Fundador :la nueva vida

Capítulo 5 El hombre que ya no daba miedo

El rumor había comenzado lentamente.

Primero en una ciudad.

Después en otra.

Luego en todo Duskaria.

Kael estaba envejeciendo.

Ya no era el joven que había atravesado ejércitos.

Ya no era el guerrero que había desafiado a los dioses.

Ya no era aquel hombre que había enfrentado a NÝRAX.

Habían pasado décadas.

Su cabello comenzaba a mostrar algunas hebras plateadas.

Sus movimientos eran más tranquilos.

Ya no entrenaba durante horas.

Ya no recorría el mundo.

Ya no utilizaba el Réquiem.

Y para muchos...

Eso significaba una sola cosa.

El Fundador había quedado atrás.

En una taberna de la capital...

Un grupo de jóvenes demonios hablaba alrededor de una mesa.

—¿Viste al Fundador ayer?

—Sí.

—Caminaba despacio.

—Dicen que ya ni siquiera puede utilizar sus poderes como antes.

Un Elarim soltó una carcajada.

—¿Y qué esperaban? ¿Que siguiera teniendo veinte años para siempre?

Un elfo bebió tranquilamente.

—Los tiempos cambiaron.

—Exacto.

El demonio sonrió.

—Ahora tenemos una nueva generación.

Una voz desde otra mesa interrumpió:

—No confundas vejez con debilidad.

Todos miraron.

Era un anciano humano.

—Yo vi a Kael durante la guerra.

El demonio se burló.

—Eso fue hace décadas.

—Precisamente.

El anciano dejó la taza.

—Y aprendí algo.

—¿Qué?

El viejo sonrió.

—Nunca confíes en que Kael está acabado solo porque parece tranquilo.

Mientras tanto...

Eryn entrenaba en la Academia.

Su habilidad había evolucionado.

Cada combate lo hacía diferente.

Ya no solamente aprendía movimientos.

Su cuerpo comenzaba a desarrollar respuestas propias.

Pero había algo que lo molestaba.

Kaien seguía provocándolo.

—Vamos, Eryn.

—No.

—¿Tienes miedo?

—No.

—Entonces pelea.

Eryn suspiró.

—No necesito pelear contigo todos los días.

Kaien sonrió.

—Quizá porque sabes que perderías.

Eryn levantó la mirada.

—Quizá porque tengo mejores cosas que hacer.

Selene soltó una carcajada.

—Eso dolió.

Kaien frunció el ceño.

—Tú cállate.

—No.

—¿Por qué?

—Porque es divertido verte perder la paciencia.

Los estudiantes comenzaron a reír.

Pero entonces...

La puerta de la academia se abrió.

Un grupo de figuras entró.

Eran representantes de varias razas.

Demonios.

Elfos.

Elarim.

Humanos.

Y entre ellos...

Un hombre con una túnica negra.

El director se acercó.

—¿Qué sucede?

El hombre respondió:

—Venimos a solicitar una audiencia con el hijo del Fundador.

Eryn frunció el ceño.

—¿Conmigo?

—Sí.

—¿Por qué?

El hombre sonrió.

—Porque tu padre ya no puede protegerte.

Silencio.

Eryn sintió una mezcla de rabia y confusión.

—No hables de mi padre.

—¿Por qué?

—Porque no lo conoces.

El hombre se acercó.

—Quizá tú tampoco.

Y dejó un objeto sobre la mesa.

Un medallón antiguo.

Eryn lo reconoció.

Era el símbolo de una de las familias que supuestamente habían sido destruidas durante el gobierno de Kael.

—¿Qué es esto?

—Una prueba.

—¿De qué?

El hombre respondió:

—De que tu padre no fue el héroe que todos creen.

Eryn apretó el medallón.

—Ya escuché eso.

—Entonces deberías investigar más.

El hombre se marchó.

Eryn quedó observando el objeto.

Selene se acercó.

—¿Estás bien?

—No sé.

—¿Quieres que lo investiguemos juntos?

Eryn la miró.

—Sí.

Aquella tarde...

Eryn regresó a casa.

Kael estaba sentado bajo un árbol.

Leyendo.

Eryn se acercó.

—Papá.

Kael levantó la mirada.

—¿Sí?

Eryn dejó el medallón sobre la mesa.

Kael lo observó.

Y su expresión cambió.

Solo durante un instante.

Pero Eryn lo vio.

—Lo conoces.

Kael permaneció callado.

—¿Quién era?

Kael tomó el medallón.

Lo observó durante varios segundos.

—Una familia.

—¿La destruiste?

Kael levantó la mirada.

—No.

—Entonces ¿qué ocurrió?

Kael suspiró.

—No todo lo que ocurrió durante la guerra fue obra mía.

Eryn frunció el ceño.

—Eso no responde mi pregunta.

—Lo sé.

—Entonces respóndeme.

Kael dejó el medallón.

—Algún día.

Eryn se enfadó.

—¡Siempre dices eso!

Kael no respondió.

Eryn se marchó.

Pero esta vez...

Kael no lo detuvo.

Lyra apareció detrás.

—Lo estás dejando ir demasiado lejos.

Kael miró el camino.

—Si intento obligarlo a creerme...

seré exactamente el hombre que ellos están describiendo.

Lyra guardó silencio.

Kael sonrió débilmente.

—Eryn tiene que descubrir la verdad por sí mismo.

Muy lejos...

En una enorme ciudad subterránea...

El hombre de cabello gris estaba sentado frente a un mapa.

Había representantes de distintas razas alrededor.

Uno de ellos preguntó:

—¿Y si Eryn descubre la verdad?

El hombre respondió:

—Entonces cambiaremos la historia.

—¿Cómo?

Sonrió.

—No necesitamos inventar una mentira perfecta.

Solo necesitamos darle suficientes dudas para que deje de confiar en su padre.

Otro preguntó:

—¿Y Kael?

El hombre soltó una pequeña risa.

—Kael ya no es el problema.

Miró un retrato antiguo.

El joven Kael.

El Fundador.

El hombre que había hecho temblar al universo.

—La nueva generación cree que los héroes son inmortales.

Se levantó.

—Vamos a enseñarles lo contrario.

Esa noche...

Kael salió al jardín.




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