Vincent

LA VERDAD A MEDIAS

CAPÍTULO 23

—Quiero una explicación.

Mi voz salió más baja de lo que esperaba.

Vincent dejó la fotografía sobre la cama.

—La tendrás.

—Ahora.

Él miró a Sophie.

—Necesito hablar con Amelia a solas.

Sophie negó.

—No.

—Sophie…

—No después de todo lo que acaba de pasar.

La miré.

—Está bien.

Sophie nos observó durante unos segundos.

—Estaré abajo.

Cuando salió, cerré la puerta.

—Habla.

Vincent se quedó frente a mí.

—La noche que Eleanor desapareció, tu madre la llevó a la casa del lago.

—¿Por qué?

—Porque Eleanor quería sacar a la niña de Blackwood Hills.

—¿La niña de las fotografías?

Asintió.

—Sí.

—¿Quién era esa niña?

Vincent respiró profundamente.

—La hija de Eleanor.

—Eso ya lo sé.

—No, Amelia. No sabes toda la historia.

Esperé.

—Eleanor no podía quedarse con ella. Alguien la estaba buscando.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Y mi madre?

—Tu madre aceptó ayudarla.

—Entonces, ¿por qué la fotografía parece demostrar lo contrario?

Vincent bajó la mirada.

—Porque algo salió mal.

—¿Qué?

—Eleanor descubrió que alguien las había seguido.

—¿A dónde?

—A la casa del lago.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

—No lo sabemos.

—¿Y qué pasó después?

Vincent permaneció en silencio.

—Vincent.

—Tu madre recibió una llamada.

—¿De quién?

—No lo sé.

—¿Qué le dijeron?

—Que si ayudaba a Eleanor, alguien iba a pagar las consecuencias.

—¿Quién?

Vincent levantó la mirada.

—Tú.

Me quedé inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

—Para nosotros tampoco.

—Yo ni siquiera había nacido.

—Exactamente.

El silencio entre nosotros se volvió pesado.

—Entonces, ¿por qué me amenazaron a mí?

Vincent negó.

—No lo sé.

—¿Y Eleanor?

—Desapareció esa misma noche.

—¿Y la niña?

Vincent no respondió.

—¿Dónde está?

—No lo sabemos.

—¿Entonces por qué dicen que sigue aquí?

Vincent se acercó al escritorio.

Tomó una de las fotografías.

—Porque alguien quiere que creamos que está viva.

—¿Y tú no lo crees?

—No sé qué creer.

Lo miré.

Por primera vez, parecía tan perdido como yo.

—¿Hay algo más?

Vincent dudó.

—Sí.

—¿Qué?

Sacó algo de su bolsillo.

Una pequeña llave.

La misma forma.

La misma estrella grabada.

—Eleanor me la dio aquella noche.

La miré.

—Pensé que la llave estaba en mi casa.

—No.

—Entonces, ¿qué encontré?

Vincent negó.

—Una copia.

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué tenías esto?

—Porque Eleanor me pidió que la escondiera.

—¿Y dónde abre?

Vincent me miró directamente.

—No lo sé.

—¿Nunca intentaste descubrirlo?

—Una vez.

—¿Y?

—No pude.

—¿Por qué?

Vincent dejó la llave sobre la mesa.

—Porque desapareció.

—¿Qué?

—La llave desapareció de mi habitación durante una noche.

Me quedé mirándolo.

—¿Quién pudo haber entrado?

—Solo tres personas tenían acceso.

—¿Quiénes?

Vincent no respondió.

—Dime.

—Mi padre.

Me quedé en silencio.

—Mi madre.

Hizo una pausa.

—Y Eleanor.

Lo miré.

—Pero Eleanor había desaparecido.

Vincent asintió.

—Exactamente.

Entonces escuchamos un golpe abajo.

Sophie gritó.

Corrimos hacia las escaleras.

Cuando llegamos al vestíbulo, Sophie estaba frente a la puerta.

Tenía algo en la mano.

Una fotografía.

—La encontré debajo de la puerta —dijo.

La tomé.

Era una fotografía de Eleanor.

Estaba sentada en un automóvil.

Pero esta vez podía verse claramente el asiento trasero.

Había alguien allí.

Una niña.

Y en la esquina de la fotografía aparecía una fecha reciente.

Hace tres días.

Sophie me miró.

—Amelia…

Volteé la fotografía.

En la parte posterior solo había una frase:

«Dejen de buscarme.»



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Editado: 19.09.2026

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