El campo había quedado completamente en silencio.
Un millón de soldados.
Un millón de máscaras.
Y Kael permanecía de pie frente a aquella inmensidad.
Eryn todavía intentaba procesar lo que acababa de ocurrir.
—Papá...
Kael caminó unos pasos.
—¿Qué?
—¿Ya terminaste?
—Sí.
—¿Eso fue todo?
Kael miró hacia atrás.
—Por ahora.
Eryn soltó una risa.
—Eres imposible.
Kael sonrió.
Pero entonces se detuvo.
Miró nuevamente el campo.
—Ah.
Eryn levantó una ceja.
—¿Qué?
Kael chasqueó los dedos.
—Ya que...
Una sombra comenzó a extenderse detrás de él.
—...estamos aquí.
El cielo se oscureció.
Las nubes comenzaron a girar.
La tierra tembló.
Eryn retrocedió.
—¿Papá?
Kael levantó lentamente una mano.
—Salgan.
BOOOOOOOOOOM.
Dos enormes columnas de oscuridad atravesaron las nubes.
De ellas emergieron dos criaturas.
Dos dragones.
No eran dragones normales.
Sus cuerpos parecían construidos con oscuridad viva.
Sus ojos brillaban.
Sus alas cubrían una parte gigantesca del cielo.
Y sus rugidos hicieron temblar las montañas.
ROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAR.
Aren cayó sentado.
—No...
Liora miró hacia arriba.
—Eso no puede ser real.
Eryn estaba completamente paralizado.
—Papá...
Kael miró a los dos dragones.
—Cuánto tiempo.
Uno de ellos bajó la cabeza.
El otro abrió sus enormes alas.
Sus cuerpos eran tan gigantescos que, vistos desde lejos, parecían extenderse sobre una parte del continente.
Kael levantó una mano.
—Tengo trabajo para ustedes.
Los dragones rugieron.
Kael señaló el campo.
—Limpien.
Los dos dragones descendieron.
Sus cuerpos comenzaron a convertirse en enormes corrientes de sombra.
No destruyeron nada.
No hubo violencia.
Simplemente...
absorberían toda la energía residual del campo.
Las máscaras comenzaron a desaparecer dentro de aquella oscuridad.
Una tras otra.
Hasta que el enorme campo quedó completamente vacío.
Eryn observó aquello con la boca abierta.
—¿Acabas de sacar dos dragones gigantes solamente para limpiar?
Kael lo miró.
—También necesitaban salir a estirar las alas.
Eryn se llevó una mano a la frente.
—No puedo contigo.
Aren seguía mirando al cielo.
—¿Cuánto miden?
Liora respondió:
—No tengo idea.
Aren tragó saliva.
—¿Son más grandes que las montañas?
Kael respondió tranquilamente:
—Sí.
Aren lo miró.
—¿Y cuánto pueden crecer?
Kael sonrió.
—Nunca los he medido.
—¿Nunca?
—Me daba pereza.
Eryn soltó una carcajada.
—¡JAJAJA! ¡Ese es mi papá!
Los dragones regresaron lentamente.
Uno de ellos se acercó a Kael.
Su enorme cabeza quedó frente a él.
Kael extendió la mano y tocó su frente.
La criatura cerró los ojos.
—Descansen.
Los dos dragones comenzaron a convertirse nuevamente en sombras.
Entraron en los brazos de Kael.
Y desaparecieron.
Eryn se acercó.
—¿Siempre pudiste hacer eso?
Kael asintió.
—Sí.
—¿Y por qué nunca me lo mostraste?
Kael lo miró.
—Nunca preguntaste.
—¡¿Cómo iba a saber que tenías DOS DRAGONES DEL TAMAÑO DE UN CONTINENTE?!
Kael se encogió de hombros.
—Detalles.
Pero Kael ya no estaba sonriendo.
Miró hacia el lugar donde había desaparecido la mujer de ojos rojos.
—Ella era diferente.
Eryn lo notó.
—¿Fuerte?
Kael pensó.
—No lo suficiente para derrotarme.
—Entonces...
—Pero tampoco era débil.
Kael caminó hacia la ciudad.
—Tenía algo.
—¿Qué?
—Experiencia.
Eryn lo siguió.
—¿Crees que volverá?
Kael sonrió.
—Espero que sí.
—¿Por qué?
Kael se detuvo.
Sus ojos brillaron ligeramente.
—Porque hacía mucho tiempo que nadie conseguía llamar mi atención.
Eryn sonrió.
—Entonces quieres pelear con ella.
—Si demuestra que lo merece.
—¿Y si no?
Kael volvió a caminar.
—Entonces seguirá siendo aburrida.
Mientras tanto...
En una región desconocida...
la mujer de ojos rojos caminaba por un enorme corredor.
Una figura encapuchada la esperaba.
—¿Lo viste?
Ella sonrió.
—Sí.
—¿Y?
—Es mucho más interesante de lo que esperaba.
La figura permaneció en silencio.
—¿Podrías derrotarlo?
Ella soltó una pequeña risa.
—No.
—¿Te preocupa?
—No.
—¿Entonces?
Ella levantó la mirada.
—Me emociona.
La figura preguntó:
—¿Por qué?
La mujer respondió:
—Porque ese hombre todavía no está peleando en serio.
Silencio.
—¿Y cuando lo haga?
Ella sonrió.
—Entonces veremos qué tan cerca está realmente del nivel de Umbra.
La noche
Kael regresó a casa.
Lyra estaba esperándolo.
—Llegas tarde.
—Tuve un pequeño problema.
—¿Pequeño?
Eryn apareció detrás.
—Mamá, papá sacó sus dos dragones.
Lyra quedó inmóvil.
—¿Los dos?
Kael sonrió.
—Sí.
Lyra suspiró.
—Un día voy a descubrir cuántas cosas absurdas escondes.
Kael se sentó.
—Probablemente nunca.
Lyra lo miró.
—¿Por qué?
Kael respondió:
—Porque hasta yo olvido algunas.
Lyra dejó de sonreír.
Kael también.
Ambos entendieron que aquello no era una broma.
Los recuerdos.
Umbra.
La ciudad.
La mujer.
El ejército.
Todo parecía estar conectado.
Y Kael comenzaba a comprender algo.
Aquella no era simplemente una serie de ataques.