Otro par de gemelas llegan a sus 15 años, al laboratorio soñado.
El edificio se alzaba imponente, completamente negro por fuera, con una modernidad que contrastaba con la época.
En la entrada principal, el protocolo era estricto.
Por cuestiones de seguridad y por la sensibilidad de las investigaciones, donde cualquier mínima pieza metálica podía arruinar un experimento, el personal indicó a los recién llegados que debían pasar primero por el vestíbulo.
El par de gemelas caminó hacia allí.
Tenían apenas quince años y cientos de ideas. Eran idénticas, de piel clara y luminosa, con unas cejas de castaño bien definido que resaltabab unos ojos de un violeta tan intenso que resultaba imposible dejar de mirar.
Nadie podía apartar los ojos de ellas.
Parecían salidas de una fábula literaria.
Mientras se despojaban de todo en el vestíbulo —aros, anillos, cadenitas y cualquier otro rastro de metal—, cada objeto quedó guardado de forma segura dentro de un locker.
Se cambiaron de ropa, a un uniforme compuesto por un pantalón cómodo y una casaca y, por encima, la clásica túnica blanca.
En una habitación contigua, bajo las mismas reglas, sus padres hicieron lo mismo.
Mientras se abrochaban las túnicas, las dos chicas no paraban de hablar, conteniendo los nervios y la emoción que tenían a flor de piel, al fin estaban ahí para quedarse.
—Tenemos que hacerlo bien —le dice Tanzanita a su hermana en un susurro cómplice. —Sí, queremos hacer avanzar al mundo, pero sin el capital de papá y mamá, ahora no tenemos un peso, pero tampoco le vamos a pedir nada a ellos, ya nos dieron demasiado.
Amatista asintió mientras terminaba de vestirse.
—Así que lo resolvemos nosotras —continuó hablando. —Debemos crear algo revolucionario que nos haga ganar ingresos y listo, la idea de la crema regenerativa hay que trabajarla, además de los equipos electrónicos.
—Perfecto. —respondió la otra entre risas nerviosas.
—Yo me encargo de toda la parte técnica y física de lo electrónico. Vos concentrate en los componentes e investigá todo lo que puedas, también veremos qué es lo que ya está en proceso sin terminar o quedó archivado.
De los componentes de las cremas me encargo también.
Acuerdo cerrado.
Cuando los cuatro salieron del vestuario, el personal del laboratorio los recibió con aplausos y felicitaciones cálidas.
Para las chicas era un honor absoluto estar allí, rodeadas de mentes brillantes que ya habían realizado grandes descubrimientos y que ahora iban a guiarlas.
El recorrido continuó hasta mostrarles completa las instalaciones.
Detrás del edificio principal estaban las habitaciones de los estudiantes talentosos que vivían allí. En ese momento, con Tanzanita y Amatista, eran apenas 8 en total los jóvenes instalados que desarrollaban sus creaciones y capacitación dentro del complejo.
La regla era clara: de lunes a viernes vivían y dormían en el establecimiento. Solo los fines de semana volvían a sus casas.
El primer día prometía ser largo.
El verdadero problema iba a ser convencerlas de que se fueran a dormir, porque tenían la cabeza explotando de ideas.
Las recibe un hombre, joven, un poco mayor que ellas, de porte imponente, presencia fuerte y una personalidad que llamaba la atención de inmediato.
Pero, más que nada, llamaban la atención sus ojos.
No era algo común, heterocromía con una combinación poco común.
Sin embargo, ambas dejaron de verlo como algo extraño casi de inmediato. Ellas sabían perfectamente lo que se sentía recibir esa clase de miradas.
Al verlo, las dos pensaron exactamente lo mismo, en silencio: «Este tipo es muy particular» mientras tanto Amatista «que atractivo» sintió algo que no sabían definir.
El saludo respetuoso que sus padres le ofrecieron al joven, acompañado además de un afectuoso abrazo, hizo que ambas se miraran sin entender absolutamente nada.
Pero no hubo tiempo para preguntas o explicaciones.
A su alrededor se extendía un universo infinito de herramientas, tecnología de punta y especialistas listos para colaborar.
El entusiasmo de las chicas era absoluto.
El futuro, literalmente, empezaba ahí adentro.
—Bienvenidas, aquí me conocen como Monarca, es estupendo tenerlas en nuestras instalaciones.—extendió su brazo para estrechar la mano de ambas chicas.
—Gracias, yo soy Amatista, y para nosotras es un placer estar aquí.— «este hombre es hermoso»
— Un placer y gracias por la bienvenida, soy Tanzanita.
—soltaron sus manos y disimuladamente le dió con el codo a su hermana. «ya está chorreando baba»
—Comportate— le susurro a su hermana. «espero que trabaje lejos de ella»
—Si ya trajeron sus cosas pueden elegir cualquier dormitorio, hay individuales y compartidos.
—Los primeros días serán más que nada de adaptación con el entorno y el equipo de ingenieros, laboratorio y las demás áreas. Aprenderán los internos sectorizados por si necesitan colaboración, y evitar dar vueltas innecesarias.
—Todos aquí entendemos que a su edad las hormonas juegan un papel importante, la intensidad, el entusiasmo y la energía adolescente por muy inteligente que sean no se puede eliminar, pero si respetar el área de trabajo, así que les aconsejo socializar en horario de descanso.
—Lo tenemos claro — «¿quién se cree éste? habla por experiencia propia, seguro vive con la mano en su miembro» —de todas formas despreocúpate que de mis hormonas me encargo yo. —respondió Tanzanita molesta mirando de inmediato a otro lado, .
—Tienes razón Monarca, a mí me están haciendo la guerra, pero bueno, la biología es así, sorprendente. —respondió Amatista soltando un suspiro y aprovechando que sus padres estaban lejos. «me encantas»
—Vamos a acomodar nuestras cosas, permiso. «unos minutos y ya está suspirando, increíble,¿ que le está pasando?»— Tomó a su hormonal hermana del brazo para ir por sus pertenencias. «esto no va a ser fácil» —Tis por favor controlarte, que vergüenza, ¿que fué eso? y tu cara toda sonrojada, huff, ¿estás ovulando?.
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Editado: 03.11.2026