CAPITULO 14
Corrí detrás de él.
No pensé.
No pregunté.
Simplemente corrí.
Atravesé el pasillo mientras escuchaba los pasos alejarse cada vez más.
—¡Espera!
La persona dobló la esquina.
Cuando llegué, ya no estaba.
Miré hacia ambos lados.
Nada.
Solo el silencio del pasillo vacío.
Volví lentamente hacia donde estaban los demás.
Vincent seguía con la fotografía en la mano.
—¿Lo viste? —pregunté.
—Sí.
—¿Quién era?
—No lo sé.
—¿Lo conocías?
Vincent negó.
Pero su respuesta fue demasiado rápida.
Lo miré fijamente.
—Estás mintiendo.
—No.
—Sí.
—Amelia…
—No vuelvas a decirme mi nombre como si eso fuera a hacer que confíe en ti.
Vincent guardó la fotografía.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Entonces explícame.
—No puedo.
—Siempre es lo mismo contigo.
Me alejé.
Sophie me siguió.
—Amelia.
—No quiero hablar.
—Tenemos que hacerlo.
—¿Por qué?
Sophie bajó la voz.
—Porque alguien está jugando contigo.
Me detuve.
—¿Qué quieres decir?
—Los mensajes. La fotografía. Eleanor. Vincent.
Miré hacia atrás.
Vincent seguía allí.
Observándonos.
—¿Y si todo esto tiene que ver con él?
Sophie no respondió.
Y su silencio fue peor que cualquier respuesta.
Esa tarde regresé sola a casa.
No le conté nada a mi madre.
No sabía qué podía contarle.
Cada vez que pensaba en ella, recordaba sus palabras.
Eleanor no desapareció.
Quizá mi madre sabía mucho más de lo que me había dicho.
Entré en mi habitación y cerré la puerta.
Dejé el teléfono sobre el escritorio.
Entonces escuché un ruido.
Me giré.
La ventana estaba abierta.
Estaba segura de haberla cerrado.
Me acerqué lentamente.
No había nadie afuera.
Pero había algo sobre el alféizar.
Una pequeña caja negra.
La tomé.
No tenía nombre.
No tenía dirección.
Solo una palabra escrita en la tapa.
ELEANOR.
Sentí un escalofrío.
La abrí.
Dentro había una llave.
La misma que Vincent había mencionado.
Y debajo de ella, una fotografía.
Esta vez no estaba Eleanor.
Era Vincent.
Solo.
Mirando directamente hacia la cámara.
Le di la vuelta.
Había una fecha escrita detrás.
16 de octubre.
La misma noche en que Eleanor desapareció.
Debajo de la fecha había una frase.
«Él te contó la mitad.»
Mi respiración se detuvo.
Entonces escuché pasos en el pasillo.
Guardé rápidamente la fotografía.
La puerta de mi habitación comenzó a abrirse.
—¿Amelia?
Era mi madre.
Escondí la caja detrás de mi espalda.
—¿Sí?
Entró.
Me observó durante unos segundos.
—¿Estás bien?
—Sí.
Su mirada bajó hacia mis manos.
—¿Qué tienes?
—Nada.
Mi madre se acercó.
—Amelia.
—Mamá, ¿conociste a Eleanor?
Se quedó completamente quieta.
El cambio en su expresión fue inmediato.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo quiero saber.
—No tienes que saber nada sobre ella.
—¿Por qué?
—Porque algunas cosas del pasado deberían quedarse ahí.
La miré.
—¿Tú también estás ocultándome algo?
Mi madre no respondió.
Y entonces escuchamos un golpe en la planta baja.
Ambas nos quedamos en silencio.
—Quédate aquí —dijo.
Salió de la habitación.
Esperé unos segundos.
Después bajé detrás de ella.
La puerta principal estaba abierta.
Mi madre estaba frente a ella.
—¿Quién estuvo aquí? —pregunté.
No respondió.
Miró hacia el suelo.
Había un sobre.
Mi nombre estaba escrito encima.
Lo recogí.
Dentro había una sola hoja.
Solo una frase.
«La persona equivocada está buscando a Eleanor.»
Debajo había algo más.
Un nombre.
Amelia Laurent.
Sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
No estaban intentando asustarme.
Me estaban diciendo algo.
Yo no había encontrado a Eleanor.
Eleanor me había encontrado a mí.