En la deslumbrante y rigurosa alta sociedad de la Época de la Regencia, donde la apariencia lo es todo y el estatus se mide por el brillo de un apellido, la familia de Daiana y Julio ha encontrado su mayor tesoro: Loreine. Siendo la hija del medio en una familia numerosa y tradicional, Loreine posee una belleza serena, una gracia innata y un encanto natural que la convierten, sin buscarlo, en el codiciado "diamante en bruto" que toda la aristocracia admira. Sin embargo, dentro de las paredes de su hogar, su condición de perfeccionista favorita no le otorga tregua: sus padres no pierden oportunidad para ponerla como ejemplo perfecto, desatando una inagotable ola de bromas, sarcasmos e irónicas comparaciones por parte de sus hermanos mayores, Jack y Olive, mientras que los pequeños Mía y Sanders aportan su propio caos cotidiano a la mesa familiar. Pero detrás de los vestidos de seda pastel y la compostura impecable, Loreine anhela algo más profundo que un matrimonio por conveniencia o una vida de sonrisas ensayadas. Su destino da un giro inesperado durante uno de los pomposos bailes mensuales de la temporada. Para escapar del sofoco del salón y de las aburridas pretensiones de sus pretendientes, Loreine decide adentrarse en los brumosos y silenciosos jardines de la mansión. Allí, entre la penumbra y los rosales, tropieza accidentalmente con la última persona a la que debería acercarse: Dimitri, el joven Conde de reputación sombría y aura impenetrable.
Dimitri es un hombre refinado, frío y categóricamente cerrado a todo contacto humano; básicamente, el polo opuesto a la calidez y la vitalidad de Loreine. Acostumbrado a alejar a cualquiera con su sola presencia, el Conde intenta ahuyentarla con su frialdad habitual. Pero Loreine no se deja intimidar. En un intercambio lleno de ingenio y desafiante simpatía, ella logra cautivarlo como jamás nadie en el mundo lo había conseguido. Aquel mágico cruce de miradas en el jardín enciende en Dimitri una chispa inolvidable, marcando el inicio de una serie de insólitos y calculados "encuentros casuales" por la ciudad: la librería local, la floristería, los paseos por el parque... donde sea que Loreine esté, el Conde encuentra la excusa perfecta para cruzarse en su camino. El creciente acercamiento entre el diamante de la temporada y el distante Conde no tarda en convertirse en el tema principal de los chismes aristocráticos. Todo el pueblo conoce la oscura reputación que rodea a Dimitri, y los ecos de la desconfianza no tardan en llenar de angustia a los padres de Loreine. Desesperados por proteger la reputación y el futuro de su hija, Daiana y Julio intentan alejarla de él por todos los medios. Sin embargo, Loreine se niega rotundamente a dejarse guiar por los prejuicios ajenos. Ella presiente que tras esa coraza helada habita un alma noble y elige apostar firmemente por lo que ha comenzado a sentir, dispuesta a demostrarle al mundo que Dimitri no es el monstruo que todos murmuran.
Lo que Loreine ignora por completo es que la distancia de Dimitri no nace de la arrogancia, sino de un pavoroso secreto que podría arrastrar su vida hacia un peligro mortal. Sobre el linaje del Conde pesa una terrible maldición ancestral dictada por una hechicera: todos los primogénitos de su familia han sido marcados con poderes sobrenaturales oscuros e incontrolables que amenazan con desbordarse. Cuando los enemigos históricos de la familia de Dimitri descubren el vínculo que ha nacido entre ellos, atacan donde más le duele: secuestran a Loreine para usarla como catalizador y destruir al Conde.