Zafira
Me levanto de la enorme cama mientras me estiro de brazos y me río. Realmente me estoy acostumbrando más de la cuenta a esta cama. Es enorme, prácticamente son cuatro de las mías en el hospital, y es super suave y cómoda. Parece que está hecha de nubes.
Me levanto de la cama, tirándome al suelo y corriendo hacia el baño a darme un largo baño, limpiándome totalmente. Incluso me mojo un poco el cabello para bajar mi alborotado puñado de rizos un poco.
Me coloco una ropa sencilla de las que hay en mi maleta: encuentro unos vaqueros que solo me puse una sola vez para una actividad que había en el hospital (Olivia me los regaló), una blusa sencilla y me pongo unos tenis. Estoy cómoda, pero me inclino por una chaqueta, ya que, como cada día, a medida que diciembre va llegando en Eldonia, cada vez hace más frío.
Salgo de mi habitación hacia la del lado siguiente y la toco un par de veces, pero nadie responde.
—Berlian, hola —tocó luego la puerta—. Majestad.
—Buen día, señorita Zafira. —Gunter, el empleado de confianza del rey, me hace girar.
Está perfectamente vestido como siempre, sin una sola arruga e implacable. Le doy una sonrisa.
—Buen día, Gunter —le regalo una sonrisa.
—Majestad no se encuentra en su habitación —me informa.
—Oh —digo girando totalmente hacia la puerta—. ¿Sabes dónde está?
—No lo sé, solo lo vi salir —responde—. Quizás fue a desayunar.
—Está bien, gracias —le digo.
—Si necesita algo más, me avisa.
—Muchas gracias, Gunter.
Él me da un leve asentimiento para seguir su camino. Tomo las escaleras, bajando corriendo hacia el comedor. Sin embargo, solo me encuentro a la reina y a la princesa.
Como siempre, la reina está en la punta de la mesa, mientras que la princesa está a su lado, rodeada de algunas empleadas, con un enorme banquete en la mesa.
—Buen día —digo.
—Buen día —responde Gabriela.
—Buen día, Zafira —responde la reina—. Ven a desayunar con nosotros.
—Sí —murmuró—. Reina, ¿sabe dónde está Berlían?
Ella hace un breve silencio y se dan una rápida mirada.
—Él está en el patio.
Arrugo las cejas. No sé por qué está ahí.
—Pero ven, que él viene en un rato —interviene Gabriela—. Podemos...
—Déjala, hija —dice la reina—. Si ella quiere ir con Berlian, déjala —le da una mirada extraña—. Él está en el patio trasero.
—Gracias, Majestad —asiento.
Me doy media vuelta y voy de camino hacia el patio trasero. Ya llevo varios días en este lugar; es enorme, pero por lo menos los puntos claves sé dónde están.
Salgo al patio trasero, donde hay algunos empleados en la jardinería y otros recogiendo frutos. Esto tiene el castillo, que es bastante rico en árboles con frutas. Camino entre ellos, saludando a la mayoría, ya que ellos tienden a ser muy amables, mientras trato de buscar al rey con mi mirada. El viento hace que mi alborotado cabello se mueva de un lado a otro.
No sé qué pasó, pero me levanté esta mañana y lo primero que pensé fue que quería verlo. No tengo nada que decirle, nada que avisarle. Incluso sé de Mateo; ayer Olivia habló conmigo por teléfono y me contó que Mateo seguía igual, pero aun así tenía la extraña sensación de que necesitaba verlo.
Entonces lo encuentro. Está de espaldas a mí y está sentado en un banco, pero el banco está solo en medio de todo esto. Veo que frente a él hay algo que parece como una estatua, pero específicamente es lo que tienen las tumbas, o eso es lo que entiendo.
Hay varias, varias de esas piedras con esos nombres grabados en ellas, y una pequeña cerca de color blanco a los alrededores. Pero por lo que noto es que él está frente a una en específico, mirándola fijamente.
Me acerco sigilosamente a él, lo más despacio posible para no interrumpirlo de lo que sea que está haciendo, mientras mis ojos viajan de él a la enorme piedra que está delante de él. Duró unos minutos intentando descifrarla, pero al final lo logró hacer:
Descanse en paz Alice Moon de Harrington
Él se gira, chocando sus ojos con los míos, y me hace sobresaltar un poco. Fue automático, como si él me pudiera sentir.
—Disculpa, no quería interrumpirte —bajó la mirada.
—No interrumpes nada, así que no te preocupes —dice mientras vuelve la mirada a la lápida—. Puedes sentarte si eso quieres.
Acepto su propuesta y tomo asiento a su lado. Está totalmente en silencio, solo mira la lápida. Solo duró unos segundos en silencio hasta que yo misma lo rompo.
—Ese nombre se me hace conocido.
—Ella es la chica de la que te conté —dice—, la que murió por mi culpa.
Suspiro: —¿Hoy cumple años de su muerte?
Niega: —Realmente hoy hubiéramos cumplido 5 años de casados.
Abro los ojos. ¿Acaba de decir casarse? Sé que no tengo mucho conocimiento de la vida, pero sé de cosas así. Estoy rodeada de adultos todo ese tiempo y sé muy bien lo que significa esa palabra.
Editado: 21.09.2026