CAPÍTULO 24
Nadie habló.
Volví a mirar la fotografía.
Hace tres días.
No tenía sentido.
Eleanor llevaba años desaparecida.
O eso era lo que todos creían.
—Esto puede ser falso —dijo Sophie.
—Puede —respondió Vincent.
—¿Entonces por qué estás tan serio?
Vincent no respondió.
Se acercó a la fotografía y la observó detenidamente.
—Hay algo raro.
—¿Qué?
Señaló la esquina inferior.
—Ese automóvil.
Lo miré.
—¿Qué pasa con él?
—Lo he visto antes.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Dónde?
—Frente a tu casa.
Sentí un escalofrío.
El mismo automóvil negro.
El que había aparecido antes de los mensajes.
El que habíamos visto cerca de la casa del lago.
—Entonces esa fotografía no es antigua —dije.
—No.
—Alguien estuvo siguiendo a Eleanor.
Vincent negó.
—No estoy seguro de que fuera Eleanor.
Lo miré.
—¿Por qué?
Señaló el rostro de la mujer.
—Porque no podemos verlo claramente.
Me acerqué.
Tenía razón.
La fotografía estaba tomada desde cierta distancia.
El rostro estaba parcialmente oculto por la sombra.
—¿Entonces cómo sabemos que es ella?
—No lo sabemos.
La frase me dejó fría.
Todo lo que habíamos descubierto podía ser una mentira.
Las fotografías.
Las cartas.
Los mensajes.
Incluso Eleanor.
Sophie tomó la fotografía.
—Tenemos que averiguar quién tomó esto.
—Sí —dije.
Vincent permaneció callado.
—¿Qué? —pregunté.
—Hay una cosa que no te he contado.
Cerré los ojos.
—Por supuesto.
—Encontré algo en la casa del lago.
—¿Qué?
Sacó su teléfono y abrió una fotografía.
Era una captura de una cámara de seguridad.
Se veía el exterior de la casa.
Una fecha.
16 de octubre.
Y una hora.
23:48.
Un automóvil estaba estacionado frente a la casa.
El mismo automóvil negro.
—¿De dónde sacaste esto?
—Había una cámara antigua detrás de la casa.
—¿Y por qué no nos la enseñaste antes?
—Porque no estaba seguro de querer hacerlo.
—Vincent.
—Mira quién baja del automóvil.
Acerqué la pantalla.
La puerta se abrió.
Una persona bajó.
La imagen era borrosa.
Pero pude distinguir el rostro.
Mi respiración se detuvo.
—No.
Sophie se acercó.
—¿Quién es?
No pude responder.
Vincent amplió la imagen.
Era mi madre.
Pero había algo más.
Alguien bajó del otro lado del automóvil.
Una segunda persona.
La imagen se congelaba justo cuando esa persona cerraba la puerta.
—¿Puedes mejorarla? —pregunté.
—Ya lo intenté.
—Hazlo otra vez.
Vincent amplió la imagen.
El rostro apareció durante un segundo.
Sophie se quedó inmóvil.
—Yo conozco a esa persona.
La miré.
—¿Quién es?
Sophie no contestó.
—Sophie.
Se llevó una mano a la boca.
—Es mi padre.
El silencio fue absoluto.
—Pensé que estaba muerto —susurró.
Vincent la miró.
—¿Qué?
Sophie retrocedió.
—Mi madre me dijo que había muerto cuando yo era pequeña.
Volví a mirar la pantalla.
La fecha seguía allí.
16 de octubre.
La noche en que Eleanor desapareció.
El padre de Sophie estaba vivo.
Y había estado con mi madre.
Pero antes de que pudiéramos procesarlo, mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Esta vez no era un número desconocido.
Era un número guardado.
El nombre que apareció en la pantalla me hizo olvidar cómo respirar.
Mamá.
Abrí el mensaje.
Solo decía:
«No regreses a casa.»
Y segundos después llegó otro.
«Él ya está allí.»