El Contrato del Ceo Irresponsable

Capitulo 35

El sol abrasador de la mañana iluminaba la explanada de granito frente al Tribunal de Familia. Faltaban apenas dos horas para la audiencia decisiva que definiría la tutela permanente de Leo, y la tensión en el ambiente se podía cortar con la filo de una navaja.

​Sofía descendió del vehículo ejecutivo unos minutos antes que Damián, quien se había quedado en la parte trasera revisando los últimos anexos del informe financiero junto a su abogado principal.

Necesitaba aire fresco para calmar las náuseas ligeras que volvían a asaltarle la garganta debido al embarazo que guardaba en secreto.

Ajustándose el abrigo oscuro sobre su vientre aún plano, caminó a pasos tranquilos hacia la entrada lateral del edificio para evitar el cerco mediático que comenzaba a apostarse en las escalinatas principales.

​Sin embargo, al dar la vuelta en el pasaje peatonal que bordea los jardines del juzgado, una figura elegante le cortó el paso de forma abrupta.

​Natalia Sterling vestía un traje de sastre de diseñador en tono crema, con gafas oscuras y una sonrisa cargada de un desprecio venenoso. Caminaba con la arrogancia de quien se sabe acorralada pero se niega a aceptar la derrota.

​—Vaya, mira a quién tenemos aquí —dijo Natalia, quitándose las gafas con un movimiento lento y deliberado—. La modesta sirvienta de provincia jugando a ser la gran protectora de los Vaughn.

​Sofía se detuvo en seco. Mantuvo la espalda erguida, la barbilla levantada y la mirada serena, rehusando mostrar el más mínimo rasgo de intimidación.

​—Natalia —respondió Sofía con una voz pausada, limpia de cualquier tinte de provocación—. Faltan menos de dos horas para que los abogados entren a la sala. No entiendo qué buscas interceptándome en la calle como una pandillera.

​Natalia dejó escapar una risa agria, dando dos pasos hacia ella para acortar la distancia.

—Vine a darte una última oportunidad para que salgas con algo de dignidad de este circo, Sofía. Crees que ganaste porque Damián te trajo de vuelta a su departamento, pero no eres más que un peón temporal. En cuanto esta pesadilla termine y Damián recupere el control absoluto de sus acciones, te va a desechar exactamente igual que la primera vez. Un hombre de su nivel jamás se casaría con alguien de tu calaña.

​Sofía observó a la mujer que tenía enfrente. Detrás del maquillaje impecable y la ropa costosa, solo veía la desesperación de alguien que había perdido todo control sobre su propia trampa.

​—Tu problema, Natalia, es que mides el mundo entero a través del dinero y de las etiquetas —contestó Sofía con una elegancia serena que desarmó el tono altanero de su rival—. Crees que porque llevas un apellido influyente y ropa de alta costura tienes derecho a decidir sobre la vida de un niño huérfano.

Pero te equivocas. Damián no me tiene a su lado por un contrato ni por un estatus social; está a mi lado porque defendemos al mismo niño y porque fuimos los únicos que estuvimos allí para sanar las heridas que tu familia le provocó.

​Los ojos de Natalia se entrecerraron con furia contenida ante la firmeza imperturbable de la joven.

​—No te hagas la santa —siseó Natalia, bajando la voz hasta convertirla en un susurro amenazante—. Sé perfectamente lo que fuiste a buscar a esa clínica ayer por la mañana.

Sé lo del examen de laboratorio. Si piensas que vas a usar ese embarazo para amarrar la fortuna de los Vaughn o para dar lástima ante la jueza Rivas, te juro por mi vida que me encargaré de destruirte en la prensa antes de que pises ese estrado.

​Sofía sintió un latigazo de hielo recorrerle la espalda al escuchar la mención de su estado, pero no cedió ni un solo milímetro de terreno. Apreto los puños dentro de los bolsillos del abrigo y dio un paso al frente, encarando a Natalia cara a cara.

​—Puedes filtrar lo que quieras a los periódicos, Natalia —respondió Sofía con una frialdad indestructible—. Puedes pagar a todos los reporteros de la ciudad y publicar las calumnias que se te antojen. Pero la diferencia entre tú y yo es que yo no necesito esconderme detrás de chantajes corporativos ni de firmas fantasma para sostener mi verdad.

Mañana tu familia tendrá que explicarle a un tribunal penal por qué querían vender la vida de Leo a un internado suizo para pagar deudas de juego. Así que no intentes intimidarme con la prensa, porque la única cuya carrera y reputación van a quedar reducidas a cenizas en cuanto abran esa audiencia eres tú.

​Cada palabra de Sofía cayó sobre Natalia como un mazo devastador. La humillación de verse descubierta y la impotencia de no poder quebrantar la dignidad de la mujer que tanto despreciaba terminaron por hacerle perder la compostura a la heredera.

​Ciega de rabia, con el rostro desencajado por el odio, Natalia alzó la mano y empujó a Sofía con brusquedad contra el hombro.

​—¡Maldita seas! —gritó Natalia fuera de sí.

​El empujón, aunque no fue extremadamente violento, tomó a Sofía desprevenida sobre el pavimento resbaladizo del pasaje. Con el equilibrio roto y el instinto visceral de proteger su vientre a toda costa, Sofía dejó escapar un ahogado grito de sorpresa mientras su cuerpo comenzaba a caer hacia atrás contra el borde de piedra de los jardines.

​Pero el impacto jamás llegó.

​Un brazo robusto y firme como una barra de acero cruzó el aire en una fracción de segundo, atrapando a Sofía por la cintura justo a tiempo. El impulso la depositó directamente contra el pecho ancho y protector de Damián, quien la envolvió con una fuerza instintiva, sosteniéndola en el aire con absoluta firmeza antes de que tocara el suelo.

​El corazón de Sofía percutía a mil por hora contra las costillas. Al levantar la vista, se encontró con los brazos de Damián rodeándola por completo, mientras el rostro del magnate se transformaba en una máscara de pura furia homicida.

​Damián aseguró a Sofía sobre sus pies, colocándola suavemente detrás de su espalda en un gesto de protección absoluta. Luego, dio un paso implacable hacia Natalia.




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