La noche había caído sobre Duskaria.
La ciudad dormía.
O al menos...
eso parecía.
Kael estaba sentado en el techo de su casa.
Lyra se acercó lentamente.
—Otra vez aquí.
Kael sonrió.
—Me gusta este lugar.
—Mentiroso.
Kael la miró.
—¿Por qué?
—Porque desde que apareció ese símbolo no has dormido.
Kael soltó una pequeña risa.
—Me conoces demasiado.
Lyra se sentó a su lado.
Durante unos segundos observaron las estrellas.
—Kael.
—¿Sí?
—¿Tienes miedo?
Kael tardó en responder.
—No.
Lyra lo miró.
—Entonces estás preocupado.
Kael sonrió.
—Eso sí.
—¿Por Eryn?
—Por todos.
Lyra apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Sigues intentando proteger a todo el mundo.
Kael miró el cielo.
—No siempre pude hacerlo.
Lyra levantó la mirada.
—Pero ahora sí.
Kael sonrió.
—Ahora te tengo a ti.
Lyra soltó una pequeña risa.
—Qué cursi.
—Funcionó.
—Un poco.
Kael la abrazó.
Y durante unos segundos...
el Fundador desapareció.
No había guerras.
No había demonios.
No había enemigos.
Solo Kael y Lyra.
Hasta que...
CRACK.
Kael abrió los ojos.
Algo había cambiado.
—¿Qué pasa? —preguntó Lyra.
Kael se levantó.
—Quédate aquí.
—Kael...
—Por favor.
Su tono era diferente.
Lyra asintió.
Kael desapareció.
El bosque
Eryn caminaba entre los árboles.
Había escuchado algo.
Un sonido extraño.
Como si alguien estuviera llorando.
—¿Hola?
Nada.
Siguió avanzando.
Entonces encontró a alguien.
Una niña.
Sentada junto a un árbol.
Eryn se acercó.
—¿Estás bien?
La niña levantó la cabeza.
Sus ojos eran completamente negros.
Eryn retrocedió.
—¿Qué...?
La niña sonrió.
—Tú eres Eryn.
Eryn se puso en guardia.
—¿Quién eres?
—No importa.
La niña se levantó.
—Quería conocerte.
—¿Por qué?
—Porque eres el hijo del hombre que no recuerda.
Eryn quedó inmóvil.
—¿Qué dijiste?
La niña extendió la mano.
Una sombra apareció.
—Tu padre olvidó algo.
Eryn dio un paso atrás.
—¿Qué?
La niña sonrió.
—A mí.
BOOM.
Una ráfaga oscura atravesó el bosque.
Eryn salió disparado.
—¡¿Quién eres?!
La niña desapareció.
Eryn se levantó.
—¡SAL!
Nada.
Entonces...
una voz apareció detrás.
—Eryn.
Se giró.
Kael.
—¡Papá!
Kael se acercó.
—¿Estás herido?
—No.
Kael miró alrededor.
—¿Qué pasó?
Eryn comenzó a explicar.
Pero entonces...
Kael se quedó inmóvil.
Miró el árbol.
Había una pequeña marca.
Una marca idéntica a la que había visto en sus recuerdos.
Kael se acercó.
Tocó la marca.
Y...
recordó.
No toda la escena.
Solo un segundo.
Una niña.
Un bosque.
Una voz.
Y una frase:
"Cuando llegue el momento, no confíes en nadie."
Kael retiró la mano.
Eryn lo observó.
—¿Papá?
Kael respiró profundamente.
—Vámonos.
—¿Qué viste?
—Nada.
Eryn frunció el ceño.
—Estás mintiendo.
Kael lo miró.
—Sí.
Eryn quedó sorprendido.
Kael continuó:
—Pero no porque quiera ocultarte algo.
—Entonces ¿por qué?
—Porque todavía no sé qué es verdad.
Mientras tanto...
En una fortaleza situada más allá de las fronteras...
Vhalor caminaba por un corredor.
Entró en una habitación.
El hombre de la máscara estaba sentado.
—¿Encontraste algo?
—Sí.
—¿Qué?
Vhalor colocó un fragmento de cristal sobre la mesa.
—Kael está recordando.
El hombre permaneció tranquilo.
—Eso era inevitable.
—¿No te preocupa?
—No.
—¿Por qué?
El hombre respondió:
—Porque no sabe qué recordar.
Vhalor sonrió.
—Entonces todavía tenemos ventaja.
—No.
Vhalor frunció el ceño.
—¿No?
El hombre levantó la mirada.
—Nunca tuvimos ventaja.
Silencio.
—¿Entonces?
—Solo estamos esperando.
La mañana siguiente
Eryn estaba entrenando.
Golpe.
Patada.
Magia.
Espada.
Otra vez.
Y otra.
Kael observaba desde lejos.
Lyra apareció a su lado.
—Está furioso.
—Lo sé.
—Se parece a ti.
Kael sonrió.
—Eso me preocupa.
Lyra soltó una risa.
—¿Por qué?
—Porque yo era bastante idiota.
—¿Eras?
Kael la miró.
—Oye.
Lyra comenzó a reír.
Eryn los observó.
Por primera vez en varios días...
sonrió.
Pero entonces...
una voz llegó desde la entrada.
—¡Kael!
Todos se giraron.
Aren apareció corriendo.
—Tenemos problemas.
Kael se levantó.
—¿Qué ocurrió?
Aren respiró profundamente.
—Encontramos algo.
—¿Qué?
Aren miró a Eryn.
—Una ciudad.
Kael frunció el ceño.
—¿Una ciudad?
—Sí.
—¿Y cuál es el problema?
Aren respondió:
—Está completamente vacía.
Kael permaneció inmóvil.
—¿Demonios?
—Ninguno.
—¿Elarim?
—Tampoco.
—¿Muertos?
Aren negó.
—Ese es el problema.
Kael lo miró.
—No hay nadie.
—¿Cómo que nadie?
—No hay cuerpos.
No hay sangre.
No hay destrucción.
Simplemente...
todos desaparecieron.
Kael quedó en silencio.
Eryn se acercó.
—Tenemos que ir.
Kael lo miró.
—Sí.
Eryn sonrió.
—Entonces vamos.