El elevador se cierra en un instante, allí estoy delante de un hombre que debería mantener a cierta distancia de mí.
En vez de eso estoy en un hotel, en una misma habitación.
—¿Ya sabes que quieres pedir? El restaurante es famoso por sus cortes de carne.
—Veré la carta antes de ordenar algo —contestó con sequedad, no quiero que se de cuenta de mi estado de ánimo.
—¿No piensas decirme quién es ese "Ben"? Te pagaré extra su me lo dices.
—No puedes comprar todo, Murdok.
—No es comprar, es solo un incentivo para convencerte.
—¿Por qué te interesa tanto saber? Es solo una llamada.
—De un hombre.
—¿Y qué?
—No me gusta pensar en que hay hombres que tienen tu número.
—Trabajo con muchos hombres, seguro te daría un ataque al corazón saber cuántos contactos tengo.
—Eso es diferente, no soy un tipo celoso.
—Si eso fuera cierto, te importaría poco lo de la llamada.
—Me interesa saber quién es ese hombre porqué no se refirió a ti de forma respetuosa, como lo haria un cliente.
—No puedo creer que tengamos está conversación.
—Somos amigos, los amigos se comparten esta clase de datos.
—¿Ah si? ¿Qué tal si me hablas de tu vida personal, a ver qué te parece?
—Pregunta lo que quieras.
—¿Tienes amigos? —suelto sin pensar, la verdad tenía curiosidad, un hombre de su edad debía tener al menos alguien con quién hablar. Debía buscar un apoyo en este proceso, viendo que Murdok estaba encaprichado con hacerme su *amiga".
—Lo dices como si fuera imposible.
—Nunca habló de alguien especial en sus entrevistas.
—Mis entrevistas son sobre negocios, finanzas, altas y bajas del mercado.
—Por eso te pregunté.
—La mayoría de amigos te tuve fueron en la universidad gracias a la fraternidad. Perdí contacto con la mayoría, pero sigo visitando a Carter. Tiene un club no muy lejos de donde vivo.
—Carter. Un club. No suena como alguien que sería tu amigo.
—Es un club normal, no una discoteca a la que te gustaría ir con "Génesis King".
—¿Cómo sabe su nombre? Espero que no la hayas estado siguiendo también.
—No. Solo que sube demasiadas fotografías a sus redes sociales, le falta algo de privacidad.
—Le gusta compartir todo. Es amante de los recuerdos.
—¿Cómo la conociste? Supe que no hace mucho que son amigas.
—Por mi trabajo. Sus padres fueron amables al conocerme, a veces asisto a sus fiestas.
—Entonces estarás enterada de la fiesta de beneficencia. Cerca de navidad.
—Sí. No me digas, ¿estás invitado?
—Quizá. Están buscando anfitriones, y mi madre es amante de organizar cosas como esa.
—Suena como alguien alegre. No se parecen en nada.
—Soy alegre.
—¿Qué no has escuchado todo lo que dicen de ti? Aterrorizas a la gente.
—Son solo rumores. Tú no me tienes miedo.
Si tan solo supiera.
—¿Ya le contaste a tus padres sobre tu matrimonio?
—No realmente.
—Si anuncias una boda, estarán dudando de la veracidad.
—Mi madre solo quiere tener una nuera.
—Debe estar ansiosa por tener nietos, la mayoría de suegras cariñosas es lo que quieren.
—Se pasa consintiendo a los hijos de las empleadas que tiene en su casa, a pesar de todo siempre fue amante de los niños.
—Ya veo. Es raro que solo tuviera un hijo.
Murdok se quedó callado.
—Si quiso tener más, pero le fue complicado. Se tuvo que conformar conmigo.
Sonaba triste al decirlo.
—No quería decir nada malo.
—No lo hiciste. ¿Y tú? Parece que no hablas sobre tu madre.
—Es complicado. No nos llevamos bien.
—¿Para qué quieres que busque a los informantes que le venden información a Zoey Larson? Entiendo que están rebasando tu privacidad, pero parece más grande que eso.
—Cuando vine a Nueva York, dejé muchas cosas atrás para beneficio de todos. Es mejor que se quede así.
—Está bien.
Las puertas se abrieron. Murdok me señaló el camino a un gran salón, con varias mesas decoradas de color oro. Había un candelabro gigante en el techo.
—Tengo una reservación —dijo Murdok a la señorita encargadas.
—Claro, por aquí.
Nos llevó hasta una mesa justo en el centro, habían más comensales que apenas nos voltearon a ver.
—Hoy no hay tanta gente —solté acomodandome en la silla, que Murdok me había ayudado a sacar.
—Estan ocupados en el evento.
—No pensé que fuera a terminar aquí.
—¿No sales a menudo?
—Lo hago, pero es más por trabajo. Cuando tengo las reuniones con mis clientes para las bodas o cuando agendo citas.
—¿Hace cuanto que no sales con alguien? ¿En un estilo romántico?
—Unos meses.
—¿Meses? —un tono irritado salió de su voz gruesa.
—¿Qué? ¿Vas a decirme que soy una fácil?
—No. Solo me sorprendí.
—Las mujeres también pueden salir en citas ocasionales, no hay nada de malo en eso. Te puedes ver joven, pero se me olvida que ya llevas cuatro décadas existiendo.
—No tengo ninguna opinión sobre eso. Veo que tú si tienes un problema con la edad, ¿te disgusta saber que todos se refieran a mi como "señor Smarnova"?
—No es que me moleste. Solo que es extraño saber que se puede tener una conversación con alguien mayor.
—Deja de fijarte en la edad.
—Es inevitable.
—¿Qué? ¿Entonces preferirías estar en una cena con un universitario sin control?
—No fue lo que dije.
—Así sonó para mí.
—Eres infantil.
—¿Infantil? Decidete milaya, ¿o tengo un pie en la muerte o soy apenas un niño?
—Ambos. Es inexperto en las relaciones.
—Ayudame a mejorar. Para eso te contraté.
—Exactamente. Pero ya se terminó la asesoría de citas.
—¿Qué? ¿Vas a irte? —lo miré, sus ojos obscuros de repente se apagaron, aún no comprendía cómo un hombre él podría sufrir tanto por que pudiera dejarlo solo un momento.
—No, pero ya han pasado horas desde que esto se termino.
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Editado: 26.09.2026