Remnant: Wren

EXTERIOR

18

EXTERIOR

El aire de Sydney a las tres de la mañana era cálido y húmedo y olía a algo vegetal que Oliver no sabría nombrar pero que se quedó grabado en algún lugar permanente de su memoria como el olor del momento en que salieron.

Las instalaciones de Kronovus, vistas desde fuera por primera vez, eran lo que deberían ser: un complejo industrial sin distintivos, los edificios de paredes lisas y sin ventanas que podrían ser cualquier cosa desde un centro de distribución hasta una fábrica de componentes electrónicos. No había rótulos. No había indicación de ningún tipo de lo que ocurría adentro.

Eso era, pensó Oliver, exactamente el punto.

El equipo de Sable eran dos personas que esperaban en el sector este con la eficiencia de quien lleva horas en posición y que no derrocha expresión emocional en el momento del encuentro: un nod profesional, una evaluación rápida del grupo, movimiento.

—Dos vehículos, cuatrocientos metros al norte —dijo uno de ellos, una mujer con acento australiano—. Perímetro de Kronovus tiene un punto muerto en el sector norte que dura aproximadamente siete minutos entre los ciclos de cámara.

—¿Cuánto llevamos de ciclo? —dijo Sable.

—Tres minutos cuarenta.

—Corramos.

Corrieron.

Oliver se descubrió contando sus propios pasos como Wren contaba cosas cuando necesitaba control. Era un terreno entre el edificio y la valla exterior que era de tierra compacta con algo de vegetación, y el ruido de sus pasos se mezcló con el sonido de algo que Oliver tardó un momento en identificar: el mar. Estaban cerca del agua. Lo había olvidado.

Wren corría bien. Mejor que bien, con la economía de alguien que ha tenido que aprender a moverse sin desperdiciar energía. Seguía sin soltar la mano de Oliver, y Oliver seguía sin soltarla, y ninguno de los dos lo mencionó.

Cuatro minutos y veinte segundos después de salir por la puerta de emergencia, llegaron a los vehículos: dos SUVs sin insignias aparcados en un área industrial adyacente que, a juzgar por las señales desgastadas, llevaba tiempo sin uso activo.

El equipo de Sable ya tenía los motores encendidos.

Subieron.

Oliver, Wren y Mei en el primero. Sable y su equipo en el segundo.

Cuando las puertas se cerraron y el vehículo empezó a moverse, Oliver exhaló. Completamente, de una manera que fue casi dolorosa porque revelaba cuánta tensión había estado sosteniendo.

Wren estaba sentada a su lado. Miraba por la ventana la oscuridad que pasaba, los pocos edificios iluminados, el cielo de Sidney que tenía esa calidad particular de los cielos sobre ciudades costeras.

—Are we safe? —dijo, sin girar la cabeza.

—Por ahora —dijo Oliver—. Sí.

Wren asintió. Siguió mirando por la ventana.

—Oliver.

—¿Sí?

—I could feel it getting stronger. What's inside me. In the last few days. —Una pausa—. Like something waiting.

Oliver no respondió de inmediato.

—¿Tienes dolor?

—No. Not pain. —Buscó las palabras—. More like pressure. Like something very large trying to fit in a very small space.

—Wren. Lo que la doctora Sauer dijo. Sobre las dos entidades. ¿Lo sabías?

—I knew something was there. Two somethings. —Hizo una pausa—. They're not scary. They've always been... considerate. Like they know they're borrowing space and they're trying to be careful.

Oliver miró sus propias manos.

—Are you afraid of what's going to happen? —dijo en voz baja.

—Sometimes. —Una pausa—. Less when you're here.

Mei, en el asiento delantero, miraba por el parabrisas con la expresión de alguien que está escuchando pero que ha decidido que ese no es su espacio y que lo está respetando.

Oliver puso la mano, muy despacio, sobre la cabeza de Wren en un gesto que no premeditó pero que su cuerpo supo antes que su mente. Wren no se apartó. Se quedó quieta bajo ese gesto con la misma tranquilidad con que hacía todo, y Oliver sintió, en ese vehículo moviéndose a través de la madrugada de Sydney mientras detrás de ellos las instalaciones de Kronovus comenzaban a encenderse con el tipo de actividad que indica que alguien ha entendido lo que acaba de pasar, que no importaba lo que viniera después.

Habían llegado a tiempo.

Por ahora habían llegado a tiempo.

—Oliver, —dijo Wren.

—¿Sí?

—I think it's going to be soon.

Oliver respiró.

—I know.

—I'm not ready. But I think I never was going to be.

—Nobody ever is.

—Did that help?



#124 en Ciencia ficción
#1525 en Otros
#290 en Acción

En el texto hay: supervivencia, militar, aventura accion

Editado: 11.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.