— Dime que tengo que hacer para que no te vayas — musitó él en un hilo. Caitlin apretó los labios, no importaba ya nada, podía irse al carajo su dulzura: necesitaba terminar con toda esa novela —. Haré lo que sea.
— Es que no hay nada qué hacer — espetó —. No te amo.
— Tú no...
— Ya no — bajó la mirada, apenada. Era aún más duro hacerlo que decirlo pero no podía parar: Vince no se merecía seguir cegado ni ella atada a alguien que no era más que un extraño —. Me alegro de que todo esto hubiese pasado, me he dado cuenta de que ya no te amo y que tampoco te amé lo suficiente porque si lo hubiese hecho no me estuviese alejando.