Remnant: Wren

CUARENTA Y OCHO HORAS

03

CUARENTA Y OCHO HORAS

Las cuarenta y ocho horas pasaron y no encontraron nada.

Oliver amplió las búsquedas. Habló con la Interpol, con la unidad de menores de la Policía Nacional, con un contacto en Scotland Yard que le debía un favor desde un congreso de Europol hacía dos años. Mandó la descripción de Wren, el nombre, la palabra "Vaz", la descripción de los zapatos —marca borrada intencionalmente, costura con un patrón específico— a seis países distintos.

Nada.

Era como buscar a alguien que no había existido hasta la madrugada del martes en una calle de Villaverde.

El capitán Riera, cuando Oliver le presentó el informe, leyó cada página con la misma expresión de siempre y luego miró por encima de las gafas.

—¿Y?

—Nada, capitán. Cero coincidencias. No está en ningún registro.

—¿La niña sigue sin hablar?

—Ha escrito algunas cosas. Nombre: Wren, sin apellido. El hombre que la trajo se llama Vaz. Nada más.

Riera dejó el informe sobre el escritorio.

—Hay que transferirla a custodia de menores.

—Con todo el respeto, capitán, si la transferimos ahora perdemos el único hilo que tenemos. Ella habla, aunque sea poco, y habla conmigo. Si la movemos a un centro donde no haya nadie que hable inglés...

—Villa —dijo Riera, y su tono era de paciencia profesional—. No es una investigación. Es una menor sin identificar.

—Pero algo no cuadra, capitán. Sin registros, sin búsqueda de ningún familiar, con zapatos que sugieren que lleva semanas o meses moviéndose a pie... Esta niña no escapó de una mala situación doméstica normal. Hay algo más.

Un silencio.

—¿Qué propones?

—Dame una semana más. Sigo buscando su origen y mantengo comunicación con ella. Carmen Valls ya habló con el juzgado de menores y pueden darnos una prórroga de custodia provisional.

Riera lo miró durante un tiempo que parecía diseñado para incomodar.

—Tres días —dijo finalmente—. Tres días más. Y no descuides tu trabajo regular.

—No, capitán.

Cuando Oliver salió del despacho, Dante lo estaba esperando en el pasillo con los brazos cruzados y la expresión de quien ha estado escuchando a través de una puerta sin escuchar a través de una puerta.

—¿Cuánto?

—Tres días.

—¿Suficiente?

—No lo sé. —Oliver miró hacia la sala donde estaba Wren—. Pero es lo que hay.

Dante asintió.

—Oye —dijo, más bajo—. Hay algo que quería mencionarte. Ayer, cuando saliste a comer, había un tipo en la acera de enfrente. Estuvo ahí como veinte minutos.

—¿Un tipo?

—Mirando el edificio. No hacía nada, solo estaba ahí. Cuando salí a verlo de cerca, ya no estaba.

Oliver frunció el ceño.

—¿Descripción?

—Mediana edad. Ropa normal. No parecía homeless ni turista perdido. —Dante se encogió de hombros—. Probablemente nada. Solo quería mencionarlo.

—Bien hecho.

—¿Lo anoto?

Oliver pensó un momento.

—Sí. Anótalo.

Los tres días siguientes los pasó Oliver dividido entre el trabajo regular —que en Villaverde era un flujo constante de incidentes menores, disputas de vecindad y accidentes de tráfico— y los ratos que encontraba para sentarse con Wren.

No la interrogaba. Eso era importante. Nunca lo hacía sentir como una interrogación. Simplemente estaba ahí, en la silla del lado, con el cuaderno entre los dos, y hablaba. A veces de cosas sin importancia —el tiempo, el café, la baraja de cartas— y a veces de cosas más reales, sin presionar, sin exigir nada a cambio.

Le contó que había nacido en Cochabamba, en Bolivia, y que había venido a España con su madre cuando tenía ocho años porque su madre era de Salamanca y había vuelto a casa. Le contó que el español de Bolivia suena diferente y que en el colegio lo habían imitado durante meses hasta que dejó de sonar diferente. Le contó que aprendió inglés viendo series americanas con subtítulos en español, que era el método más ineficiente posible y también el único que le había funcionado.

Wren escuchaba todo. No respondía a mucho. Pero escuchaba, y Oliver había aprendido a distinguir el tipo de silencio que era indiferencia del tipo que era atención.

Al segundo día, Wren escribió algo sin que Oliver le hubiera preguntado nada.

Why are you a policeman if you seem like you don't want to be one?

Oliver miró la frase durante un momento.

—¿Parezco que no quiero?

Wren asintió.

—Es complicado —dijo Oliver—. Mi padre... un día vinieron policías a nuestra casa. Y se lo llevaron. Porque los papeles no estaban bien. Tenía dieciséis años y no pude hacer nada porque no entendía el sistema. Pensé que si entendía el sistema, si estaba dentro de él... —Se detuvo—. No sé. Es una razón estúpida.



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En el texto hay: supervivencia, militar, aventura accion

Editado: 11.10.2026

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