El Gran Salón del Hotel Ritz resplandecía con la opulencia rancia de la élite corporativa. Beatriz, la tía materna de Leo, junto a Natalia Sterling, habían organizado una subasta benéfica con un único propósito en mente:
tendere una trampa pública a los recién declarados "futuros padres". Una invitación formal e ineludible había sido enviada a la residencia Vaughn; rechazarla habría confirmado las sospechas de miedo y falsedad que la prensa no dejaba de alimentar.
Al cruzar las puertas de roble, las miradas de los asistentes cayeron sobre ellos como un peso físico.
Sofía lucía un vestido de corte imperio en tono rosa empolvado, de talle alto y falda fluida que disimulaba la figura de manera elegante. A su lado, Damián vestía un esmoquin negro impecable. Mantenía la mano firme sobre la cintura de la joven, pegándola a su costado en un gesto posesivo que enviaba un mensaje claro a los fotógrafos.
—Sonríe —le susurró Damián al oído, rozándole la mejilla con los labios en una muestra de afecto ensayada—. Solo tenemos que mantener la compostura dos horas.
—Siento que estamos caminando por un campo minado —murmuró Sofía entre dientes, obligándose a sostener una sonrisa serena mientras apretába los dedos alrededor del brazo de él.
No pasaron ni veinte minutos cuando Beatriz y Natalia abordaron a la pareja. Beatriz, una mujer madura de rostro rígido y joyas ostentosas, llevaba dos copas de cristal alto en las manos, llenas de un champán reserva de alta graduación.
—Damián, querido... Sofía —saludó Beatriz con una voz empapada de falsa cordialidad, mientras Natalia observaba la escena a su lado con una sonrisa calculadora—. Qué alegría que hayan venido. La prensa ha estado insoportable, pero verlos aquí juntos demuestra lo... unidos que están.
—Hacemos lo necesario por la tranquilidad de la familia, Beatriz —contestó Damián con un tono de voz helado.
—Por supuesto —interrumpió Natalia, haciendo un gesto a un camarero que llevaba una bandeja con más copas de vino tinto añejo—. Debemos brindar por la maravillosa noticia. Un nuevo integrante para la dinastía Vaughn merece un homenaje a la altura.
Beatriz le extendió una copa de cristal a Sofía, mientras Natalia le ofrecía otra a Damián. Los ojos de las dos mujeres estaban fijos en la mano de Sofía, esperando el menor atisbo de duda.
El dilema era letal. Si Sofía rechazaba la copa categóricamente argumentando su estado, las sospechas se calmarían por un segundo, pero si Natalia insistía en presionarla para que probara un sorbo "simbólico" de la cosecha exclusiva y ella se negaba rotundamente ante los ojos de la prensa, parecería una evasiva ensayada. Por el contrario, si aceptaba la copa pero la dejaba intacta sobre alguna mesa, las cámaras captarían el detalle de inmediato. Peor aún: Natalia había preparado un brindis de honor donde exigía que la futura madre alzara su copa y bebiera a la salud del bebé ante todos los empresarios presentes.
Sofía sintió un sudor frío en la nuca. Aceptó la copa de champán por puro instinto para no dar un espectáculo, sintiendo el peso de la trampa cerrándose sobre su cuello.
—Por el nuevo heredero —anunció Beatriz en voz alta, atrayendo la atención de los socios de las mesas contiguas—. Sofía, por favor, dinos que vas a probar aunque sea una gota de esta cosecha especial. Es una tradición familiar.
Las miradas de una docena de inversionistas y tres fotógrafos encubiertos se posaron sobre la joven. Sofía levantó la copa hacia sus labios, congelada, sabiendo que si bebía una sola gota del alcohol de alta graduación, la noticia de que una mujer supuestamente embarazada de pocas semanas consumía vino se convertiría en el titular de portada a primera hora de la mañana, destruyendo su imagen de madre responsable ante el juzgado.
Antes de que el cristal tocara la boca de Sofía, la mano de Damián se movió con la rapidez de un rayo.
El magnate envolvió los dedos de Sofía con la suya, frenando el movimiento a un milímetro de sus labios. Con una soltura pasmosa y una sonrisa de absoluta devoción, Damián le quitó la copa de las manos sin romper el contacto visual con ella.
—Me temo que mi esposa tiene prohibido categóricamente tocar una sola gota de alcohol por órdenes estrictas de nuestro médico —dijo Damián con una voz profunda que resonó en el círculo de invitados—. Y como soy un esposo abnegado, no puedo permitir que un champán tan fino se eche a perder... así que me toca asumir el sacrificio por los dos.
Sin darle tiempo a Natalia ni a Beatriz para reaccionar, Damián se llevó la copa de Sofía a la boca y se bebió el contenido entero de un solo trago largo y fluido.
Natalia abrió ligeramente la boca, descolocada por la maniobra.
Damián dejó la copa vacía en la bandeja de un camarero que pasaba al lado y, antes de que las dos mujeres pudieran articular una sola palabra para continuar con el acoso, rodeó la nuca de Sofía con su mano grande y la atrajo hacia sí.
Inclinó la cabeza y le estampó un beso apasionado, hambriento y profundamente posesivo directamente en los labios, frente a las dos mujeres y bajo el destello repentino de las cámaras de la prensa.
No fue un roce tímido. Damián aprisionó la cintura de Sofía contra su cuerpo con la firmeza de quien reclama lo que es suyo, profundizando el beso en una exhibición de fuego y química real que dejó a la joven sin aliento.
El sabor amargo del champán se mezcló con el calor de la boca del magnate, enviando una descarga eléctrica por la espina dorsal de Sofía. Sus defensas se desmoronaron de nuevo en cuestión de segundos; sus manos subieron por el saco de esmoquin de Damián, aferrándose a la solapa para no perder el equilibrio.
Los murmullos de asombro y los aplausos discretos de algunos invitados resonaron en el salón.
Cuando Damián se separó despacio, sus ojos oscuros ardían con una mezcla de adrenalina y desafío absoluto. Mantuvo a Sofía sujetada por la cadera, apoyando la frente contra la de ella un segundo mientras la joven intentaba recuperar el aire con las mejillas encendidas en un rubor violento.
#150 en Novela contemporánea
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Editado: 26.09.2026