La noche había caído sobre Duskaria.
Eryn caminaba solo.
Llevaba horas sin regresar a casa.
La imagen de la marca no desaparecía de su mente.
La marca.
Los libros.
Los recuerdos.
Las historias.
Todo parecía encajar.
Demasiado.
—Entonces era verdad...
Apretó los puños.
—Mi padre realmente era ese hombre.
Una voz respondió desde las sombras.
—Ahora lo entiendes.
Eryn levantó la mirada.
El hombre de cabello gris apareció frente a él.
—¿Por qué sigues siguiéndome?
—Porque todavía tienes dudas.
—No.
Eryn negó.
—Ya no.
—¿Seguro?
—Sí.
El hombre sonrió.
—Entonces haz lo que todo hijo debe hacer cuando descubre que su padre es un monstruo.
Eryn lo miró.
—¿Qué?
—Enfréntalo.
Horas después...
La puerta de la casa se abrió.
Eryn entró.
Kael estaba sentado en la sala.
Esperándolo.
—¿Dónde estabas?
Eryn no respondió.
Kael se levantó.
—Eryn.
—Quiero pelear contigo.
Silencio.
Lyra apareció desde el pasillo.
—¿Qué?
Kael miró a su hijo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque estás enojado.
—Precisamente por eso.
—No vas a pelear conmigo estando así.
Eryn apretó los dientes.
—¿Tienes miedo?
Kael quedó inmóvil.
Lyra lo miró.
—Eryn...
—¡Quiero saber quién eres!
Kael suspiró.
—Ya te dije quién soy.
—¡MENTISTE!
Eryn liberó su energía.
El suelo comenzó a agrietarse.
Kael miró a su hijo.
Y por primera vez...
su expresión cambió.
No era ira.
Era tristeza.
—No quiero hacerte daño.
Eryn gritó:
—¡Entonces demuéstrame que no eres un monstruo!
Kael cerró los ojos.
Después...
levantó la mirada.
—Está bien.
Lyra abrió los ojos.
—Kael...
—No voy a pelear para demostrar que soy más fuerte.
Miró a Eryn.
—Voy a pelear para que entiendas la diferencia entre poder y odio.
El campo de entrenamiento
Los dos aparecieron lejos de la ciudad.
Aren, Liora y Selene llegaron poco después.
Aren estaba preocupado.
—¡Eryn!
Eryn no respondió.
Kael estaba frente a él.
Tranquilo.
Sin espada.
Sin armadura.
Sin aura.
Eryn apretó los puños.
—¿Eso es todo?
Kael sonrió.
—¿Qué esperabas?
—Al Fundador.
Kael inclinó ligeramente la cabeza.
—Ese hombre murió hace mucho.
Eryn cargó.
BOOM.
Su puño salió directo hacia Kael.
Kael lo esquivó.
Eryn giró.
Segundo golpe.
Kael volvió a esquivar.
Tercero.
Cuarto.
Quinto.
Kael no atacaba.
Simplemente observaba.
—¡DEJA DE ESQUIVAR!
Eryn lanzó una ráfaga de energía.
Kael desapareció.
La explosión iluminó el bosque.
Aren abrió los ojos.
—¿Dónde está?
Una voz apareció detrás de Eryn.
—Aquí.
Eryn giró.
Kael estaba detrás.
Le dio un pequeño golpe en la espalda.
Eryn salió disparado.
BOOM.
Atravesó varios árboles.
—¡Eryn! —gritó Selene.
Eryn se levantó.
Sangraba ligeramente por la boca.
Pero sonrió.
—Así que esto es...
el poder del Fundador.
Volvió a atacar.
Esta vez...
Su cuerpo comenzó a adaptarse.
Su velocidad aumentó.
Su fuerza aumentó.
Su técnica cambió.
Kael recibió un golpe.
Retrocedió unos metros.
Todos quedaron en silencio.
Aren abrió los ojos.
—Lo golpeó.
Liora susurró:
—Sí.
Eryn respiró rápidamente.
—¿Viste?
Kael miró su hombro.
Había una pequeña marca.
Sonrió.
—Bien.
Eryn frunció el ceño.
—¿Qué?
—Por fin dejaste de pelear como alguien que quiere demostrar algo.
Eryn atacó otra vez.
Kael bloqueó.
Esta vez...
CLANG.
El impacto hizo temblar el terreno.
Kael levantó lentamente la mirada.
—Ahora sí.
Eryn sintió un escalofrío.
La presión cambió.
El aire se volvió pesado.
El suelo comenzó a agrietarse alrededor de Kael.
Su aura apareció.
No era enorme.
No era explosiva.
Era peor.
Era silenciosa.
Oscura.
Antigua.
Eryn retrocedió.
—¿Qué...?
Aren dejó de respirar.
Liora quedó inmóvil.
Selene susurró:
—Esa...
esa es la presencia del Fundador.
Kael levantó la mano.
—Eryn.
—¿Sí?
—Recuerda esto.
Sus ojos brillaron.
—Yo no necesito demostrarte que soy la muerte.
Eryn apretó los dientes.
Kael desapareció.
BOOM.
Eryn recibió un golpe.
Después otro.
Después otro.
Kael no estaba intentando destruirlo.
Estaba demostrando una diferencia.
Técnica.
Experiencia.
Velocidad.
Control.
Eryn atacaba con todo.
Kael lo neutralizaba todo.
Cada movimiento de Eryn era leído antes de ocurrir.
Finalmente...
Kael apareció frente a él.
Eryn lanzó su último golpe.
Kael lo detuvo con una sola mano.
Silencio.
Eryn quedó paralizado.
Kael lo miró.
—Todavía te falta mucho.
Eryn intentó mover el brazo.
No pudo.
Kael lo soltó.
Eryn cayó de rodillas.
Kael permaneció frente a él.
—Puedes odiarme.
Puedes dudar de mí.
Puedes incluso marcharte.
Pero jamás permitas que alguien convierta tu dolor en odio.
Eryn levantó la mirada.
—¿Por qué no me atacaste con todo?
Kael sonrió.
—Porque eres mi hijo.
Eryn quedó completamente inmóvil.
Kael se dio la vuelta.
—Y porque...
miró el cielo.
—La muerte no puede morir.