El comedor de la Academia estaba más ruidoso de lo habitual.
Eryn estaba sentado junto a Selene, intentando desayunar tranquilamente.
Intentando.
Porque desde el sueño de la noche anterior no había conseguido dejar de pensar.
Sus recuerdos.
La batalla.
Kael.
Las imágenes falsas.
Todo se mezclaba en su cabeza.
Selene lo observó durante unos segundos.
—Llevas cinco minutos mirando el mismo pedazo de pan.
Eryn parpadeó.
—¿Qué?
—Eso.
Señaló el plato.
—Estás mirando el pan como si hubiera asesinado a alguien.
Eryn soltó una pequeña risa.
—Estoy pensando.
—Eso ya lo sé.
Selene apoyó el codo sobre la mesa.
—La pregunta es: ¿en qué?
Eryn suspiró.
—En mi padre.
—Otra vez.
—Otra vez.
Selene sonrió.
—Pues entonces necesitas distraerte.
—¿Cómo?
Una voz apareció detrás.
—¡Fácil!
Un chico se sentó violentamente frente a ellos.
Cabello dorado.
Ojos azules.
Una pequeña marca luminosa en la frente.
—¡Hay que ir a entrenar!
Eryn lo miró.
—¿Quién eres?
El chico abrió la boca, indignado.
—¿Cómo que quién soy?
Selene comenzó a reír.
—Eryn, este es Aren.
El muchacho señaló su propio pecho.
—¡Hijo de Aether!
Eryn se quedó quieto.
—¿Aether tiene hijos?
—Dos.
Otra voz respondió.
Una muchacha se sentó junto a Aren.
Cabello blanco plateado.
Ojos violetas.
Dos pequeñas alas de luz aparecían detrás de sus hombros.
—Y él es insoportable.
Aren frunció el ceño.
—¡Liora!
—¿Qué?
—No me presentes así.
—Es la verdad.
Eryn los observó.
Entonces sonrió.
—Así que ustedes son los hijos de Aether.
Aren cruzó los brazos.
—Y tú eres el hijo del Fundador.
—Sí.
Aren lo miró fijamente.
—Entonces tenemos un problema.
Eryn levantó una ceja.
—¿Cuál?
Aren sonrió.
—Nuestros padres fueron los protagonistas de la historia más grande jamás contada.
Liora lo interrumpió.
—Y ahora nuestros hijos tenemos que soportar que nos comparen con ellos.
Eryn dejó escapar una carcajada.
—Eso sí lo entiendo.
Selene sonrió.
—Entonces ya son cuatro con problemas familiares.
—¡Oye! —protestó Aren.
La conversación continuó.
Por primera vez en varios días...
Eryn dejó de pensar en las historias sobre Kael.
Hablaron durante horas.
Aren era impulsivo.
Liora era mucho más tranquila.
Selene tenía una facilidad increíble para burlarse de todos.
Y Eryn...
Simplemente disfrutaba estar con ellos.
Hasta que Aren preguntó:
—Oye, Eryn.
—¿Qué?
—¿Es verdad que tu padre era un psicópata cuando era joven?
Eryn casi se atragantó.
—¿¡QUÉ!?
Aren levantó las manos.
—¡Eso dicen!
Liora negó con la cabeza.
—Aren...
—¿Qué?
—Tu padre también hacía estupideces.
Aren se quedó callado.
—Eso no cuenta.
Eryn empezó a reír.
—Espera.
Entonces miró a Liora.
—¿Qué sabes de Kael?
Ella se encogió de hombros.
—Lo mismo que todos.
—¿Seguro?
Liora sonrió.
—No.
Mi padre me contó algunas cosas.
Eryn se inclinó hacia ella.
—¿Qué cosas?
Liora miró alrededor.
—Que Kael...
Se acercó.
—...era muchísimo peor de joven de lo que muestran las estatuas.
Eryn abrió los ojos.
—¿¡Qué!?
Aren empezó a reír.
—¡Te lo dije!
Liora continuó:
—Aether decía que Kael era extremadamente impulsivo.
—Eso no me sorprende.
—Que se metía en peleas innecesarias.
—Tampoco.
—Que provocaba enemigos mucho más fuertes que él solo para demostrar que podía vencerlos.
Eryn se quedó pensando.
—Eso sí me lo creo.
Aren sonrió.
—Y una vez...
—¿Qué?
Liora miró a Eryn.
—Tu padre destruyó una montaña porque alguien le dijo que no podía.
Eryn se quedó completamente inmóvil.
—...
—¿En serio?
—Sí.
—¿Por qué?
Liora sonrió.
—Porque era Kael.
Eryn se tapó la cara.
—Dios mío...
Aren comenzó a reír.
—¡Tu padre estaba loco!
Eryn suspiró.
—Eso explica muchas cosas.
Pero entonces...
Una voz apareció detrás de ellos.
—No estaban equivocados.
Todos se giraron.
Kael estaba allí.
Con una bolsa de comida en una mano.
Eryn abrió los ojos.
—¿Papá?
Kael miró a Aren.
Después a Liora.
—Ustedes deben ser los hijos de Aether.
Aren sonrió.
—¡Sí!
Kael dejó la bolsa.
—Mucho gusto.
Liora inclinó ligeramente la cabeza.
—Es un honor.
Kael levantó una ceja.
—No me digas así.
—¿Por qué?
—Porque me hace sentir viejo.
Eryn soltó una carcajada.
—¡Pero sí estás viejo!
Kael lo miró.
—Cuidado.
—¿Qué?
Kael sonrió.
—Todavía puedo golpearte.
Eryn se levantó.
—¡A ver!
Kael levantó lentamente una mano.
Eryn retrocedió inmediatamente.
—Bueno...
—¿Qué pasó?
—Tengo que irme.
Aren se estaba riendo.
—¡JAJAJA! ¡El hijo del Fundador tiene miedo!
—¡Cállate!
Kael simplemente sonrió.
Pero entonces...
Aren dejó de reír.
Su mirada se dirigió hacia Kael.
—Señor...
Kael lo miró.
—¿Sí?
—Mi padre siempre habla de usted.
—Espero que no diga demasiadas cosas malas.
Aren sonrió.
—Dice que usted era un loco.
Kael quedó en silencio.
Eryn se giró lentamente.
—¿Papá?
Kael suspiró.
—Aether tiene demasiada memoria.
Todos comenzaron a reír.
Incluso Kael.
Pero entonces...
La sonrisa de Kael desapareció.