La mente entre los paneles de metal

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- Y si estuviera Rainer o el aborigen dentro de esa cabeza de metal, ¿qué diferencia habría? - dijo Sterner.

- En el documento se mencionaba que, si regresara en un futuro, el emperador vengaría la caída de su civilización - comentó Kent-, destruyendo la civilización que en ese momento estuviera dominando el mundo. Por lo tanto, a toda la humanidad. En realidad, no habría mucha diferencia, tal vez sólo con respecto a los procedimientos. Pero apuesto a que, estoy casi seguro de que, es Rainer quien está dentro de esa máquina, la mente de Rainer. Y no sólo por la última detección. Lo digo por... Bien, no sé por qué lo digo, es un presentimiento, supongo. Además, no sé si una mente primitiva sería capaz de descifrar los códigos de regulación de cada uno de los neurones y hacerlo, además, de manera simultánea.

- El núcleo intelectual puede multiplicar cualquier inteligencia - dijo Room-. Ponerla en contacto con sus propias funciones, y con el sistema que reproduce y optimiza los circuitos neuronales. La adapta a sí mismo, la lleva hasta su propio nivel de pensamiento. La mente transferida no controla a la máquina, ni la máquina a la mente. Ambas se unifican, si el proceso de adaptación no falla. Pero, no lo sé, tomando en cuenta el accidente, no sé qué tan bien funcionaría ahora esa máquina; podría existir un cierto distanciamiento entre la mente transferida y el núcleo intelectual artificial. La mente podría identificarse a sí misma como un objeto atrapado dentro de un mecanismo extraño. Creo que ya hemos señalado esto, y en tal caso no se podría hablar de una unificación total. Pero, bien, ni siquiera sabemos si hay allí una mente transferida. Quizá no la haya. Lo mismo da. Yo he propuesto ya una estrategia para detener esto. Quisiera saber si a alguien se le ha ocurrido otra, ya que mi propuesta ha sido considerada insuficiente.

Un enorme silencio sucedió a estas palabras. La multitud observaba a Room sin saber qué responder. Kent comenzaba a sentir un nerviosismo muy particular, un nerviosismo que nunca antes había sentido. Una necesidad de que todo lo que estaba viviendo termine de inmediato.

- ¿Dónde está Jeremy?-preguntó de pronto Room.

- No lo he encontrado - dijo Kent-. Allá, en el otro sector, ya hay demasiada gente. Tampoco he podido localizar a Hatcher. Y no creo que sea conveniente perderlo de vista. Ya sabemos la obsesión que tenía con aquel artificio antiguo, su necesidad de ponerlo a prueba a cada rato... ¿Creen que sería capaz de alejarse de un proyecto como aquél o abortarlo? ¿Y por qué no vino con los contingentes de evacuados? Su nombre no está en ninguna de las listas, y él es un ciudadano más de nuestra ciudad.

- ¿Revisó todas las listas? - preguntó Room.

- Todas - dijo Kent-, y su nombre no figura en ninguna.

- Yo no lo he visto - dijo Bennie -, en ninguno de los dos sectores.

- El droide no necesita de ningún ser humano que lo ayude- dijo Sterner-. Creo que no vale la pena que nos preocupemos por lo que pueda hacer Hatcher. Sigamos con lo que estábamos tratando de resolver, por favor. No podemos seguir perdiendo el tiempo.

Kent trató de decir algo, vaciló, su mirada volvió a recorrer los rostros que lo rodeaban, en busca del rostro de Jeremy, o de Hatcher. No podía dejar de pensar en ninguno de ellos. Otra vez ese calor, esos mareos. Buscó un lugar donde sentarse mientras la multitud se desplazaba nuevamente hacia otra zona dentro del mismo sector y se escuchaban unos lejanos estruendos.

Nieve. Nieve en su cara, en sus ropas de cuero reforzado. Recordaba sus manos apretando la nieve, hundiéndose en esa blancura que parecía interminable. Rainer no estaba allí, con el grupo, y tampoco con Kent cuando Kent se quedó solo. Se había ausentado durante algunas horas.

¿Para hacer qué?




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