CAPITULO 27
Amelia no dijo una palabra durante el camino de regreso.
Vincent conducía.
Sophie iba sentada atrás, todavía intentando asimilar que su padre estaba vivo.
Pero Amelia solo podía pensar en una frase.
Vincent sabe quién comenzó todo.
—¿Qué sabes? —preguntó finalmente.
Vincent no respondió.
—Vincent.
Él apretó las manos sobre el volante.
—No quería involucrarte.
—Ya estoy involucrada.
—Lo sé.
—Entonces dime la verdad.
El automóvil se detuvo.
Vincent apagó el motor.
—Cuando Eleanor desapareció, yo tenía diecisiete años.
Amelia lo miró.
—Ella descubrió que alguien dentro de mi familia estaba utilizando información de personas para chantajearlas.
—¿Información sobre qué?
—Sobre sus familias. Sus secretos. Sus propiedades. Todo.
Vincent respiró profundamente.
—Eleanor encontró una lista.
Amelia recordó los documentos.
—¿La lista que encontramos?
—No.
Vincent sacó una fotografía de su bolsillo.
—La original.
Era una hoja llena de nombres.
Algunos estaban tachados.
Otros tenían fechas.
Y en la última línea aparecía un nombre que Amelia reconoció inmediatamente.
Laurent.
Pero debajo había otro.
Blackwood.
Amelia levantó la mirada.
—¿Tu familia y la mía estaban involucradas?
—Algunas personas de ambas familias.
—¿Y tú?
Vincent la miró.
—Yo intenté detenerlo.
Silencio.
—¿Y Eleanor?
—Ella fue quien encontró las pruebas.
Amelia observó la fotografía.
—Entonces, ¿por qué desapareció?
Vincent bajó la mirada.
—Porque alguien descubrió que estaba intentando sacar a la niña del pueblo.
—¿La niña era yo?
Vincent tardó demasiado en responder.
—No estoy seguro.
Aquella respuesta dolió más que cualquier otra.
—¿No estás seguro?
—Había dos niñas relacionadas con esa historia.
Amelia se quedó inmóvil.
—¿Dos?
Vincent asintió.
—Y una de ellas desapareció.
Sophie se acercó desde el asiento trasero.
—¿Qué significa eso?
Vincent miró hacia ella.
—Significa que quizá todos hemos estado buscando a la niña equivocada.
Entonces el teléfono de Amelia vibró.
Un mensaje.
“Ahora ya sabes la mitad.”
Debajo apareció una fotografía.
Amelia la abrió.
Era una imagen reciente.
Dos mujeres estaban sentadas frente a frente en una cafetería.
Una era Eleanor.
La otra era su madre.
Y entre ellas había una carpeta.
Amelia levantó lentamente la mirada.
—Eleanor está viva.