Remnant: Wren

VAZ

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VAZ

Lo encontraron en el sector A, tal como Corvus había dicho: un hombre de unos cincuenta años, más delgado de lo que sus huesos sugerían que debería ser, con el pelo gris y los ojos de alguien que lleva mucho tiempo calculando el daño de sus propias decisiones.

Estaba en lo que aparentaba ser un despacho de trabajo —una mesa, un ordenador, documentos impresos que llenaban varias carpetas— y cuando Sable abrió la puerta con la misma eficiencia silenciosa con que abría todas las puertas, Vaz no se sobresaltó. Levantó los ojos del documento que leía y los miró durante un segundo.

Luego miró la mano derecha de Oliver.

Y Oliver, que había leído el informe de Sable y sabía que buscaría eso, mantuvo la mano visible.

—Usted es el policía —dijo Vaz, en inglés con acento que Oliver no supo ubicar exactamente—. El que estuvo con ella en Madrid.

—Sí.

Vaz asintió despacio. Como si eso confirmara algo que esperaba desde hacía tiempo.

—Sabía que alguien vendría. No sabía que sería usted. —Miró a Mei—. ¿Gobierno coreano?

—Ex —dijo Mei.

—Nadie es ex en este trabajo. —Miró a Sable—. Y usted es de Axil.

—¿Cómo lo sabe? —dijo Sable.

—Porque es la única organización que tiene motivos para mandar a alguien aquí que no sea Kronovus y que no sea ningún gobierno. —Hizo un gesto hacia las sillas—. Siéntense. Aunque supongo que no tienen mucho tiempo.

—No —dijo Sable—. Así que hable rápido y hable verdad.

Vaz puso el documento sobre la mesa. Sus manos, Oliver lo notó, tenían un leve temblor. No de miedo sino del tipo que viene del sistema nervioso cuando ha estado bajo tensión durante demasiado tiempo.

—Trabajé en el proyecto original del Remanente —dijo Vaz—. Hace veinte años. Tenía treinta y tantos, acababa de doctorarme, y Kronovus me ofrecía el laboratorio y los recursos que ninguna universidad podía darme. —Una pausa—. Era brillante. El proyecto era brillante, en el sentido técnico. Lo que descubrimos sobre la interacción entre el agente y el ADN humano... nadie había llegado tan lejos.

—¿Y los sujetos que murieron? —dijo Oliver.

Vaz lo miró.

—Eso fue el principio del fin para mí. Tardé demasiado en llegar al final. Eso es algo que no puedo deshacer. —Hizo una pausa—. Hay cosas que sé sobre el Remanente que no están en ningún documento, porque yo mismo los destruí cuando me fui. Kronovus tiene los datos de los fracasos. No tiene la explicación de por qué algunos funcionaron.

—¿Y Wren? —dijo Oliver.

—Wren no era parte del proyecto original. El Remanente que ella lleva es de segunda generación. Alguien lo modificó después de que yo me fuera. Lo hicieron más estable, más duradero. Y lo... —Buscó las palabras—. Lo personalizaron. Para ella específicamente.

Silencio.

—¿Qué significa eso? —dijo Mei.

—Que el Remanente en Wren no es solo un agente biológico. Es algo diseñado para ella. Para su perfil genético específico. Lo que hay dentro de ella y lo que ella es no son dos cosas separadas. Son la misma cosa en dos capas.

Oliver pensó en las dos voces que Wren escuchaba en sueños.

—¿Quién la diseñó? —dijo—. ¿Quién diseñó el Remanente específicamente para ella?

Vaz lo miró durante un momento. Luego apartó la vista.

—Yo no lo sé. Me fui antes. Pero hay alguien que lo sabe. —Hizo una pausa—. Hay alguien en esta instalación que lleva aquí desde el principio. Antes que Elke Sauer. Antes que cualquiera de los científicos actuales.

—¿Quién? —dijo Sable.

—No tiene nombre en los registros. Lo llaman simplemente el Diseñador. Nunca lo he visto directamente. Solo he visto el trabajo. —Una pausa más larga—. Pero creo que él sabe lo que realmente son las dos entidades que hay dentro de Wren. Y creo que por eso el Custodio lleva años siguiendo a la niña.

Oliver se quedó muy quieto.

—¿El Custodio?

—Una figura. Apareció dos veces en las afueras de lugares donde Wren había estado. Lo mencioné en mis notas cuando la saqué. No sé quién es. Pero tampoco es de Kronovus.

—Lo vi —dijo Oliver—. En Madrid. En la comisaría.

Vaz lo miró con una expresión que era difícil de leer.

—Entonces ya sabe que esto va más allá de Kronovus —dijo—. Siempre ha ido más allá.

—¿Puede ayudarnos a llegar al área de procedimientos? —dijo Sable, cortando lo que amenazaba con convertirse en un territorio demasiado abstracto para el tiempo disponible.

Vaz asintió.

—Hay un acceso secundario que no aparece en los planos que Axil tiene. Yo mismo lo documenté hace dos meses cuando llegué. Está en el sector B, detrás de la sala de control. —Hizo una pausa—. Pero Elke sabe que estoy aquí. Si desaparezco de repente, va a saberlo también.

—¿Cuánto tiempo podemos tener antes de que lo noten? —dijo Mei.



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En el texto hay: supervivencia, militar, aventura accion

Editado: 11.10.2026

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