CAPITULO 12
—¿Qué ocurrió? —pregunté.
Vincent no respondió.
Seguía mirando la pantalla de mi teléfono como si aquella frase hubiera conseguido devolverlo a un lugar al que no quería regresar.
—Vincent.
Levantó la mirada.
—No fue como crees.
—Entonces dime cómo fue.
Damien intervino.
—Tal vez deberíamos hablar de esto en otro lugar.
—No —respondí—. Quiero saberlo ahora.
Vincent apretó la mandíbula.
Durante unos segundos pensé que volvería a decirme que no podía contarme nada.
Pero esta vez habló.
—Eleanor estuvo conmigo la noche antes de desaparecer.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Dónde?
—En mi casa.
Sophie me miró.
—¿Por qué?
Vincent bajó la mirada.
—Porque había descubierto algo.
—¿Qué?
—No lo sé.
Fruncí el ceño.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Porque nunca llegó a decírmelo.
—Pero acabas de decir que estuvo contigo.
—Estuvo conmigo —repitió—. Pero se fue antes de poder explicarme qué había descubierto.
—¿A qué hora?
Vincent tardó un instante.
—Poco después de las once.
—¿Y después?
—No volví a verla.
—¿No intentaste buscarla?
—Claro que sí.
Su respuesta salió demasiado rápido.
—¿Entonces por qué nadie sabe esto?
Vincent guardó silencio.
Damien fue quien respondió.
—Porque cuando Eleanor desapareció, Vincent fue la última persona que estuvo con ella.
Lo miré.
—Eso te convierte en sospechoso.
—Lo sé.
La tranquilidad con la que lo dijo me sorprendió.
—¿Y nunca te interrogaron?
—Sí.
—¿Qué dijiste?
Vincent me miró directamente.
—La verdad.
—¿Toda?
Silencio.
Ahí estaba otra vez.
Esa sensación.
Como si hubiera una parte de la historia que todos conocían menos yo.
—¿Qué estás ocultando? —pregunté.
Vincent se acercó un poco.
—Eleanor me pidió que no confiara en nadie.
—¿En nadie?
—En nadie de su familia.
Sentí que el aire se volvía pesado.
—¿Por qué?
—Porque creía que alguien cercano a ella estaba involucrado.
Sophie dio un paso hacia nosotros.
—¿Alguien de su familia?
Vincent asintió.
—Sí.
Mi mente volvió inmediatamente a las palabras de mi madre.
Alguien iba a traicionarla.
—¿Mi madre lo sabía? —pregunté.
Vincent no respondió.
—Vincent.
—No lo sé.
—¿La conocías?
—Sí.
—¿A mi madre?
—La había visto algunas veces.
Me quedé mirándolo.
—¿Y nunca me lo dijiste?
—Nunca me preguntaste.
—Porque no sabía que tenía que hacerlo.
Vincent bajó la mirada.
—Lo sé.
Mi teléfono vibró otra vez.
Esta vez no quería mirar.
Pero lo hice.
Un nuevo mensaje.
«No le preguntes qué pasó después de las once.»
Mi corazón se detuvo por un instante.
Levanté la mirada hacia Vincent.
—¿Qué pasó después de las once?
Su expresión cambió.
No respondió.
Y eso fue suficiente.
—Vincent…
—Amelia, escúchame.
—¿Qué pasó?
—Eleanor regresó.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—Después de irse de mi casa, regresó.
—¿Cuándo?
Vincent me sostuvo la mirada.
—A las doce y diecisiete.
Sentí un escalofrío.
—¿Y tú estabas ahí?
—Sí.
—Entonces…
No pude terminar.
Vincent terminó la frase por mí.
—Esa fue la última vez que vi a Eleanor.
Miré nuevamente el mensaje.
Alguien sabía exactamente qué preguntar.
Alguien sabía exactamente qué había ocurrido aquella noche.
Y lo peor de todo…
era que parecía estar esperando que yo descubriera la verdad.