07
EL COMUNICADOR
Al día siguiente —o lo que Oliver estimó que era el día siguiente basándose en los ciclos de luz artificial que la instalación parecía mantener en un ritmo de dieciséis horas encendido, ocho apagado— llegó una guardia con comida.
Era una mujer joven, probablemente veinticinco años, uniforme sin insignias, que abría la puerta lo justo para deslizar la bandeja adentro y volvía a cerrar antes de que Oliver pudiera hacer nada más que verle la cara. Profesional. Entrenada. La clase de persona que sabe que el contacto visual prolongado con los prisioneros es una vulnerabilidad.
Pero en la segunda bandeja —la que deslizó sin variación aparente del procedimiento, idéntica en forma y tamaño a la primera— algo era diferente.
Oliver no lo notó inmediatamente. Fue mientras comía, un arroz sin sabor con algo que podría ser pollo, que su cuchara golpeó algo en el fondo del plato que no era arroz.
Lo sacó con cuidado.
Era pequeño. Del tamaño de un botón, metálico, plateado. Un dispositivo. Tenía un solo botón en la superficie, apenas perceptible al tacto, y en un lado, casi invisible, un pequeño componente curvado que podría ser un auricular de conducción ósea.
Oliver lo miró durante un tiempo.
Luego, tomando una decisión que sabía que podría ser un error, lo puso en su oído y presionó el botón.
Un silencio. Luego, estática. Luego, una voz.
Masculina. De mediana edad. Con el tipo de calma que no es natural sino entrenada, la clase que viene de años de tomar decisiones bajo presión.
—Buenas. ¿Me recibe, policía?
En español. Perfecto, sin acento identificable.
—Le recibo —dijo Oliver en voz muy baja.
—Bien. Tiene que hablar bajo, no porque ellos puedan escucharlo a usted —el comunicador está encriptado— sino porque los micrófonos de la celda son direccionales y si habla hacia la pared en lugar de hacia la puerta quedará en el rango muerto. ¿Está hablando hacia la pared?
Oliver se giró hacia la pared.
—Ahora sí.
—Perfecto. Me llaman Corvus. Soy director de operaciones de campo de una organización llamada Axil. No es una organización que vaya a encontrar en ningún registro oficial porque trabajamos en los espacios donde los registros oficiales no llegan. Eso puede sonar a amenaza. No lo es. O no lo es para usted.
—¿Qué es Axil?
—Una respuesta honesta: somos lo que queda cuando los gobiernos crean un problema y luego miran hacia otro lado. Llevamos catorce años monitoreando a Kronovus Biotech y lo que ocurre en sus instalaciones.
—¿Kronovus Biotech?
—Es donde está usted ahora mismo. Oficialmente, una empresa farmacéutica con sede en Sidney, Australia. Investigación en patógenos, vacunas, biotecnología avanzada. Cuatro instalaciones en el mundo, tres de ellas legales. Esta no lo es.
Oliver procesó la información. Australia. Mei tenía razón sobre el hemisferio sur.
—¿Qué hacen aquí?
—Muchas cosas. Las que nos interesan a nosotros, y lo que le debería interesar a usted, tienen que ver con la niña.
Oliver no respondió de inmediato.
—Continúe —dijo.
—La niña que usted llama Wren es el activo más valioso que Kronovus ha tenido en años. No porque sea quién es, sino porque es lo que lleva dentro. ¿Sabe algo sobre el Remanente?
—Nada.
—Hace veinte años, Kronovus desarrolló un agente biológico que llamaron Remanente. Era, en sus términos, un modificador de comportamiento celular. En términos más claros: algo diseñado para alterar la biología humana de maneras específicas. Fue probado. Los resultados fueron... catastróficos. La mayoría de los sujetos murieron. Pero en una pequeña minoría, el Remanente no mató. Se quedó. Se adaptó. Y en esos sujetos hizo algo que los científicos de Kronovus llevan dos décadas intentando entender.
—¿Qué hizo?
—No lo sabemos con exactitud. Eso es parte del problema. Pero sabemos que Wren es, que sepamos, la única persona en el mundo donde el Remanente ha permanecido activo durante un período prolongado sin matarla. Y eso la convierte en algo que Kronovus quiere con una urgencia que no tiene precedentes.
Oliver se apoyó en la pared.
—¿Qué van a hacerle?
—Extracción. Quieren sacar el Remanente de ella —junto con suficiente material genético como para replicarlo— y usarlo como base para desarrollar... digamos que armas biológicas de nueva generación. El mercado es amplio. Los compradores, peores que la empresa.
—Entonces Wren va a...
—Va a morir en el proceso. Sí. A menos que alguien la saque antes de que lleguen a ese punto.
Oliver cerró los ojos. Los abrió.
—¿Dónde está?
—En el nivel de laboratorio. Cinco pisos por debajo de donde usted está ahora. La llaman Sujeto Primario en los documentos internos, que es la clase de lenguaje que usan cuando no quieren pensar en que los sujetos primarios tienen nombre.