Murdok: Buscando una esposa

Cap 22

Valentina

Regla número uno, jamás te involucres con un cliente.

¿Y qué es justamente lo que acababa de hacer? Insultar a uno mientras está semidesnudo.

Cerré la puerta de la segunda habitación con rapidez, sentía que el rostro me ardía, ¿quién le dio el derecho a un hombre mayor por diez años de tener tremendo cuerpo?

Todo en esta ecuación estaba mal.

Tomé mi celular, ¿qué es lo que Murdok había hecho?

¿Cómo es que Ben pudo llamarme? ¿No sé supone que había bloqueado su contacto después de la pelea que tuvimos?

¿O estaba demasiado abría para presionar los botones sencillos de "bloquear" y "eliminar"?

Desde lejos ví como es que Murdok había contestado por mí, no era estúpida, sé que entendí una frase en ruso... Bueno, que escuché.

Suelto un suspiro mientras busco en el registro de llamadas, el símbolo del teléfono en color verde apunta a que él no mentía.

Marqué una sola vez. La otra línea se escuchó perfectamente.

—¿Está vez si eres tú, linda? —dice Ben, con una voz sarcástica, casi puedo ver como tiene levantada una ceja.

—No me llames así. Solo te he llamado para disculparme por lo que sucedió hace un segundo.

—¿Ah sí? ¿Y qué tal si mejor explicas quién era él que contestó?

—¿También tú quieres explicaciones? Porque los hombres se creen con tantos derechos sobre mí —murmuro, rodando los ojos.

—Entonces si lo conoces.

—No soy yo quien tiene que dar explicaciones, pensé que habíamos quedado en un acuerdo Ben. No me buscarías, además, ¿de qué sirve hacerlo ahora?

—He estado pensando en ti, linda. No estoy seguro de que las cosas entre nosotros hayan terminado de la mejor manera.

—¿Las cosas entre nosotros? Es gracioso, porque según lo que recuerdo, nunca fuimos nada, y ya es tarde para que intentes hacerte el sufrido con esto.

—Vamos, nunca es tarde para comenzar de nuevo.

—Para mí lo es. Escucha, no creo que seas un mal sujeto, pero tú y yo no somos compatibles, lo que pasó lo demuestra.

—Escuché que quieres salir de fiesta.

—¿Quién te dijo eso?

—¿Quién más? La princesa.

—¿Génesis? —me mordí el labio, solo le pedí una cosa, y parece que le dije lo contrario. Pero eso me sucede por haberme involucrado con uno de sus amigos.

Ben Nikols, era parte del equipo de la empresa de licor que proveía a la mayoría de negocios de Nueva York. Manejaban una alta gama de alcohol, desde vinos hasta bebidas refrescantes frutales.

Lo había conocido hace un par de meses, durante una de las fiestas que la familia de Génesis organizaba, él estaba como representante de los vinos, y casualmente se llevaba bien con mi eufórica amiga.

Tenía el cabello a los hombros, de color castaño oscuro, vestía de manera casual junto a una sonrisa de perlas que encantaba a la audiencia a su alrededor.

Admito que fue mi culpa, en esos meses había tenido una pelea con mi madre, así que esa noche accedí a beber con el grupo de amigos de Génesis. Esperando que el rumor de que ahogarse en las copas podía consolar la tristeza de uno.

Cinco meses atrás

—¿Qué tienes, Val? Estás algo distraída hoy, ¿quieres que te acompañe a tomar aire? —decía Génesis preocupada, dejando a un lado su copa de champagne.

—Estoy bien, solo creo que este vino espumoso es demasiado fuerte para mí —le sonreí mintiendo.

—¿Segura? Sé que no eres de venir a muchas fiestas, de hecho me sorprendió que aceptaras la invitación.

—Quería salir de casa, y tus padres son considerados al invitarme.

—Ellos están agradecidos por lo que hiciste, ya sabes, presentarme a Frank. No podrían estar más felices.

—¿Sabes qué? Creo que me haría bien respirar unos minutos.

—Vamos, te enseño el jardín.

—Vaya, por fin tengo el gusto de conocerte —interrumpió una voz melodiosa desde el frente, alcé la mirada solo para encontrarme con lo que uno llamaría un lobo en plena temporada de apareamiento.

—Ben, no es un buen momento —contestó Génesis, esquivandolo.

—¿Está todo bien?

—Mi amiga quiere salir por aire fresco. Después podemos hablar, si me disculpas...

—Puedo llevarla, si no te molesta, señorita misteriosa —interrumpió él dándome una mirada de pies a cabeza.

—No creo que Val este de acuerdo, no le gustan los desconocidos.

—Mi nombre es Ben Nikols, amigo de Génesis. Puedes confiar en mí —él extendió su mano hacia mí, como si no sintiera la cabeza dándome vueltas.

—Señorita Génesis, su madre la está buscando para dar el discurso de agradecimiento —una camarera se acercó, pude ver cómo mi amiga dudaba en dejarme sola.

—Ve, no querrás que tu madre se enfade por esto. Todavía puedo caminar, no me haría mal compañía —asentí, aunque ella parecía desconfiada aceptó al final por mi insistencia.

Génesis se alejó con el vestido rojo apresurada, sin quitarnos los ojos de encima. Que indicaba que sabía de las intenciones del misterioso joven a mi lado.

—¿Entonces? ¿Te llevo a conocer los bellos jardines?

—Solo indícame dónde están, después de eso puedes regresar de dónde viniste.

—Nunca te había visto en una de las fiestas de los King —contestó ignorando mi tono cortante, comenzamos a caminar a dónde las luces se hacían más brillantes gracias al ventanal que indicaban decoración excesiva en la parte exterior.

—Es la primera vez que vengo.

—Genesis es bastante mimada, me sorprende que hayas podido compaginar con ella.

—Es amable, ella fue lo que no me suelta, así que no me quedaba alternativa más que disfrutar el momento.

—¿Te llamas Valentina, verdad? Es un buen nombre.

—Gracias —analizaba su rostro, sus movimientos suaves, lleno de confianza, un león que se creía el rey de la selva. Caminábamos juntos hacia un pasillo lleno de áreas verdes y linternas de cristal.

—Supongo que tú debes conocer a Génesis hace tiempo.

—Viejos amigos de la universidad, además su familia es un consumidor de la empresa donde trabajo, así que somos sus principales aliados durante las grandes fiestas que ofrecen.




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