Zafira
Me dirijo sigilosamente hacia la habitación de Berlían. Ya son las diez de la mañana y no se ha levantado, y él me prometió que iríamos a montar a caballo todos juntos. Casi no he dormido esperando; estoy más emocionada de la cuenta.
Iba a tocar. Sin embargo, cuando solo rozo la puerta, ella se abre sola. Asomo un poco mi cabeza y no veo a nadie. Entro a la habitación y noto que la cama está deshecha. Eso significa que no se ha ido muy lejos. Me he aprendido el protocolo del lugar: si estás en la habitación, los empleados no entran a limpiar.
Así que significa que está cerca o aquí dentro. Entro a la habitación completamente, cerrando la puerta. Entré algunas veces aquí, así que nada me llama la atención. Es enorme, igual que la mía, pero tiene una decoración algo diferente.
Me acerco a la ventana y corro un poco la cortina, dejando entrar la luz. ¡Mucho mejor! Escucho cómo una puerta se abre, así que me giro, encontrándome con Berlían saliendo de una de las puertas que hay aquí.
Noto que está descalzo, solo tiene un pantalón puesto y su pecho está totalmente desnudo... desnudo y perfecto.
Me quedo completamente tiesa. Nunca había visto un abdomen así tan de cerca. Igual que todo lo que he visto referente a un hombre, fue por la televisión, pero esto no se compara. Ningún actor de televisión se compara con el futuro rey de Eldonia. No sé si es que estoy pasando demasiado tiempo con él, pero cada vez veo a Berlían más guapo.
Su cabello tiene un brillo extraño por el hecho de que está mojado; está más largo y le llega hasta los ojos.
—Zafira —arruga el entrecejo—. ¿Qué haces aquí?
Su voz suena algo ronca, causándome un extraño movimiento en la parte baja de mi barriga. Siento el pequeño aparato vibrar. Logré descubrir cómo ponerlo en modo vibrador; no podía tener ese escándalo cada vez que Berlían decía algo.
Por fin pude subir la mirada.
—Es que tenemos que ir a montar a caballo y, bueno —vuelvo y bajo la mirada a su pecho—, duermes demasiado.
Suelta una sonrisa ronca.
—Lo siento, todavía me estoy acostumbrando a esto de levantarme temprano.
No sé cómo es que este chico puede dormir tanto. Se levanta casi a las diez de la mañana y dice que es muy temprano. A las diez ya yo he hecho de todo un poco.
Ahora es él el que me mira de arriba abajo y le sale una enorme sonrisa.
—Lindo traje.
Sonrío.
—Gunter me lo prestó ayer —le informo—. Le dije que me invitaste a montar a caballo y me lo buscó —doy una vuelta, mostrándole el traje completo—. Dijo que era el apropiado para montar a caballo.
Consta de un pantalón blanco algo ajustado, botas color negro hasta la rodilla, encima una camisa blanca que va con un chaleco muy raro del mismo color de las botas. Me dijo que me trenzara el cabello en dos y me dio lo que parece un casco, aunque no lo tengo puesto.
Vuelvo la mirada a su pecho y me tomo la libertad de seguir viéndolo. Realmente se ve muy bonito. Mis dedos pican y tengo una extraña necesidad de tocarlo, tocar cada cuadro que está en plena formación en su abdomen.
Mis ojos se dirigen a una pequeña capa de vello que tiene al principio del pantalón y luego sigo bajando al ver que tiene un extraño bulto en su pantalón.
—¿Qué tienes ahí? —le pregunto.
— ¿Dónde? — pregunta.
—En el pantalón —él se lo mira unos segundos y noto que su mirada tiene un gesto extraño—. Tienes un bulto, ¿qué te pasa?
Me preocupo. Una vez un paciente llegó allí con un bulto, aunque era en su barriga, pero resulta que era un cáncer, y si Berlían está enfermo...
—No, Zafira, no te preocupes.
—¿Estás seguro? Puedo ayudarte.
Me acerco con intención de tocarlo a ver qué es. Sin embargo, él retrocede.
—Zafira.
—Solo quiero ayudarte. —Intento acercarme, pero él sigue alejándose —. Yo puedo...
Vuelvo a intentar. Sin embargo, él toma mi muñeca. Intento con la otra mano y hace lo mismo.
—Zafira, es algo normal —intenta decirme.
Comienzo a forcejear con él.
—No es normal, las personas no tienen bultos porque sí.
No sé para qué demonios me molesto en pelear si básicamente él está ganando y ni siquiera lo intenta. En el forcejeo, caigo en la cama con él sobre mí.
—Zafira, tranquila —me dice mientras me detiene con su cuerpo sobre el mío—. Eso es algo normal en los hombres.
— ¿Normal?
—Sí, nos pasa a veces cuando nos levantamos en la mañana —explica, y yo comienzo a tranquilizarme un poco.
Editado: 20.10.2026