El Contrato del Ceo Irresponsable

Capitulo 24

La luz dorada de la mañana se filtraba suavemente por las rendijas de la ventana de madera, tiñendo las paredes de adobe de un tono cálido y sereno. En la pequeña cama de la infancia de Sofía, el murmullo del viento campesino reemplazaba al constante ruido del tráfico urbano.

​Damián fue el primero en abrir los ojos. Sofía dormía plácidamente a su lado, con la cabeza apoyada en su pecho desnudo y un brazo rodeándole la cintura.

El magnate la observó en silencio durante largos minutos, deslizando la yema de sus dedos por el contorno de su rostro con una delicadeza casi reverente. En su mirada ya no quedaba rastro de la frialdad corporativa ni de la culpa aplastante que solía acompañarlo; había una calma profunda, inédita y absoluta.

​Sofía se removió despacio, pestañeó al sentir la caricia y levantó la vista, encontrándose con los ojos oscuros de Damián resplandeciendo en la penumbra dorada. Una sonrisa dulce se le dibujó en los labios de inmediato.

​—Buenos días —murmuró ella con la voz levemente afónica por el sueño.

​—Buenos días —respondió Damián, inclinándose para darle un beso tierno y prolongado en los labios que hizo sonreír a la joven contra su boca—. No quiero volver a la ciudad. Ni hoy, ni nunca.

​Sofía soltó una risita baja, acurrucándose más contra él.

​—El gran Damián Vaughn renunciando al mundo empresarial para quedarse en una finca de campo... Eso sí sería un titular histórico.

​Damián no sonrió; la expresión de su rostro se volvió seria, aunque impregnada de una ternura desarmante. Le tomó la barbilla con suavidad, obligándola a mirarlo fijamente.

​—Hablo en serio, Sofía. Lo de anoche... lo que hemos construido aquí no tiene nada que ver con papeles ni con el abogado. Cuando regresemos, voy a romper ese maldito contrato de matrimonio de alquiler. Se acabó la farsa, se acabaron las cláusulas y los pagos.

​Sofía contuvo el aliento, sintiendo que el corazón le daba un vuelco en el pecho.

​—Damián... ¿y el juicio de custodia de Leo? Natalia y su entorno están esperando el menor tropiezo.

​—El juicio es dentro de dos semanas, y nuestro equipo legal tiene el caso bajo control —aseguró él con voz firme, besándole la frente con devoción—. En cuanto el juez ratifique la custodia definitiva de mi sobrino y cerremos ese capítulo para siempre, voy a hacer las cosas bien.

Te pediré matrimonio de verdad, Sofía. Ante tu familia, sin abogados de por medio, sin cláusulas de confidencialidad y sin un solo cheque. Quiero que seas mi esposa de verdad, para toda la vida.

​A Sofía se le anegaron los ojos de lágrimas, pero esta vez eran de una felicidad pura e inmensa. Se impulsó sobre el colchón, rodeó el cuello de Damián con ambos brazos y lo besó con una entrega apasionada, sellando una promesa implícita que ninguno de los dos estaba dispuesto a romper.

​A mediodía, tras un desayuno en el porche donde Don Mateo y Doña Elena —ya totalmente recuperada— compartieron risas y anécdotas de la infancia de Sofía con un Damián completamente integrado a la dinámica familiar, los tres abordaron el helicóptero de regreso a la capital.

El trayecto de vuelta fue diametralmente opuesto al de venida: Leo jugaba emocionado en las rodillas de su tío, mientras Damián y Sofía entrelazaban sus manos en el asiento posterior, intercambiando miradas complicitarias que desbordaban una certidumbre absoluta sobre el futuro que iban a construir juntos.

​La felicidad parecía completa, impenetrable y perfecta.

​Sin embargo, a trescientos kilómetros de allí, en un piso de lujo en el centro financiero de la ciudad, la tormenta comenzaba a gestarse en la penumbra.

​Natalia Sterling permanecía de pie junto al ventanal de su estudio privado, con una copa de vino tinto en la mano y la mirada fija en las luces de los rascacielos. A su lado, un detective privado de traje gris colocaba una carpeta de manila sobre la mesa de cristal.

​—Señora Sterling, tal como me lo pidió, rastreé absolutamente todos los registros médicos y las conexiones personales de la clínica donde la señorita Morales se realizó los exámenes de confirmación de embarazo —dijo el investigador con voz neutral.

​Natalia se giró despacio, arqueando una ceja con frialdad calculadora.

​—¿Y qué encontraste? Supongo que el expediente está blindado, como todo lo que toca Damián.

​—El expediente médico es impecable en la superficie, firmado y timbrado según el protocolo legal —respondió el detective, abriendo la carpeta para mostrar una serie de fotografías y diagramas de relaciones—. Pero al cruzar las bases de datos de la facultad de medicina con los registros de la infancia de la familia Vaughn, surgió un detalle que la prensa y los abogados pasaron por alto.

​Natalia caminó hacia la mesa, dejando la copa a un lado y tomando las fotografías.

​—La Dra. Camila Rivera, la jefa de ginecología que firmó personalmente el certificado oficial de embarazo presentado ante el tribunal de custodia... no es una médica contratada al azar —continuó el investigador, señalando una fotografía antigua de un anuario escolar

—. Es la hija del médico de cabecera de la familia Vaughn. Ella y Damián crecieron juntos en el mismo club privado; fueron amigos íntimos durante toda la infancia y la adolescencia antes de que ella se fuera a especializar al extranjero.

​Natalia sostuvo la fotografía del anuario en la mano. La imagen mostraba a un Damián adolescente junto a una joven sonriente sosteniendo un trofeo deportivo.

​Una sonrisa lenta, siniestra y victoriosa comenzó a dibujarse en los labios de Natalia. El descubrimiento no era simplemente una coincidencia médica; era la grieta perfecta que había estado buscando para destruir el escudo impenetrable de su rival.

​—Una amiga de la infancia... —susurró Natalia, pasando las uñas pulidas sobre el papel fotográfico—. La médica que avala un embarazo exprés para salvar un juicio de custodia es la mejor amiga del hombre que necesita desesperadamente ese certificado para no perder a su sobrino.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.