El Contrato del Ceo Irresponsable

Capitulo 14

El eco del seguro al cerrarse en la puerta del camerino amortiguó el murmullo acelerado de los pasillos de la empresa. El silencio que siguió fue denso, pesado, cargado de la adrenalina de una jugada extrema que acababa de cambiar las reglas del juego para siempre.

Sofía dio un paso atrás, apartándose del toque de Damián sobre su vientre. Le ardían las mejillas de indignación y pánico; la respiración se le cortaba en sacudidas breves mientras intentaba procesar la bomba que el magnate acababa de soltar ante millones de espectadores.

—¿Te volviste completamente loco? —soltó Sofía, con la voz ahogada por la rabia pero cuidando de no alzarla demasiado—. ¡Dijiste ante todo el país que estoy embarazada, Damián! ¡Un bebé! ¿Tienes la menor idea de lo que acabas de hacer?

Damián no retrocedió ni un milímetro. Mantuvo la postura erguida, con la camisa levemente desabrochada en el cuello y la corbata doblada sobre el respaldo del sillón. En sus ojos oscuros no había el menor rastro de culpa o arrepentimiento; solo la fría convicción de un hombre acostumbrado a tomar decisiones despiadadas en cuestión de segundos.

—Hice lo que tenía que hacer para aplastar a la prensa y neutralizar a Natalia —respondió él, con una voz grave, rasposa y tan firme que parecía de piedra—. Si no decía algo de ese calibre, la jueza habría emitido una orden de alejamiento preventivo para ti esta misma tarde basándose en la filtración del contrato. Tenía que cambiar la narrativa de inmediato.

—¡Inventando una vida humana! —reclamó Sofía, cruzándose de brazos mientras la impotencia le acalambraba las manos—. Esto no es un acuerdo confidencial ni una cláusula de confidencialidad que se arregla con dinero. ¡Es una mentira monstruosa! Todo el mundo nos va a estar observando. Los fotógrafos, los empleados, el juzgado... ¿Cómo pretendes sostener una mentira así durante meses?

Damián avanzó despacio hacia ella. Su presencia imponente volvió a acorralarla contra el borde del escritorio de nogal, obligándola a levantar la barbilla para sostenerle la mirada.

—Natalia filtró un documento que nos retrataba como dos fríos negociantes comprando la custodia de un niño —dijo Damián, inclinándose apenas para que solo ella escuchara sus palabras—. Un bebé lo cambia todo. Un embarazo transforma una transacción en una familia real ante la opinión pública y ante la ley. Nadie cuestiona la autenticidad de un matrimonio cuando hay un hijo en camino.

—¿Y qué va a pasar cuando el tiempo pase y no haya ninguna barriga que mostrar? —le espetó ella, sintiendo el calor abrasador que emanaba del pecho del hombre a escasos centímetros del suyo—. ¿Qué vas a decirles en tres meses? ¿Que fue una falsa alarma? ¿Que lo perdimos? No puedes jugar con algo así, Damián. Es inhumano.

Damián cerró los ojos por un instante, apretando la mandíbula con tanta fuerza que el músculo de su mejilla vibró. Cuando volvió a abrir los ojos, la frialdad habitual de sus pupilas se vio atravesada por una grieta de vulnerabilidad y desesperación pura.

—Prefiero lidiar con las consecuencias de una mentira dentro de seis meses que perder a Leo hoy —sentenció, tomando a Sofía por los antebrazos con una firmeza que no llegaba a lastimarla, pero que impedía cualquier huida—. Si la tía de Leo se queda con la custodia, lo va a encerrar en un internado en el extranjero solo para administrar su fideicomiso. Es el hijo de mi hermano, Sofía. Es lo único que me queda de él. No voy a entregárselo a esa víbora porque un contrato de papel se haya hecho público.

Las palabras de Damián cayeron en el ambiente con el peso de una verdad irrefutable. Sofía sintió que el nudo de rabia en su garganta comenzaba a aflojarse, sustituido por una amarga empatía. La ferocidad con la que ese hombre defendía al pequeño Leo volvía a desarmar sus defensas, recordándole que detrás de las maniobras frías y la arrogancia corporativa había un tío desesperado por proteger a su familia.

Sofía dejó escapar un suspiro largo y tembloroso, bajando la cabeza por un segundo antes de volver a mirarlo.

—Nos estamos metiendo en un túnel sin salida, Damián... —susurró, sintiendo aún la presión cálida de las manos de él sobre sus brazos.

—En este túnel estamos juntos —murmuró él, bajando el tono a un murmullo denso—. Ya no hay vuelta atrás. Ahora tienes que ser mi esposa de verdad ante cada persona que nos mire.

Antes de que Sofía pudiera responder, el sonido seco, agudo y persistente de una llamada telefónica rompió la tensión del camerino.

Damián no soltó a Sofía de inmediato; la miró a los ojos un segundo más antes de meter la mano en el bolsillo de su saco y sacar el teléfono celular. El nombre en la pantalla hizo que su expresión se endureciera al instante: Lic. Rivas - Juzgado de Familia.

Damián atendió la llamada, pegando el teléfono a su oreja sin apartar la vista de Sofía.

—Licenciada Rivas —contestó con voz impecable y neutral.

Al otro lado de la línea, la voz de la trabajadora social no guardaba nada de la cortesía habitual. Sonaba tajante, distante y cargada de una sospecha absoluta tras el revuelo mediático de la mañana.

—Señor Vaughn —dijo la funcionaria, sin rodeos—. Acabo de ver su rueda de prensa y el informe de la filtración del contrato que circula en todos los noticieros del país. La jueza a cargo del caso de custodia ha convocado una sesión extraordinaria hace diez minutos.

Damián apretó el teléfono entre sus dedos.

—Ese documento es un borrador manipulado por terceros, licenciada, como acabo de aclarar públicamente.

—Eso lo determinará el peritaje legal, señor Vaughn —interrumpió la licenciada Rivas con dureza—. Sin embargo, su declaración sobre el estado de gestación de la señorita Morales ha cambiado drásticamente la urgencia del expediente. Dada la gravedad de las acusaciones de matrimonio por acuerdo financiero, la jueza ha ordenado una diligencia de verificación inmediata.




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