó de secarse el cabello.
—¿Te volvió a doler?
—No. Necesito preguntarte algo.
Dave asintió, aunque la cercanía lo puso nervioso.
—Las imágenes que estoy teniendo… ¿son recuerdos reales?
—¿Qué has visto?
—El bosque. La cocina. Y algunas cosas de nosotros.
Dave dejó la toalla pequeña sobre una silla.
—¿Qué cosas?
Jason dudó.
—Mi habitación. Una cama. Tus manos.
El silencio cambió.
—Sí —respondió Dave—. Es posible que sean recuerdos.
—¿Dormías conmigo?
—A veces.
Jason lo miró con atención.
—¿Y llegamos a…?
—No. No habíamos hecho el amor.
—¿Por qué?
Dave bajó la mirada, avergonzado.
—Tú quisiste esperar. Dijiste que querías que nuestra primera vez fuera especial, que tuviéramos tiempo.
Una frase cruzó la memoria de Jason.
Cuando suceda, quiero que sea nuestro.
Cerró los ojos. Durante un segundo vio a Dave debajo de él, sus manos aferradas a su camiseta, los besos, el deseo que había tenido que contener.
Al abrirlos, el joven continuaba frente a él.
—Recuerdo que quería besarte —dijo.
Dave dejó de respirar por un instante.
Jason se acercó, pero se detuvo antes de tocarlo.
—Y ahora también quiero hacerlo.
—Jason…
—Pero no quiero que sientas que estoy intentando representar al hombre que recuerdas.
Dave sostuvo su mirada.
—Los dos son tú. No necesito que hagas nada porque antes lo hacías.
Jason asintió lentamente.
—Entiendo.
Se marchó sin besarlo.
Dave permaneció mirando la puerta cerrada. Había esperado tanto tiempo volver a escuchar aquellas palabras que ahora no sabía qué hacer con ellas.