El Contrato del Ceo Irresponsable

Capitulo 13

El caos en el vestíbulo del edificio amenazaba con salirse de control. Los guardias de seguridad apenas lograban contener a la multitud de reporteros que empujaban los portones de cristal, mientras el destello incesante de las cámaras cegaba los ventanales.

Sofía había sido resguardada en un camerino privado en el primer piso del complejo corporativo, un espacio austero con paredes insonorizadas, un sofá de piel negra y un gran televisor encendido que transmitía la señal de noticias en directo.

En la pantalla, el cintillo rojo de última hora parpadeaba con letras gigantes: «¿FRAUDE EN LA DINASTÍA VAUGHN? FILTRAN CONTRATO DE MATRIMONIO DE ALQUILER».

Sofía permanecía sentada en el borde del sofá, con las manos temblándole sobre las rodillas. La humillación todavía le quemaba la garganta. Escuchar a los periodistas gritarle "esposa pagada" frente a todo el personal del edificio había hecho trizas su orgullo.

Sabía que el juez del caso de custodia estaba viendo la misma transmisión en ese preciso instante. La tía de Leo y Natalia Sterling habían ganado la partida: la coartada perfecta se había desmoronado en cuestión de minutos.

En el televisor, la imagen cambió de golpe hacia el auditorio principal de Vaughn Enterprises.

Damián caminó hacia el estrado con pasos firmes, el rostro tallado en piedra y la mandíbula apretada con una fuerza aterradora. Vestía su traje oscuro impecable, pero la ausencia de su habitual calma fría delataba la tormenta que ardía en su interior.

Frente a él, decenas de micrófonos tapizaban el atril y una marea de fotógrafos disparaba sus lentes sin tregua.

El magnate se detuvo, ajustó el micrófono central y barrió la sala con una mirada tan despiadada que los murmullos de los periodistas se apagaron por completo.

—He convocado a esta rueda de prensa para responder a las difamaciones absurdas que circulan desde esta mañana

—comenzó Damián, con una voz profunda, potente y carente de cualquier atisbo de duda

—. Se ha filtrado un borrador legal confidencial de mi firma, manipulado y fuera de contexto, por sectores que buscan desestabilizar la custodia de mi sobrino Leo por simples intereses económicos.

Un periodista alzó la mano, interrumpiéndolo a gritos:

—¡Señor Vaughn! ¡El documento especifica un pago directo a la familia de Sofía Morales a cambio de seis meses de convivencia! ¿Va a negar que es un matrimonio comprado?

Damián no se inmutó. Apoyó las manos sobre los bordes del atril, inclinándose ligeramente hacia adelante y fijando su mirada directamente en el lente de la cámara principal

—el lente que sabía que Sofía y el juez estaban observando—.

—Esa transferencia no fue un pago por un servicio —respondió Damián, sosteniendo el aire del auditorio en un hilo de tensión palpable

—. Fue una inversión familiar. Sofía Morales no es una empleada ni una esposa alquilada. Es mi prometida, la mujer que elegí para reconstruir mi vida y la única madre que mi sobrino reconoce.

Damián hizo una pausa deliberada, dejando que las ráfagas de los flashes llenaran el silencio. Su expresión se suavizó apenas un milímetro, transformando la ira en una convicción calculada e implacable.

—El rumor sobre un contrato para simular amor es ridículo —continuó el magnate, con una firmeza que heló a la prensa

—. Amo a mi esposa. Nuestro matrimonio es tan real y nuestra unión es tan profunda que no tenemos nada que ocultar ante la ley ni ante el público... De hecho, nuestro compromiso se selló de la forma más pura posible: estamos esperando a nuestro primer hijo juntos.

El auditorio estalló en un murmullo ensordecedor. Las cámaras multiplicaron sus destellos de inmediato y los periodistas comenzaron a formular preguntas a gritos, descolocados por la revelación.

En el camerino, Sofía se puso de pie de un salto, sintiendo que la sangre se le congelaba en las venas. Se llevó una mano a la boca, con los ojos desorbitados fijos en la pantalla.

—¿Qué... qué acabas de decir, Damián? —susurró para sí misma, con el aliento cortado por el shock absoluto.

En la televisión, Damián dio por terminada la conferencia sin responder a una sola pregunta más, giró sobre sus talones y abandonó el escenario escoltado por su equipo de seguridad, dejando a la prensa en un estado de histeria mediática.

Sofía se quedó petrificada en el centro de la habitación. El corazón le martilleaba el pecho con una violencia desbocada.

Un embarazo falso. Una bomba mediática que dejaba al descubierto no solo al juzgado, sino a todo el país. Si antes la presión de fingir una relación era sofocante, inventar un hijo llevaba la mentira a un terreno sin retorno.

El sonido metálico del cerrojo de la puerta la hizo dar un brinco.

La puerta de madera maciza del camerino se abrió y Damián entró a la estancia. Cerró la puerta tras de sí con un movimiento seco y giró el seguro con un chasquido que resonó en el silencio del cuarto.

El ruido aisló por completo el bullicio que aún reinaba en los pasillos exteriores.

Damián no dijo una palabra de inmediato. Mantuvo los ojos fijos en Sofía, oscuros, intensos y encendidos por una mezcla de adrenalina, peligro y un deseo contenido.

Se llevó ambas manos al cuello, aflojó el nudo de su corbata con lentitud y se la quitó de un solo tón, desabrochando los dos primeros botones de su camisa blanca.

Sofía dio un paso atrás, chocando contra el borde del escritorio.

—¡Estás completamente loco! —le espetó ella con la voz temblando por la indignación y el pánico

—. ¿Un bebé, Damián? ¡Dijiste ante todo el país que estoy embarazada!

¿Tienes idea de la locura que acabas de cometer?

Damián avanzó a paso lento y firme hacia ella, acortando la distancia con la presencia imponente que lo caracterizaba. No había arrepentimiento en su rostro; solo una determinación feroz.

—Era la única forma de aplastar a Natalia y a la tía de Leo en este segundo




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