Querido Evan:
«"Querido" sería demasiado cursi para él... ¿"Estimado Gray Allen"? Demasiado formal. Y patético.»
...
«Al diablo.»
Evan:
Llevo más de media hora intentando escribir esta carta. Igual que aquella vez que hacía los bocetos para mi proyecto, llené la papelera de borradores.
Supongo que debo empezar por lo obvio.
Hiciste algo muy peligroso. Predecir lo que no sé y dar lugar a falsas esperanzas.
Pude haberte dicho mucho. Pero nada pudo salir de mi boca. En su lugar, hablo conmigo mismo. Es peor. He pasado todas las vacaciones sin hacer nada, mirando el techo y recordándome que quisiera saber qué ves cuando me miras. Quisiera saber qué pasa dentro de tu cabeza porque a veces parece que te conozco mejor que a nadie y otras veces pareces un idioma que todavía no aprendo.
Soy consciente de que debería decirte esto en persona. Pero mi voz me molesta.
Pienso en ti día y noche. Casi más que ayer. Sin ti nada parece salir bien.
No me importa que pienses que soy dramático. O cursi. Lo soy. Lo acepto.
Solo dime algo.
¿Qué piensas?
¿Te arrepientes de algo de lo que hemos pasado?
¿Necesitas más espacio?
No pasa nada si es así. Al fin y al cabo, puedo esperar. Siempre lo hago.
Aunque a veces piense que nunca vendrás.
Siempre esperaré.
Por ti.
Quiero estar contigo todo el tiempo.
Quiero hablar hasta que nos quedemos dormidos.
Quiero compartir un espacio, una habitación y una cama.
Y es tan extraño lo mucho que te quiero.
Si te digo que te quiero, ¿sabrás que no es lo mismo que decírselo a nadie más?
Dicen que la ausencia hace arder el amor. No sé si es verdad. Solo sé que me duele.
Extraño las pequeñas cosas.
Extraño que seas lo primero y lo último que veo.
Extraño tus regaños cuando dejo cosas fuera de lugar.
Extraño cuando aparecías de la nada y casi me dabas un infarto.
Extraño saber que estabas ahí.
¿También lo extrañas?
Quiero que sepas que no te veo diferente después de tu llamada de anoche.
Después de todo esto, sigo pensando lo mismo:
Si estás despierto, espero que estés descansando.
Si estás triste, espero que alguien te escuche.
Si estás solo, espero que no te sientas solo demasiado tiempo.
Y si algo va mal, espero que me lo digas.
No porque tenga una solución. Nunca la tengo. Pero me gustaría intentarlo contigo.
Supongo que eso es lo que he estado intentando decir durante todas estas páginas.
No me molestaste tú.
Lo que me molesta es la distancia.
Las trece horas.
El silencio.
No saber qué estás pensando.
No saber si todavía quieres hablar conmigo.
Porque yo sí quiero hablar contigo.
Hazme un favor y dime si necesitas ayuda.
No sé cuánto podré esperar.
No sé por qué siento que se me acaba el tiempo.
No sé si tú sientes lo mismo. No sé nada. Y eso es lo que más me duele, no la distancia, no el silencio. La duda. Porque si supiera que no te agrado realmente, podría empezar a superarlo. Pero no lo sé. Y mientras no lo sé, no puedo hacer otra cosa que quedarme aquí, escribiendo cartas que quizá nunca te dé.
Aun así, intentaré esperar y esperar. Es todo lo que he estado haciendo desde que te conocí. Aunque sienta que cada vez que me esfuerzo, me atasco.