La mente entre los paneles de metal

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La tarde se desvanecía sobre aquel sitio en el que Room nunca antes había estado. La concurrencia se había serenado un poco y las conversaciones resultaban ahora más inteligibles.

- Para desactivarla como usted propone - dijo Fasser -, deberíamos acercarnos lo suficiente al droide, a su cabeza, por lo menos, y eso no será posible.

- ¿Al menos alguien sabe en dónde se encuentra ahora? - preguntó Room.

- Hasta ahora no hay ninguna novedad al respecto - dijo Fasser-. No sé quién está dirigiendo la operación. Tal vez sea Jeremy.

- No - dijo Room-, él estaba conmigo cuando se estaban realizando las explotaciones. Ahora mismo está con el otro contingente ayudando a acomodar a los recién llegados. Es otro, y lo estuvo haciendo desde la torre de control principal.

- Bien- dijo Fasser-, no importa. Por ahora no podremos hacer nada. Tendremos que esperar alguna indicación de quien sea que esté organizando todo esto. Le dije, una y otra vez a Hatcher, que debíamos reforzar la extremidad superior del droide antes de llevarlo a la estación. Todo esto es culpa de él. Mire lo que ha causado su desidia... Y esto recién empieza.

- ¿Así que usted también estuvo en el proyecto? - dijo Bennie-. Todos los días aparece un nuevo involucrado. ¿Cuántos más sabían de lo peligroso que era esto?

- No es el momento de hablar de eso - dijo Fasser-. Está llegando otro nuevo grupo de evacuados y debemos ubicarlos en nuestro sector y ya casi no cabe nadie más aquí.

- ¿Qué es este lugar? - preguntó alguien.

Pero nadie respondió. La multitud empezó a moverse hacia otras regiones tratando de no abandonar por completo el sector, dirigida ocasionalmente por un hombre uniformado y a veces por el propio Fasser, quien al parecer había adquirido alguna clase de autoridad en ese lugar.

A través de esa dispersión Room pudo distinguir la presencia de Kent, quien se movía nerviosamente entre los nuevos evacuados que empezaban a llegar, como si buscara a alguien en particular.

- ¿Pero qué está sucediendo? - preguntó otra voz perdida entre tantas voces.

Entonces Kent caminó hacia la tarima que estaba en el centro de esa confusión y se subió a ella con la impetuosidad de un orador profesional.

- Bien- dijo-. No se ha logrado detectar una sola señal del droide. Lamentablemente, no tenemos la menor idea de dónde está. El problema es más grave de lo que pensábamos, y ahora vendrá el ingeniero Allan Fast a explicarles por qué, y cuáles son las medidas que deberemos adoptar. Algunos neurones, ya fuera de nuestro control, han destruido 15 de nuestros satélites principales. Hemos perdido toda posibilidad de comunicación con nuestras propias torres de vigilancia, y con el resto del mundo también. Posiblemente, este refugio nos resultaría insuficiente en poco tiempo, y tendremos que movernos, nuevamente, hacia otro lugar.




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